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domingo, 16 de mayo de 2010
Reportaje:Economía global

El día que la consola 'mató' a la mina

Pensilvania vira su economía de la siderurgia hacia sectores como los videojuegos

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El monocultivo económico tiene sus riesgos. Bien lo saben en Pensilvania. El acero y el carbón impulsaron durante buena parte del siglo XX al Estado donde se cocinó la declaración de independencia de EE UU. Sus minas y fundiciones cebaron el crecimiento de la sociedad industrial. La situación cambió con la primera crisis energética y el auge de los competidores extranjeros. La industria siderúrgica encalló, y con ella, la economía de la región. Un duro traspiés que, sin embargo, sirvió para emprender un camino necesario: la diversificación. Hoy día, las dos ciudades más importantes del Estado, Pittsburgh y Filadelfia, se enfrentan a la crisis en mejor situación gracias a su apuesta por actividades económicas como las finanzas, la salud, las energías renovables y la tecnología.

El negocio de los videojuegos crece a doble dígito y factura 41.000 millones

La elección de Pittsburgh como sede del G-20 ha dado alas a la región

Pensilvania tiene la sexta mayor economía de EE UU y es la decimoséptima potencia mundial, con un PIB que supera el medio billón de dólares. La crisis, obviamente, también está pasando factura a la región, cuyo PIB se contrajo un 0,7% en el ejercicio fiscal 2008-2009.

En este contexto, una de las industrias más pujantes de la zona es la de los videojuegos. La meca de este negocio sigue estando en California, pero un número cada vez más importante de empresas del ramo bien se han trasladado a la región o bien han sido lanzadas por emprendedores locales. Las universidades más importantes del Estado se han dado cuenta de que los videojuegos, además de una evasión para adolescentes y adultos, es un negocio que mueve mucho dinero. La Universidad de Pensilvania y Drexel, ambas en Filadelfia, y Carnegie Mellon, en Pittsburgh, ofrecen carreras vinculadas al mundo de los marcianitos, desde programación, diseño informático o tecnologías del entretenimiento.

En 2008, la facturación mundial de la industria de los videojuegos creció a doble dígito, alcanzando los 41.000 millones de dólares, mientras que las ventas de otros negocios vinculados al ocio como la televisión, el cine o la música sufrieron importantes caídas. Las empresas vinculadas al desarrollo de videojuegos dan empleo a cerca de 250.000 trabajadores en todo el mundo, y el sueldo medio del sector es de 70.000 dólares al año.

"El objetivo es retener el talento. Los programadores se suelen marchar a la costa oeste para empezar su carrera, pero muchos terminan volviendo porque la industria de los videojuegos en Pensilvania es cada vez más importante, el nivel de vida es mucho más moderado que en Silicon Valley y la atención sanitaria es de las mejores del país. Además, la situación geográfica de la región es privilegiada, al estar cerca de las principales capitales del Este, y el coste de constitución de una empresa es relativamente bajo", explica Donald M. Bonk, de la Universidad de Pensilvania.

En Pittsburgh, junto al río Ohio, se encuentra la sede del Entertainment Technology Center (ETC). Este centro educativo, perteneciente a Carnegie Mellon, está especializado en la formación de profesionales de la industria del entretenimiento, y en sus aulas confluyen perfiles tan diferentes como informáticos o expertos en bellas artes. Muchos de los proyectos de fin de carrera están financiados por empresas de tecnología como Microsoft, Google

EA... "Aquí no se habla en abstracto, sino que se construyen cosas concretas", explica Shirley Saldamarco, de ETC. Un recorrido por los pasillos y talleres de este moderno edificio haría las delicias de todo aficionado a las consolas. "Lo que más cuesta es convencer a los padres de que esta es una profesión de futuro y no un simple juego", se sincera Emily Skopic, una ex alumna que, junto con un compañero, ha fundado su propia empresa, Wildpockets.

Enfrente del edificio de ETC, al otro lado del río, estaba el vecindario donde vivían los trabajadores de las fundiciones de acero. Ahora esta zona se ha reconvertido en un pujante barrio comercial donde tienen su sede muchas pequeñas empresas de videojuegos fundadas por alumnos de la universidad. Una de estas compañías es Silvertree Media, entre cuyos clientes se incluye Disney. "La ciudad ha cambiado mucho. La elección de Pittsburgh como sede de una de las cumbres del G-20 es un reconocimiento a esa transformación", explica Ben Smith, director creativo de Silvertree Media.

A una hora de vuelo de la aún conocida como steel city (ciudad del acero) se encuentra Filadelfia. Una de las universidades de la capital, Drexel, ofrece el tercer mejor programa de diseño de videojuegos de EE UU, según The Princenton Review, tras la University of Southern California y el DigiPen Institute of Technology. "¿Por qué es clave desarrollar una industria propia en este sector?", se pregunta de forma retórica el profesor Frank Lee durante un encuentro con periodistas internacionales. "Nos encontramos en la era dorada del software aplicado al entretenimiento. Cada día aparecen nuevos soportes para jugar y ya no se trata sólo de un mercado para adolescentes", argumenta. -

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