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"Haré huelga hasta volver a El Aaiún o hasta la muerte"

La saharaui Aminatu Haidar lleva cuatro días de ayuno y duerme bajo una marquesina de autobús en Lanzarote

Hace una semana, Aminatu Haidar recibía en Nueva York el premio Civil Courage, pero ayer dormía bajo una marquesina de autobús en el aeropuerto de Lanzarote. Ambos hechos, en apariencia antagónicos, son consecuencia de su lucha pacífica por la autodeterminación de la ex colonia española del Sáhara Occidental.

Haidar lleva cuatro días en huelga de hambre en el aeródromo canario. Los turistas observan con curiosidad a esta mujer de aspecto sereno, envuelta en una llamativa túnica, que atiende a sus partidarios sentada sobre una colchoneta. Varios carteles proclaman su biografía: "Premio Robert F. Kennedy a los Derechos Humanos 2008, Silver Rose Award 2007, Premio Juan María Bandrés, nominada para el Nobel de la Paz". Nada dicen esas pancartas de cuando estuvo "desaparecida" en prisiones secretas de Marruecos (de 1987 a 1991) o de su cautiverio de siete meses en la Cárcel Negra de El Aaiún (2005).

La policía marroquí le quitó el pasaporte y la metió en un vuelo a la isla canaria

Con voz apagada por la dieta de agua y azúcar, Haidar -de 42 años, divorciada y con dos hijos- relata su rocambolesca historia. Todo comenzó el viernes, cuando aterrizó en El Aaiún. Los policías marroquíes la sacaron de la fila de pasajeros que iban a pasar el control de entrada, le retiraron su pasaporte y sus dos teléfonos móviles y la interrogaron durante horas. Al día siguiente, la llevaron en volandas a un avión español de la línea Canary Fly. "Vas a España y nunca volverás a vivir aquí. Allí estarás mejor", le dijo con sorna el comisario Fal-lah.

Una hora más tarde aterrizaba en Lanzarote. Durante 20 minutos, Haidar se negó a bajar del avión. Pero los agentes españoles la hicieron entrar en el aeropuerto. Había caído en una ratonera: no podía volver a El Aaiún y, privada de pasaporte, tampoco podía salir de España. Haidar asegura ser víctima de un compló tejido por las autoridades marroquíes y españolas. Menciona la orden telefónica que, en su presencia, recibió el piloto de Canary Fly para embarcarla sin pasaporte. Alude a una frase del jefe de la Dirección de la Seguridad del Territorio, señor Rmeid: "El Ministerio español de Exteriores está informado". Y recuerda que el policía que la instó a bajar del avión en Lanzarote sabía que ella tenía un permiso de residencia español.

Todo esto lo relata Haidar con un hilo de voz. La conversación es interrumpida por personas que se acercan a mostrarle su solidaridad y por el flujo incesante de mensajes de móvil y de correo electrónico, que ella sigue en un ordenador portátil. Pero, a medida que cae la noche, aumenta la tensión entre los incondicionales que la rodean. A las doce en punto se cierra el aeropuerto, y todo el mundo debe abandonar las instalaciones hasta las cinco de la mañana del día siguiente. Hace dos días hubo forcejeos con los agentes encargados del desalojo.

Un coronel de la Guardia Civil se interesa por su estado de salud, y la invita a irse al aeropuerto de Gran Canaria, que no cierra de noche. Ella no acepta. A las doce menos cuarto, los reunidos cargan sus pertrechos en carritos y salen del edificio. Haidar camina muy despacio, apoyada en otra mujer. Un saharaui barre el suelo bajo la marquesina de autobús, otros tienden la colchoneta sobre la acera y preparan la cama. Haidar se arrebuja entre mantas. ¿Así, hasta cuándo? "Seguiré en huelga de hambre hasta que el Gobierno español me devuelva a mi casa o hasta la muerte".

[Una delegación del Secretariado Nacional del Frente Polisario y representantes de Exteriores abordaron ayer la situación de Haidar, informa Europa Press. El Frente Polisario emitió después un comunicado denunciando que fue admitida en España "contra su voluntad" y reclamó a España que facilite su regreso a El Aaiún].

Facilitar la llegada

Aminetu Haidar no fue trasladada a España por la fuerza, sino que el Gobierno español "ha facilitado su llegada para ofrecerle el mejor tratamiento médico". Esa es la explicación que dio ayer Miguel Ángel Moratinos en la cadena SER. El ministro afirmó: "Le pedimos a la dirigente saharaui, que ha sido acogida con todas las garantías, que tiene una tarjeta de residencia legal que se le permite llevar a cabo todo tipo de declaraciones, incluso de críticas, que nos facilite la tarea". Moratinos continuó: "Cuando se tiene una tarjeta legal, tiene uno que agradecer al país que le acoge. Y pensar lo que dice. Porque lo que dice de complicidad, de traición... Eso lo tendrá que valorar antes de decirlo, de que la hemos secuestrado en España". El ministro recordó que hoy tiene previsto viajar a Marruecos con los Príncipes y que abordará este asunto con su homólogo marroquí, Taib Fasi Fihri.

Amnistía Internacional y otros organismos condenaron ayer lo sucedido.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 19 de noviembre de 2009

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