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sábado, 31 de octubre de 2009
Necrológica:

Ernst Schenider, fundador del grupo Oettinger Davidoff

Convirtió la empresa de tabaco en una marca de lujo

Su primer trabajo en el negocio del tabaco fue como yerno, como reconoció en alguna ocasión, pues se casó con la hija del propietario de la compañía Max Oettinger. Pero para Ernst Schenider entrar en el negocio por lazos familiares tan sólo fue un estímulo más para llegar a convertirse en el fundador de Oettinger Davidoff, un prestigioso grupo dedicado al tabaco que dirigió con determinación durante 40 años, expandiéndolo a nuevos mercados e incorporando el nombre de Davidoff a accesorios de lujo. Schenider falleció el 13 de octubre a los 88 años, tras una breve enfermedad.

Nacido en Basilea (Suiza) en 1921, sus inicios profesionales poco tuvieron que ver con el mundo de los cigarros, los puros y el lujo. Doctorado en Derecho, durante la II Guerra Mundial trabajó como delegado de la Cruz Roja suiza organizando la ayuda médica en los campos de concentración. Esta experiencia le marcó profundamente, como aseguró en una entrevista para Cigar Aficionado. "Fue la mejor experiencia que tuve en mi vida. Creí que era muy importante con un doctorado en Derecho, pero, cuando vi toda esa miseria y a aquellas personas, me convertí en alguien más modesto y agradecido por lo que tenía. Era feliz sólo con poder ayudar".

Crear una multinacional

A finales de los años cuarenta se cruzó en su camino la mujer con la que compartió toda su vida, y por ella su profesión dio un vuelco. Desde 1949 trabajó en la empresa dirigida por su suegro, dedicada desde 1875 al negocio de la importación y exportación de tabaco. Pronto lo sustituyó en la dirección, con la idea de convertir la compañía en la número uno del sector. El paso definitivo fue la compra en 1970 a Zino Davidoff, al que conocía de su época en Ginebra, de su tienda especializada en tabaco por un millón de dólares. Mucha gente le llamó loco, pero tenía las cosas claras y quería llegar a crear una gran multinacional del tabaco. "Siempre utilizo tres puntos importantes como significado de éxito", explicó: "El primero: calidad y precio tienen que ir juntos. El segundo: la idea tiene que ser clara. Y, por último: un buen sistema de distribución. Así tienes una marca de lujo con éxito", dijo.

Y lo consiguió, aplicando a los cigarros de Oettinger Davidoff conceptos clave como "exclusividad", "placer" y "joie de vivre" (alegría de vivir), o con medidas estratégicas como romper con el régimen de Fidel Castro y cambiar la sede de producción de Cuba a la República Dominicana. Aunque antes tuvo que proteger el nombre Davidoff, utilizado en productos ajenos a la marca. En España, por ejemplo, existían vinos y helados Davidoff.

Como buen hombre de negocios, planeó con gran previsión su sucesión. Hace algunos años traspasó la empresa a sus dos hijas mayores. Después se dedicó a su mujer y a jugar al tenis -algo que hizo hasta poco antes de caer enfermo-. Así, esta sociedad presente en 120 países y con más de 50 tiendas por el todo mundo sigue siendo una empresa familiar.

Ernst Schenider, en su oficina de la multinacional Oettinger Davidoff.

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