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Aires de cambio literario

Acuñado por afroamericanos que estaban hartos de que no hubiera manera de hablar de su trabajo artístico sin que se aludiera al color de su piel, el término "posnegritud" puede servir como carta de presentación de la era Obama. No es que se haya superado el racismo, sino que se ha entrado en una fase, que algunos caracterizan como posracial, en la que se han sentado las bases de un nuevo sistema de relaciones entre los distintos grupos que componen el tejido social norteamericano. Los artistas de la posnegritud buscan algo tan sencillo como la invisibilidad: que la valoración de lo que hacen no esté mediatizada por su identidad. Por otra parte, los artistas de la pos negritud afrontan su situación con una seguridad y un desenfado que no se daban antes.

Con Obama, las letras de Estados Unidos ingresan en una era posracial

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Lo que sigue no es más que una selección, bastante personal, de nombres que reflejan en el ámbito de la literatura lo que supone para Estados Unidos tener un presidente posnegro. Para empezar, Una bendición, la última novela de Toni Morrison, publicada tres semanas después del triunfo electoral de Obama, una sobria narración sobre la esclavitud ambientada en el siglo XVII. A los epígonos de Morrison les preocupan otras cosas. En La larga caída, Walter Mosley da vida a Leonid McGill, detective posnegro adaptado a las circunstancias del siglo XXI. Man Gone Down, debut novelístico de Michael Thomas (1970), obra de gran rigor y ambición, afronta la cuestión étnica en el seno de una familia multirracial. Thomas acaba de obtener el prestigioso Premio IMPAC-Dublín, dotado con 100.000 euros, al que optaban Philip Roth, Doris Lessing, Joyce Carol Oates y Junot Díaz, entre otros. Dos autores de origen nigeriano que han irrumpido con fuerza en el panorama de la literatura norteamericana son Chimamanda Ngozi Adichie (1977) autora de La mitad de un sol amarillo, novela traducida a 30 idiomas, y el jovencísimo Uzodinma Iweala (1982), quien nos proporciona una crónica desgarradora sobre los niños soldados de África en Bestias de ninguna nación.

Tres nombres clave: Richard Price, cuyo Clockers llevó a la pantalla Spike Lee, acaba de publicar su séptima novela, la excelente Lush Life. Un año después de ganar el Premio Nacional del Libro con Árbol de Humo, Denis Johnson, decano de los narradores posblancos, se ha descolgado con ¡Que nadie se mueva! un pos thriller concebido en el espíritu de Chandler, Hammett... y Tarantino.

Posnegro y posblanco a la vez, autor de letras enigmáticas de una belleza desolada, Tom Waits aparece en esta lista no como escritor, sino como objeto de una biografía no autorizada, firmada por el rockero de las letras Barney Hoskyns. A continuación dos obras inusuales. Clancy Martin, ex-joyero, profesor de filosofía y traductor de Nietzsche y Kierkegaard, debuta como escritor con Cómo vender una novela, historia de la pérdida de la inocencia de un adolescente en un entorno implacable. En Nocturna, escrita al alimón con el negro (en el sentido de autor en la sombra, aunque esta vez firma) Chuck Hogen, el cineasta Guillermo del Toro, nos cuenta una de posvampiros neoyorquinos.

Todos los escritores que menciono a continuación nacieron en la década de los sesenta: Colson Whitehead, autor de El coloso de Nueva York, recrea en Sag Harbor, novela que ha merecido el elogio unánime de la crítica, un lugar de veraneo favorecido por la clase media negra.

Dos autores de origen europeo afincados en Estados Unidos que casan a la perfección con el espíritu de la era Obama son Aleksandar Hemon y Colum McCann. Tras El proyecto Lazarus, novela que radiografía la América capaz de incurrir en monstruosidades como Abu-Ghraib, el bosnio Hemon vuelve por los fueros de la narración breve en Del amor y otros ostáculos. En su mejor novela hasta la fecha, el dublinés McCann, en Let the Great World Spin, nos narra Manhattan desde la cuerda que tendió Philippe Petit entre las Torres Gemelas.

En la lista no puede faltar el propio Obama. Sugiero Sueños de mi padre (1995) evocación de sus orígenes raciales y su historia familiar. Para terminar, un libro recomendado por el presidente: Netherland, del irlandés neoyorquino Jospeh O'Neill, una de las mejores novelas publicadas en Estados Unidos en 2008.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 1 de agosto de 2009