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Entrevista:AQUÍ, UNOS AMIGOS

Fernando Trueba: "No hay que dejarse esclavizar por el propio corazón"

Concha Buika: "Pero es que el corazón sólo bombea sangre"

Fernando Trueba, cineasta (Madrid, 1965). Escogió charlar con Concha Buika, cantante, mallorquina, de ascendencia guineana (Palma, 1972). Ella es la intérprete de Mi niña Lola, que arrasa. Se embelesaron el uno al otro. Él con su mirada fugaz, ella con su risa generosa. Bebieron ron y cerveza, en la casa de Fernando. Era casi medianoche.

Fernando. ¿Te sientes mallorquina?

Concha. Yo no me siento, me vivo. Creo que es un hobby lo de sentirse un poco jovial.

Fernando. Es una afición rara.

Concha. Hay que jugar a sentirse a todas, hombre.

Fernando. Cuando me pidieron que buscara a alguien con quien conversar me acordé de cómo comenzaste un concierto en Madrid: "Se lo quiero dedicar a las dos personas que más quiero en este mundo: mi marido y mi mujer". Me pareció grandioso. ¡Si hubiera tenido cohetes los habría disparado, y habría tocado el tambor! Me pareció de las cosas más hermosas que he escuchado. El Papa estuvo en España y reiteró la importancia del matrimonio entre un hombre y una mujer. Yo pienso que la familia está en extinción, al menos como la piensa el Vaticano...

Concha. Yo creo que el hombre está condenado al matrimonio con su propio latido, más que con el latido de otra persona. La comunión, el bautismo, el matrimonio: pero consigo mismo. La única dictadura que una persona debería soportar es la del latido propio.

Fernando. Que ya es mucho.

Concha. Es una dictadura real. Uno acepta las dictaduras reales.

Fernando. Pero habría que rebelarse también contra esa.

Concha. Una hace lo que puede.

Fernando. Pero no habría que dejarse esclavizar por el corazón.

Concha. El corazón tan sólo bombea sangre. Es una dictadura que acepto de buen grado. Siempre tendemos a verbalizar las cosas, y nos inventamos un lenguaje propio con cosas que oímos de aquí y de allá. ¡Nos inventamos una torre de Babel, con lo del latido, con lo del amor!...

Fernando. Me ha fascinado un libro de un antropólogo chino, que descubrió que en una tribu del sudeste asiático, la tribu Na, no existía la palabra padre, ni existían los celos. Él hablaba de los celos y los Na le miraban como si estuviera hablándoles de un animal mitológico. Entonces pienso si no será que esta civilización nuestra ha sido inventada por el Vaticano y por Hollywood. ¡Las relaciones humanas podrían ser más divertidas, más abiertas, más libres!

Concha. ¡Lo son, pero la gente no se da cuenta!

Fernando. En el avión venía leyendo un artículo de un biólogo norteamericano que hablaba de la sexualidad de los animales, y explicaba las orgías gay de los machos jirafas, y arremetía contra Darwin. ¡Los machos jirafa son unos maricones tremendos, y las macacos japonesas son lesbianas! ¡Y los primates más cercanos a nosotros hacen duelos de penes, como si hicieran esgrima, y tienen unas eyaculaciones impresionantes! Yo no creo ni en la homosexualidad ni en la heterosexualidad, y ves por ahí a los animales, felices, y sin psiquiatra.

Concha. En África ves a las muchachitas que salen y si no ligan lo hacen entre ellas; y no reconocen la palabra homosexual, no saben lo que es el lesbianismo, ni entienden nada de todo eso. Y todas tienen sus hijos y el marido no existe.

Fernando. El marido es un donante de esperma.

Concha. Hay que tener sexo y amor, sí; tenemos una función biológica muy fuerte, que consiste en dejar el esperma allí donde se pueda. ¡La especie humana es de las pocas donde los machos follan tanto! Y si eso es así, ¿por qué ese señor que dice que es mi marido no se va a donar esperma por ahí? Yo tengo una función conmigo misma, que es la de realizarme como artista; lo del amor es un premio. Creo que la vida de uno mismo ya cansa, imagínate soportar la de otro. El amor va por otros derroteros: es un disfrute.

Fernando. La humanidad se jodió el día en que Moisés se subió a un monte y bajó cargado de leyes. ¡Esas leyes lo que hicieron fue legislar la intimidad de la gente a niveles que el Gobierno más totalitario no se hubiera atrevido! ¡Como no encendieron el fuego con esas leyes!

Concha. Sí, ¿pero qué estaban haciendo cuando llegó Moisés? Estaban follando, bebiendo, de puta madre, y diciendo: "¿Cómo hemos seguido al tonto este?" Y el tonto legisla, era el camino fácil. Moisés que les dice: "No debes follar, no debes tocarte". Tu amigo Moisés.

Fernando. ¡Enemigo! ¡Soy enemigo de todas las religiones! Si hubiera que definir el mal, yo diría que el mal es el puritanismo. La inmoralidad más grande que existe es el puritanismo, no existe nada que vaya más contra la vida, contra el ser humano. Es lo más sucio, lo más feo que existe.

Concha. Es cierto. Es increíble la capacidad que tenemos de acercarnos al dolor. Un animal ve humo y se larga. Pero es fascinante el ser humano, tan masoquista.

Fernando. Para putearse. ¿Y no hay animales masoquistas?

Concha. Los perros no son masoquistas. Lo que es ridículo es el ser humano que se acerca a la muerte con miedo. Se viene a vivir, y cuando se va a morir se muere. Hay que vivir con gusto. ¿Qué la caricia da placer? Pues a gozar, aquí hemos venido a jugar, y quien no ha venido a jugar que se encierre con sus propias leyes. Que sufra, que disfrute de sufrir...

Fernando. Pero es que el disfrute favorito de mucha gente es no dejar jugar a los demás. El gendarme que lleva dentro la mitad del género humano sólo se divierte prohibiendo cosas a los demás, en vez de prohibírselas a sí mismos.

Concha. Los demás dan por hecho que uno también acepta esas prohibiciones.

Fernando. Tiras una piedra y sale un Acebes...

Concha. Pero España es un país con opciones: entran los miedos si tú les das permiso. Pero siempre tienes la opción de decir no. Cuando tú tocas el cielo con la yema de los dedos, nada te importa nada.

Fernando. Cantas copla, jazz, flamenco. ¿Qué es lo que más te gusta cantar?

Concha. Me gusta contar. ¡Y es que yo canto fatal! Cuando canto tengo hambre, 150 mil años de misterio, está dentro de mí. Lo vivo como algo orgánico.

Fernando. Es tu ser.

Concha. No sabría separar una nota de una palabra, duelen igual, satisfacen igual. Qué que me parece Trueba, me preguntan estos de EL PAÍS. Muy lindo, Trueba es muy lindo.

Fernando. Un bizco madrileño.

Concha. Bizco es el que tiene los ojos pa dentro. Tú tienes mirada fugaz.

Fernando. Yo soy estrábico. Decía uno en mi barrio: "Tú tienes un ojo que mira contra el Gobierno". Y contra la Iglesia. Cuando mi padre me llevaba a misa me entraban siempre unas ganas de cagar horribles. Cuando salía me decía: "¡No me lo vuelvas a hacer!" Y no lo podía remediar.

Concha. Yo estuve cantando en un coro; fui a la Iglesia hasta los dieciséis años. Mi mamá iba para monja cuando conoció a mi padre. En Guinea estábamos colonizados por la iglesia y por el Estado a la vez.

Fernando. Un tío mío fue de misionero a Liberia. Acabó enamorándose de una monja. ¡En África descubrió que había más cositas!

Concha. ¿Por qué odias tanto a la Iglesia?

Fernando. Porque de pequeño me daban con ella todo el rato. No es odio; odio todo lo que limita, odio dar órdenes.

Concha. La gente tiene la necesidad de que le imponga algo.

Fernando. Cuando la religión es la creencia íntima de una persona es otra cosa. Pero las religiones han hecho mucho daño al ser humano. Vendiéndoles que les iban a ayudar a morir, se hicieron cargo de la vida de la gente.

Concha. Si aceptas el nacimiento debes aceptar la muerte. Se meten conmigo porque no me apenan situaciones jodidas. ¡Pero es que somos seres humanos, el joderse forma parte de mi idiosincrasia, y no me voy a sentir mal si alguien se jode! Es normal.

Fernando. Cuando a uno le duelen las muelas escribe una tragedia de Shakespeare.

Concha. Es verdad.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 31 de agosto de 2006