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domingo, 27 de marzo de 2005
Reportaje:

El poder chino en España

Ya no son una minoría discreta, cerrada y silenciosa, aunque siguen rodeados de estereotipos. No constituyen la comunidad extranjera más numerosa de España, pero los cerca de 100.000 chinos que trabajan en nuestro suelo tienen peso económico y comienzan a gozar de influencia

Hong Guang Yugao es un joven empresario chino. Tiene 34 años y un rostro afable propenso a la sonrisa, así que, cuando afirma que no hay chinos en los cementerios españoles, parece que va a contar un chiste. "Bueno", rectifica entre risas, "creo que hay 30 tumbas en un cementerio de Getafe". Hong Guang sabe que ése es uno de tantos estereotipos sobre la comunidad china en España, según el cual oscuras mafias hacen desaparecer el cuerpo de un fallecido, pero no su pasaporte, que es inmediatamente utilizado por los vivos. Así que esa anormalidad demográfica (los chinos no mueren) tiene una sencilla explicación. De ahí su sonrisa: "Los chinos, cuando envejecen o enferman, regresan a China. Aquí sólo quedan los jóvenes".

Los mayores de 65 años apenas suponen un 2% del total de miembros de la comunidad china en España. Este dato explica por sí mismo por qué hay tan pocas defunciones en este colectivo

Un tercio de estos inmigrantes asiáticos están dados de alta en la Seguridad Social como autónomos. 13.000 chinos son empresarios y punta de lanza de una comunidad cada vez más importante

No le falta razón. Las últimas estadísticas señalan que residen legalmente 66.486 chinos en España, a quienes hay que sumar otros cerca de 5.000 que poseen la nacionalidad española. Habrá entre 80.000 y 100.000 chinos incluyendo los ilegales, concuerdan diversos autores. La estructura de esta población es muy curiosa: la proporción de menores de 15 años es semejante al promedio español (17%), pero los mayores de 65 años apenas suponen un 2% del total. Este dato explica por qué sufren tan pocas defunciones en España.

La comunidad china quizá no tenga el peso demográfico de otras nacionalidades. Sus cifras están lejos de los casi 350.000 marroquíes legales y los más de 200.000 ecuatorianos, por poner dos ejemplos, pero su peso económico empieza a ser más que interesante. La población china dejó de ser una minoría invisible por un aspecto que la diferencia del resto de migraciones: un tercio de los inmigrantes chinos están dados de alta en la Seguridad Social como trabajadores por cuenta propia, es decir, como autónomos. Y puede afirmarse que unos 13.000 son empresarios y, además, especialmente dinámicos.

Cocinero antes que empresario

El propio Hong Guang Yugao es un prototipo de emigrante chino en España: tras haber llegado al país para trabajar como camarero, es ahora propietario de dos restaurantes en sendas poblaciones de la sierra madrileña. Ahorró lo suficiente durante tres años para montar su negocio: sin apenas descanso, cada día se levantaba a las seis de la mañana para recibir clases de español. Luego, le esperaba una jornada completa en el restaurante. Y eso para un chino significan más de 12 horas de trabajo al día y muy pocos días de descanso al mes.

Hong Guang Yugao domina el castellano, y eso le permite servir de intérprete con Song Hua Xu, presidente de la Asociación de Chinos en España, empresario de 56 años, dueño de restaurantes, agencias de viajes y tiendas de productos alimenticios. Song Hua también fue cocinero en un restaurante. Se expresa en chino. Antes de hablar escribe unos números sobre un papel para asegurarse de que su memoria no le falle: "Hay 4.000 restaurantes chinos en España, 3.200 tiendas de todo a cien, 1.500 establecimientos de frutos secos, 600 almacenes mayoristas, 80 tiendas donde se vende exclusivamente comida china, 200 talleres textiles y 120 establecimientos de revelado de fotos. También hay un número menor de establecimientos como peluquerías o tiendas de ordenadores.En total habrá más de 10.000 empresas. No tenemos paro. Buena parte de las empresas están formadas por dos personas. Tenemos muchos empleados españoles".

Song Hua describe con esos números una realidad socioeconómica que se ha consolidado en poco tiempo, puesto que España y China fueron dos regímenes políticamente antagónicos durante los 40 años de dictadura franquista, periodo en el que apenas hubo intercambio comercial entre ambos países. La población china se multiplicó por seis en España entre 1991 y 2001. En tres años más se ha doblado: ahora hay 10 veces más chinos que hace 13 años. Casi la mitad se reparte entre Madrid y Barcelona. Otra característica es que casi el 80% procede de la misma comarca, Qingtian, perteneciente a la provincia de Zhejiang, situada al sureste de China, donde dicen que nueve de cada diez partes son montañas.

La inmigración china creció de forma muy discreta durante unos años. Los restaurantes empezaron a proliferar en muchas provincias españolas y, con ellos, cambiaron algunos hábitos de consumo: las familias españolas encontraron en el rollito primavera y en el arroz tres delicias una fórmula de comida barata. La comunidad china no demandaba servicios de los hospitales públicos, sindicatos o departamentos sociales, ni interponía denuncias ante la policía o solicitaba créditos en los bancos, porque el dinero para sus inversiones procedía de préstamos familiares que se hacen sin interés y se convierten en una especie de deuda de honor. "En los programas sociales destinados a la inmigración extranjera promovidos por el Estado español, los inmigrantes chinos son los grandes ausentes", escribe Gladys Nieto, experta en la inmigración asiática.

"Los chinos forman un colectivo cerrado, donde la familia es el eje: la familia te protege y te presta el dinero. Son muy emprendedores y llegan con la obsesión de establecer un negocio, por lo que quedan en un segundo plano otros elementos de integración o formativos", explica Lluís Torrent, experto en migraciones de Comisiones Obreras. "Dedican muchas horas al trabajo y apenas tienen tiempo para comunicarse o hacer vida social. Eso a veces facilita la actividad de los mafiosos, los casos de explotación y que impere en ese colectivo cierto miedo al exterior".

"El restaurante fue el icono de la presencia china en España", sostiene Joaquín Beltrán, profesor de estudios de Asia Oriental en la Universidad Autónoma de Barcelona. "El restaurante satisfacía su ideal de empresa familiar: la familia era la propietaria y utilizaba a sus miembros como fuerza de trabajo básica. Una vez alcanzado el punto de saturación, ante la llegada de nuevos inmigrantes, fue necesario invertir en otros sectores. Llegaron los talleres textiles y las empresas de importación-exportación. Finalmente, se ha observado el rápido aumento de mano de obra en la construcción o en la industria agroalimentaria. Es decir, hemos llegado al punto en el que empiezan a emplearse en el mercado laboral general".

Leyendas y estereotipos

De su silencio se desprendió una imagen amable, sinónimo de comunidad cerrada pero poco conflictiva. De su escasa integración nació una leyenda repleta de estereotipos: se daba por supuesto que eran explotados por mafias, que fomentaban pequeños negocios para el blanqueo del capital, que se aprovechaban de la piratería y la falsificación. A primeros de los noventa, la prensa publicó varias noticias sobre crímenes y secuestros en la comunidad china. Más tarde han sido frecuentes las informaciones sobre talleres clandestinos y delitos de piratería industrial. Esas informaciones comenzaron a dañar su prestigio.

Y se produjo una reacción. Algunos empresarios empezaron a movilizarse y fomentaron la fundación de asociaciones. "Comenzaron una labor política de acercamiento a las administraciones públicas con el objetivo de atender al daño de la imagen de su colectivo. Hubo una relación más estrecha con la policía, profundizaron sus contactos con periodistas locales, aumentaron su participación en foros públicos", escribe Gladys Nieto, quien señala que en poco tiempo surgieron 32 asociaciones de chinos en España. Pero tenían otra finalidad, según Nieto: "Son más un vehículo de incremento del prestigio para sus líderes y miembros que instrumentos de asistencia para los sectores más desfavorecidos entre estos inmigrantes".

Nieto apunta una relación estratégica entre dichas asociaciones y la Embajada china: "Las asociaciones que tienen actualmente una mayor visibilidad entre las administraciones públicas españolas son aquellas que han sido apoyadas por la Embajada y adoptan una línea prooficialista. Lo que buscan es incitar a los empresarios a invertir en la madre patria".

El perfil de la comunidad china cambió como consecuencia de su progreso. Aparecieron comercios para consumo interno. Se produjo una concentración de establecimientos en barrios de Madrid y Barcelona, como es el caso de Lavapiés y El Fondo, en Santa Coloma de Gramanet. Aumentó su presencia en polígonos industriales como el Cobo Calleja, en Fuenlabrada (Madrid), o el del calzado en Elche. Hoy día circulan cuatro periódicos, dos en Madrid y dos en Barcelona, para su distribución entre la propia comunidad. "En ellos se ofrecen noticias de China junto a informaciones que afectan a su vida en España, tales como los trámites para obtener el carné de conducir, regularizar su residencia, legislación del pequeño comercio, etcétera", explica María Jesús Alonso, relaciones públicas de la empresa China International Media, SL, editora de dos periódicos chinos en España: La Voz de China y Chinalia Times.

Esta expansión ha tenido un doble efecto. Por un lado, su presencia se ha hecho visible. Por el otro, ciertos sectores del empresariado español critican que el progreso de los chinos está relacionado con el comercio pirata y un trato poco escrupuloso de la legislación laboral y mercantil. Reflejo de este sentimiento fue el brote racista sucedido el pasado mes de septiembre, cuando fueron quemadas varias naves de calzado en Elche.

"Podríamos hablar de tres fases en el comportamiento de la emigración china", dice el experto Sean Golden. "Una primera es la llegada de familias chinas y la instalación de sus pequeños negocios. En una segunda fase, ciertos negocios se saturan y buscan otra inversión: como tienen capital, compran empresas locales. En la tercera fase empiezan a hacer negocios con China".

Joaquín Beltrán es de la misma opinión: "Son muy dinámicos. Han evitado la desaparición del pequeño comercio en algunos barrios de las grandes ciudades donde los españoles no teníamos recambio generacional para hacerlo. En ese sentido, ya están creando riqueza para España. Las fases se han acortado y ahora tienen capacidad para grandes inversiones. Una parte del capital se reinvierte en España y la otra va a China, en el sector inmobiliario o en el de la Bolsa. Los chinos de ultramar se han convertido en el gran sector que invierte en China".

Es el caso de Chen Diguang, dueño de la mayor cadena de restaurantes chinos en España: su padre y su tío viajaron con el Circo Chino por España durante los años setenta. Dos de sus cinco hijos han nacido y se han formado en España. Dos veces al año visita China, donde tiene intereses inmobiliarios. Reconoce que el Gobierno de Pekín se preocupa por sus emigrantes y les pide invertir en su propio país. Diguang está orgulloso de que el primer ministro conozca su nombre. "Mao dijo que la felicidad verdadera es la que te ganas con tu mano. Esa frase me grabó de pequeño", sostiene.

Intercambio de negocios

La comunidad china, por tanto, ya no es tan discreta, y comienza a ser influyente. Por ese motivo, los sucesos de Elche preocuparon especialmente a las autoridades económicas españolas: no era una buena tarjeta de visita para hacer negocios en China, convertida en el cliente favorito de Occidente. "El papel de estos empresarios en el comercio exterior español debería ser reconocido", sostiene Joaquín Beltrán, "al mismo tiempo que se podrían explotar mucho más las posibilidades que ofrecería su intermediación ahora que estamos tan interesados en el mercado chino". Esta intermediación ya la ejercen algunas asociaciones. "El mes pasado organizamos un viaje a China con seis empresarios españoles de sectores como el textil, la tecnología solar y el mantenimiento de carreteras", dice el presidente de la Asociación de Chinos en España. "Fue un viaje muy provechoso, porque estaban decepcionados de anteriores visitas. Con nosotros han podido concretar sus aspiraciones".

La importancia de este empresariado es evidente para Álvaro Alamillo, socio fundador y director de la oficina de China Global Services en Shanghai, empresa española dedicada a la consultoría de compañías extranjeras en el mercado chino. "Nuestra idea era ofrecer servicios a empresas españolas para su implantación en China, pero en los últimos meses hemos comenzado a trabajar con nuestros primeros clientes chinos cuando considerábamos que ese momento llegaría más tarde. El chino es enormemente emprendedor y se ha dado cuenta de que, si tiene presencia en los mercados exteriores, puede tener una enorme ventaja competitiva porque los márgenes comerciales se incrementan a medida que el producto se aleja de la fábrica y se acerca al consumidor final".

Los expertos sostienen que el empresariado chino en España es una punta de lanza de la economía de su país en el exterior, pero no tienen tan claro cuál será su comportamiento futuro. Hay expertos que auguran una fuga de estos empresarios y quienes sostienen que habrá quienes inviertan en China para luego vender sus productos en España, por lo cual su presencia aquí seguirá creciendo y haciéndose más importante.

"Ahora que se han asentado y disponen de capital observamos fenómenos nuevos", concluye Beltrán, "como su preocupación por la educación de sus hijos y la necesidad de profesionales para crear empresas de mayor calado. Hay más de un centenar de chinos en universidades españolas estudiando para empresarios o abogados".

Estos universitarios son los hijos de aquellos empresarios que abrieron su primer restaurante en España. En algo más de una década, la comunidad china ha dejado de ser una minoría silenciosa. Ahora tienen poder.

Los sucesos de Elche todavía escuecen

EL EMPRESARIADO CHINO en España ha abandonado su tradicional silencio. Su reacción ante una agresión externa ya no es tan tímida como hace una década. Así sucedió tras los sucesos de Elche del pasado mes de septiembre. El caso todavía escuece.

"Nuestra gente propuso una huelga o el cierre de comercios en señal de protesta. La Embajada se movilizó como no lo había hecho en otros tiempos", comentaba la hija de un empresario. "Por entonces nos llamaban de China muy preocupados por la noticia. Allí la gente decía: 'Mira los españoles, aquí comprando y allí quemando".

El disgusto se advierte todavía en las palabras de empresarios como Guang Xin, joven propietario de una nave que vende anualmente más de 200.000 bolsos. Su empresa tiene 15 empleados. "Quiero contratar trabajadores españoles, pero no quieren responsabilidades. El chino sí es responsable. Al español le gusta poco el trabajo", afirma. Guang Xin pide mejores condiciones para las empresas extranjeras en España. "Ayudamos a mejorar el país, pero España progresa muy lentamente y China va más rápido. Yo tengo amigos de mi pueblo que ahora están mejor que yo. Quiero entrar en el mercado español, pero reconozco que tengo miedo después de lo de Elche".

Aquel caso puso en evidencia el peso del empresariado chino sobre ciertas economías locales. Un ejemplo es el polígono Cobo Calleja de Fuenlabrada (Madrid). Su gerente, Andrés Alas, explica cómo las empresas chinas se están asentando. "En 1993 había instaladas 800 empresas. Las chinas apenas alcanzaban el 1%. Ahora superan el 10%. Tenemos 89 empresas dedicadas a la venta mayorista. Por efecto de los chinos, el precio del suelo se ha encarecido, de 240 euros el metro cuadrado a 1.200 euros en poco tiempo. Pagan al contado. Hay empresas españolas que les venden sus naves a buen precio y se marchan a otro polígono. Los chinos pagan sus impuestos y están bien asesorados".

La Embajada de China ha renunciado a una entrevista para este reportaje y se ha limitado a enviar un escueto comunicado en el que expone que "los chinos residentes en España son trabajadores unidos y con iniciativa, por lo cual su poder económico se ha desarrollado con rapidez. Y (...) no se olvidan de dar su apoyo y atención al desarrollo socioeconómico de España".

Varios almacenes de productos chinos en el polígono Cobo Calleja de Fuenlabrada (Madrid). / CRISTÓBAL MANUEL

Jóvenes chinas durante la celebración del Año Nuevo chino en el barrio de Lavapiés de Madrid. / CRISTÓBAL MANUEL

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