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sábado, 11 de diciembre de 2004
Reportaje:EL MUNDO EN LA MÚSICA

La voz de la América contestataria

En 1962, un matrimonio de folcloristas radicales incluido en todas las listas negras del Gobierno estadounidense comenzó a publicar, de forma casi clandestina, la más histórica cabecera sobre canción protesta. Un libro con cinco cedés reconstruye ahora la accidentada y asombrosa aventura de aquella revista: Broadside.

Agnes Cunningham y su marido, Gordon Friesen, nunca tenían un centavo, pero por su apartamento de la calle 104 Oeste desfilaban todos los cantautores bohemios de Nueva York que necesitaban una ducha, un plato caliente o una muda limpia. Friesen, fallecido en 1996, y Cunningham -que le sobrevivió hasta el pasado 27 de junio, con 95 años- protagonizaron uno de los episodios más fascinantes en la difusión de la música popular al frente de la revista Broadside, auténtico paradigma del underground neoyorquino que consiguió colocar en la calle 187 números entre febrero de 1962 y finales de 1988 con los más importantes autores de la canción comprometida. Desde Bob Dylan a Woody Guthrie, Pete Seeger, Tom Paxton, Janis Ian, Buffy Sainte-Marie o el propio Ochs avanzaron algunas de sus mejores rimas y razones en las toscas páginas mecanografiadas de Broadside.

Ahora, la aparición en España de The best of Broadside, cinco cedés encartados en un hermoso libro de 160 páginas (editado por Resistencia, 80 euros) debe servir, a lo largo de sus 89 canciones, para dimensionar el trascendental papel que desarrolló esta cabecera en la difusión de aquellas composiciones izquierdistas y contestatarias que asustaban a los medios de comunicación mayoritarios. Agnes era cantante, compositora, pianista y acordeonista, mientras Gordon ejercía como periodista y novelista ocasional. Ambos pertenecían al partido comunista, un pecado que por entonces se pagaba caro: desde 1948 estuvieron incluidos en las listas negras del Gobierno federal y no volvieron a gozar de un trabajo estable. El matrimonio se instaló en Nueva York en 1941. Ambos procedían de paupérrimas familias de Oklahoma y se sintieron atraídos por el hervidero intelectual del Greenwich Village, aunque en su autobiografía (Red dust and broadsides, 1999) admitían que en su mudanza también influyó el temor a ser arrestados en la América más conservadora.

El primer número de Broadside, del que apenas se tiraron 300 ejemplares, es hoy una codiciada pieza de museo. La revista se presentaba a sus lectores bajo el lema de "un puñado de canciones acerca de nuestros tiempos" y exponía en portada su razón de ser: "Poner en circulación tantas canciones folk como sea posible y lo más pronto posible". La tirada completa se imprimió en la misma casa de los Friesen, valiéndose de una vieja imprenta que había sido propiedad del Partido de los Trabajadores. El matrimonio y sus aliados (Seeger, Guthrie, Gil Turner) sacaban los ejemplares a la calle escondidos en un cochecito de bebé.

Las más insurrectas composiciones de los años sesenta sobre la carencia de derechos civiles, los peligros del armamento nuclear o Vietnam gozaron de difusión en Broadside. Para recopilar estas canciones, los editores convocaban a los artistas frente a un modesto magnetófono, gentileza de Pete Seeger, y los ponían a cantar. Gordon transcribía las letras mientras Agnes (o Sis, como fue conocida entre sus allegados) aprovechaba sus conocimientos musicales para extraer los acordes de guitarra. El invento no dio dinero a sus promotores, que a partir de 1964 tuvieron que recurrir a la pensión del hermano de Gordon para subsistir. Pero el valor de todas aquellas sesiones es, sencillamente incalculable.

Las cintas se conservan hoy en la Universidad de Carolina del Norte y de ahí se han extraído los 89 ejemplos que conforman esta antología. Entre ellos figuran la primera grabación de Blowin' in the wind, registrada a mediados de 1962 por los New World Singers. Los hoy celebérrimos versos dylanianos se dieron a conocer por primera vez al mundo en la portada del número 6 de Broadside, fechado en mayo de aquel año. La colección también aporta joyas como Let me die in my footsteps, un tema que Dylan retiró en el último instante de su disco The freewheelin' y que aquí interpreta junto a Happy Traum; Mack the bomb, una lectura burlesca de Mack the knife a cargo de Pete Seeger, o Sundown, una visión marxista de la faena agrícola ("Esta cosecha no es para el jefe, pertenece al pueblo que trabaja la tierra") que rubricó e interpretó la propia Sis Cunningham.

Broadside languideció cuando el folk derivó hacia un discurso más intimista y la veta reivindicativa impregnó a las huestes del rock, desde el For what it's worth de Buffalo Springfield al The pusher de Steppenwolf o el Ohio que popularizaron Crosby, Stills, Nash & Young. Pero este libro y su catálogo de canciones hacen justicia al trabajo comprometido de Gordon y Sis.

Gordon Friesen y Agnes Cunningham, con su hija, en la redacción de 'Broadside' en 1974.

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