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domingo, 6 de junio de 2004
Reportaje:REPORTAJE

Abrazar el islam para adoptar un niño

Ach ha dou Alá ilaha (...)". Con voz titubeante, Francisco y Teresa, una pareja española con nombres supuestos, empiezan a enunciar en árabe, un idioma que desconocen, que "no hay más Dios que Alá, y Mahoma es su profeta" ante dos abdul (notarios islámicos) de Rabat. Después les preguntarán si conocen los cinco pilares del islam, a lo que responderán afirmativamente sin ni siquiera tener que explicarlos. Declararán, por último, que poseen la fe. La ceremonia habrá durado menos de diez minutos.

Francisco y Teresa, ahora llamados Abdelwahed y Samia, pasarán a engrosar el registro de conversos al islam del que se enorgullece el Ministerio de Asuntos Religiosos de Marruecos. Pero al hacerse musulmán, este matrimonio español cumple, sobre todo, un requisito indispensable para obtener la kefala (tutela dativa) de un niño marroquí, al que se llevarán dentro de unos días a España. Con el tiempo acabarán adoptándole.

Las hermanas franciscanas que ayudan en el orfanato viven un dilema porque animan a los matrimonios a cambiar de religión para tutelar a un niño

Por el bien del menor, los jueces españoles convierten la tutela en adopción plena, algo que, según algunos cónsules, supone malinterpretar la ley

Al margen de los grandes flujos de adopciones procedentes de Rusia, China o Ucrania, hace siete años se abrió la vía de tutelar a niños de un país vecino, Marruecos, en el que están registrados cerca de 30.000 menores abandonados, a los que hay que añadir otros muchos que viven en la calle.

Es una vía discreta, peculiar -el islam no permite la adopción y a las autoridades españolas no les entusiasma que parejas españolas traigan a niños marroquíes- y minoritaria. Desde el año 1997, menos de cien se han trasladado a España, la mayoría a Cataluña. Por estas razones, ninguno de la decena de matrimonios con los que conversó este periódico ha aceptado dejarse fotografiar con sus retoños.

Mal rato

"Se pasa un mal rato" convirtiéndose al islam, recuerda Matías González, agricultor de Níjar (Almería). "Pero se obtiene después una magnífica recompensa", añade refiriéndose a los dos niños, hembra y varón, con los que el año pasado cruzó el Estrecho a su vuelta de Rabat. González tuvo además la suerte de poder tutelar a una niña, algo prácticamente reservado a los matrimonios marroquíes, que las utilizan a veces como servicio doméstico en sus casas. "Son hijos de segunda categoría", recalca un educador marroquí.

Otra madre andaluza que se desplazó a Rabat para obtener la tutela regresó deshecha después de haber hecho profesión de fe islámica. "Lloraba como una magdalena" por haber renegado del catolicismo, recuerdan las monjas franciscanas que ayudan a gestionar el orfanato Lalla Meryem, de Rabat, donde los niños abandonados permanecen hasta los tres años. Son, en su mayoría, hijos de madres solteras o repudiadas por sus esposos y que no pueden hacerse cargo de su prole.

Las hermanas franciscanas, que orientan también a las parejas sobre cómo hacer algunas gestiones, viven un auténtico dilema. Ellas, católicas, acaban instando a padres que a veces profesan su misma religión a que se hagan musulmanes para lograr la tutela de un niño marroquí. "Lo hacemos por los chiquillos", asegura una seglar que colabora con las franciscanas. "Aquí son hijos del pecado y no tienen porvenir", añade. "En España vemos, por las fotos que nos mandan sus tutores, que son felices".

Para la mayoría de los matrimonios españoles, la conversión al islam no supone ningún trauma. Es una mera formalidad necesaria para conseguir su propósito. Es el caso, por ejemplo, del médico Josep Sanllehi, de Terrassa (Barcelona), quien fue pionero en tutelar, en 1997, y después fundó la asociación Amics del Infants del Marroc para asesorar a otros padres. "Ésa era la condición que imponía el país, y que nos parece correcta", afirma. "El islam merece todo nuestro respeto".

Los españoles acuden sobre todo al centro rabatí Lalla Meryem y a otro orfanato, en Marraquech. Allí, a diferencia de otros países, pueden elegir, entre varias decenas, al niño que tutelarán, y que puede ser un recién nacido. "Se suele producir el flechazo, el enamoramiento es mutuo", recuerda Paula Adam, vicepresidenta de Amics del Infants del Marroc. El inconveniente es que apenas hay niñas en Lalla Meryem, y las pocas que deambulan por los pasillos suelen ser minusválidas.

Hay también matrimonios que han obtenido tutelas en Tánger, pero en Casablanca o Fez no se suelen entregar niños a extranjeros aunque estén dispuestos a convertirse. ¿Por qué? La explicación más plausible es que el islam conservador que impregna el ambiente les disuade de hacerlo. Los islamistas sospechan que los críos que se exportan acabarán siendo adoptados y no serán educados como buenos musulmanes.

Buen trato

Allí donde la tutela se lleva a buen término, los españoles se deshacen en elogios sobre su desarrollo. "Me trataron muy bien", sostiene el agricultor almeriense que fue a Rabat "por casualidad". Al efectuar los trámites se desvanecen muchos prejuicios sobre el país. "Todo el proceso es transparente, claro, rápido, aunque algo complejo", subraya Josep Sanllehi.

Si a los islamistas no les gusta que los europeos se lleven a sus pequeños, a las autoridades españolas tampoco les agrada que Marruecos se convierta en un destino para matrimonios deseosos de adoptar. Para, probablemente, disuadirles retrasan cada vez más la concesión del visado que permitirá viajar a España al niño marroquí tutelado.

La situación ha llegado a tal extremo que el Instituto Catalán de Acogimiento y Adopción (ICAA), dependiente de la Generalitat, acaba de suspender la expedición de certificados de idoneidad, un documento indispensable, a las parejas candidatas a buscar niños en Marruecos. El ICAA espera aclaraciones de la Dirección General de Asuntos Consulares del Ministerio de Asuntos Exteriores, con cuyo responsable, Miguel Ángel de Frutos, este periódico intentó, en vano, ponerse en contacto a través de la Dirección de Comunicación Exterior.

Por el interés superior del menor

MARRUECOS, como otros muchos países musulmanes, no permite la adopción. De ahí que sólo acepte que los niños abandonados o huérfanos sean tutelados. A diferencia de la adopción la "kefala", señala la ley marroquí 15-01, "no da derecho a filiación ni a herencia".

Algunos cónsules españoles, como el de Tánger, José Ramón Remacha, obligan a la pareja española a firmar un acta en la que reconocen haber sido advertidos de que la kefala "no es adopción ni puede transformarse en ella a tenor de la ley". En teoría, los cónsules de Marruecos en España pueden vigilar que se respete la legislación de su país. No lo hacen.

Nada más regresar con el niño, en Cataluña, o, en el resto de España, cuando el crío cumple un año de estancia, los tutores instan ante un juez que el régimen de acogimiento se transforme en adopción. Hasta ahora ningún juez se ha negado a ello.

El Convenio de La Haya sobre adopción internacional señala, no obstante, que es el Estado de origen del niño el que establece si éste puede ser adoptado y que ningún menor puede tener dos estados civiles, uno en su país de orígen y otro en el de adopción.

De ahí que los cónsules de España más benévolos opinen que los jueces españoles, por desconocimiento o movidos por buenas intenciones, malinterpretan la ley. Los cónsules menos indulgentes sostienen que cometen un fraude de ley.

"Les mueve el interés superior del menor; darle la mayor protección jurídica posible", replica Guernica Facundo, presidenta de la asociación Amics dels Infants del Marroc. "Queremos", reivindica, "que todos los consulados apliquen las mismas normas y que se acabe la actual indefinición sobre los plazos en que el niño tutelado obtiene el visado para viajar a España", añade. "A más largo plazo desearíamos que Rabat y Madrid pactasen una figura jurídica a mitad de camino entre la kefala y la plena adopción".

Por ahora persiste la ambigüedad. En España, el crío acaba siendo, como tarde al cabo de un año, español e hijo de padres españoles. Si, por casualidad, regresa a Marruecos, vuelve a ser marroquí tutelado por un matrimonio extranjero.

Recién nacidos marroquíes, abandonados en el orfanato de Lalla Meryem, en Rabat.

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