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sábado, 26 de julio de 2003

Rodrigo existe

El medio punta brasileño, que no jugó un solo minuto en sus cinco años en el Real Madrid, firma por dos temporadas con el Atlético

Rodrigo regresa a Europa. Pero esta vez, al Atlético. Aquel delantero de tez casi transparente y largo cabello rubio que aterrizó hace cincos años, perdido, en Chamartín, pasó el reconocimiento médico con los rojiblancos hace cinco días. Y ayer rubricó con su firma el acuerdo para las dos próximas temporadas.

El 2 de enero de 1998 un revuelo fenomenal agitaba los despachos de la Liga de Fútbol Profesional. El brasileño Rodrigo Fabri (San André, 1976) aparecía en la documentación de dos clubes, el Madrid y el Deportivo. La zurda extraordinaria de un goleador de 20 años, aficionado a los quiebros de cintura, que se paseaba por los campos de la Liga paulista, en La Portuguesa, descargando disparos secos y fintas líquidas, enfrentaba a dos potencias. Ganó el Madrid. Lorenzo Sanz, entonces presidente del equipo blanco, firmaba al delantero por 9 millones de euros y, a continuación, le cedía al Flamengo. "No está hecho", arguyeron. Además así abarataban el fichaje de Savio Bortolini.

Rodrigo, mirada triste, juego alegre, empezaba a acostumbrase a ser moneda de cambio. Peonza rodante del invierno austral al hemisferio norte, del Santos brasileño al frío castellano de Valladolid o a la humedad del Tajo en el Sporting de Lisboa. No jugó ni un sólo minuto en partido oficial con la camiseta blanca en los cinco años en los que el club de Chamartín le pagó su sueldo. El delantero tenía contrato hasta enero de 2004.

"Sólo he jugado contra equipos aficionados en Suiza", se quejaba con amargura un verano de hace dos años cuando le comunicaron, pura rutina, que después de la pretemporada su destino no era el Bernabéu.

Pero el año pasado, de nuevo en Brasil, Rodrigo se destapó otra vez. Retrocedió hasta aquel momento fatídico de 1997 en el que soñó con triunfar en Europa y se centró en el campeonato brasileño. Fue el máximo goleador con 19 tantos del campeonato, más de la mitad de todos los que anotó su equipo, el Gremio de Portoalegre. Una resurrección que le valió que su nombre sonase como refuerzo de la Liga japonesa o de algún club inglés. En el Madrid ya ni siquiera se hacía el amago de darle alguna oportunidad y Valdano, el director deportivo, decía abiertamente en diciembre de 2002 que la intención del club de Chamartín era traspasarle.

Las negociaciones con el Atlético comenzaron hace casi un mes. Pero el jugador, a través de su representante, Fernando César, insistía en mejorar las condiciones económicas. Toni Muñoz, el director deportivo rojiblanco, no cedía: "Si Rodrigo viene tendrá que ser con las condiciones que se le han ofrecido. Además tendrá que ser consciente de la entidad a la que llega e identificarse con todo lo que el club representa, tanto dentro como fuera del campo".

Cuando llegó cedido al Valladolid en 1999 hizo una magnífica primera parte del campeonato. Marcó goles y saltó a las portadas con algún taconazo fantasioso. Entonces, declaró: "Espero acostumbrarme a jugar con frío". Ahora, ya en la ribera del Manzanares, tendrá que acostumbrarse a jugar con el calor de un estadio repleto de aficionados.

Por otra parte, el argentino Matías Lequi, que estaba previsto que se presentase ayer como jugador rojiblanco, retrasó la firma de su contrato por diferencias en las cantidades a percibir. El acuerdo con su club de origen, el River Plate, es total. La presentación del central se demoró cerca de una hora y media hasta que quedó suspendida.

Rodrigo Fabri, hace seis años, cuando disputó con La Portuguesa el trofeo Santiago Bernabéu. / EFE

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