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El coreógrafo Juan Domínguez explora el tiempo en el proceso creativo

El bailarín presenta hasta mañana en París su nuevo espectáculo

El bailarín y coreógrafo Juan Domínguez (Valladolid, 1964) presentó el martes por la noche en París, en la Ménagerie de Verre (Zoo de Cristal), su último espectáculo: Tous les bons espions sont de mon âge (Todos los buenos espías tienen mi edad). Se trata, según explicó el artista, "de un espectáculo sobre el tiempo que integra el propio proceso creativo". El espectáculo del artista español estará en cartel hasta mañana.

La presencia de Juan Domínguez en la capital francesa es fruto de una anterior experiencia en el Festival de Valenciennes, en el norte del país. "Mi anterior montaje en solitario fue premiado ahí y eso se tradujo en un compromiso de coproducción para el siguiente", afirma el artista.

La Comunidad de Madrid también está implicada en el proyecto. "A finales de junio, actuaré en La Casa Encendida" dice Domínguez. Para él, "esta obra es un paso más en una evolución hacia una mayor apertura y una mayor aproximación a la realidad".

"Antes, mi gran tema era el movimiento, la danza pura, la abstracción", señala Domínguez. "Ahora he incorporado la palabra, la frontera entre danza y teatro es mucho más permeable, quiero que la información que transmito llegue al espectador, que la escena no sea un muro. Hablo de lo que me pasa, de lo que se me ocurre, pero no porque quiera hablar de mí sino porque ése es el filtro lógico para llegar a los demás".

Tous les bons espions sont de mon âge participa en París en un festival bautizado como Étrange Cargo (Extraño Mercante) que "quiere favorecer el contacto entre distintas utopías artísticas confrontando el teatro con disciplinas fronterizas".

Domínguez intenta conciliar su empleo de mensajes escritos a través de diapositivas con algunos recursos simbólicos clásicos. "Me sirvo de los colores para establecer un juego de convenciones muy simple y claro en el que el verde corresponde al espacio, el amarillo al tiempo, el azul a la identidad y el rojo al movimiento", señala. El espía del que habla el título "soy yo, que me descubrí viéndome a mí mismo en el espejo del armario de la habitación del hotel, tendido junto a mi novia. Toda mi vida sube al escenario, explico el origen de ciertas ideas, aunque a veces sea una tontería. Es un problema de sinceridad y de comunicación. Es el único camino para que el espectador también pueda recrear el espectáculo en su cabeza y apropiárselo".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 20 de marzo de 2003