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sábado, 1 de marzo de 2003
Entrevista:IMMA MONSÓ | Escritora

"El escritor tiene que escribir para explicarse a sí mismo"

Imma Monsó (Lleida, 1959) cree que "una narración no se planifica" y que cuando un escritor empieza a pensar en los lectores "las cosas comienzan a estropearse". Con este planteamiento, la escritora ha conseguido dar forma a un mundo que los lectores y la crítica reconocen por la minuciosidad de su descripción de los recovecos del pensamiento y los sentimientos y su enumeración de las palabras con que las personas escogen, o no, verbalizarlos. Ahora acaba de publicar su libro "más autobiográfico", la compilación de narraciones Millor que no m'ho expliquis (La Magrana).

En Millor que no m'ho expliquis Monsó trata de las relaciones de pareja, la amistad, la familia, la interpretación de los recuerdos y la enfermedad. Como fondo, las dificultades por alcanzar una comprensión plena mediante la comunicación oral: "Las conversaciones están muy mediatizadas. Lo ideal sería que si tú me preguntaras yo te respondiera con una novela. Reivindico la escritura porque si algún día se acaba, habrá desaparecido la posibilidad de alcanzar una empatía total con los demás, de acceder al interior del ser humano".

"Conseguir que del drama surja una chispa es lo más reconfortante que hay"

La capacidad de convertir en verbo los pensamientos y de explicarse la propia vida con cierta distancia irónica tiene "valor terapéutico", cree la autora de Tot un caràcter. "Un escritor siempre tiene que escribir para explicarse a sí mismo y pensando en sí mismo. Y punto. Cuando empezamos a pensar en los otros, las cosas se estropean. Sólo cuando uno se explica las cosas puede llegar a los demás".

Una mujer que quiere encontrar la contraseña que le permitirá acceder en un ordenador a lo que su hombre ha escrito sobre ella. Una anciana que utiliza el teléfono y a amigas más jóvenes para sentirse viva mediante la palabra. Un hombre obsesionado con la estabilidad que no soporta que su esposa le dé ni la más mínima sorpresa. Una mujer que encuentra una inesperada alegría en los encuentros que siguen a la muerte de algunos de sus familiares. Un regreso a la ciudad de la infancia, calificada entonces como Ofec (Ahogo) y redescubierta, con los años, como el lugar donde sucedió todo. Y un proceso de relativización del peso de una enfermedad como el cáncer. Son los temas que aparecen en los relatos de Monsó; los dos últimos, Els ignorants y Millor que no m'ho expliquis, especialmente cercanos a su propia experiencia, según reconoce la escritora.

En este punto, la distancia irónica se hace más patente. "Siempre he tratado temas dramáticos con un humor que muchos han entendido y que otros han calificado de frialdad. Creo que el humor se puede aplicar a los asuntos más terribles; siempre y cuando sean cuestiones personales y no tragedias ni guerras", afirma. La sensación final es de optimismo.

Aunque uno de los miembros de la pareja protagonista del último cuento, el que lleva el título de la compilación, es de aquellos que no quieren ni oír hablar de una enfermedad que puede ser letal, la comunicación entre ambos es "óptima". "Siempre temí que sucediera, y el año pasado mi marido pasó por una experiencia similar. Cuando esto sucede, generas armas para enfrentarte a ello. Y no sólo lo hacen las personas fuertes, sino mucha gente, que habla de la enfermedad con optimismo y genera una fuerza inesperada. Escribir ese cuento fue un reto, pero me lo pasé muy bien. El humor tiene que surgir de enfrentarse con la realidad, no de la huida, que es otra forma de humor. Y conseguir que del drama surja una chispa es lo más reconfortante que hay", concluye.

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