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domingo, 24 de febrero de 2002
Crónica:INTERNACIONAL

La 'lepenización' de los espíritus

  • LA IMPUNIDAD CERO ENTRA EN EL DEBATE POLÍTICO EN FRANCIA Y EN ESPAÑA

Hace ya algunos años, o algunas elecciones, que la seguridad ha abandonado el territorio de la derecha y se ha instalado en el amplísimo campo del centro político, que es donde se juega el poder. La bandera de la seguridad ha transitado por las manos de la izquierda, con mayor o peor fortuna, durante toda la pasada década. Es cosa algo vieja la ecuación que identifica izquierda con exceso de libertad, y derecha, con seguridad.

El nuevo PSOE, en su plan de trabajo con vistas a la siguiente cita electoral -locales y autonó-micas- ha presentado esta semana un detallado documento sobre seguridad ciudadana en el que se formulan en términos que quieren ser nuevos las diferencias entre derecha e izquierda. Ahora es la derecha, cifras en mano, la responsable de la inseguridad. Tras seis años de Aznar en el poder, 'la criminalidad en España ha alcanzado la cifra más alta nunca antes conocida en nuestro país', dice. La derecha, según los socialistas, fustiga a los Gobiernos de izquierda y promete que acabará rápidamente con la delincuencia cuando no está en el poder. Pero cuando lo alcanza realiza políticas antisociales, margina a amplias capas de la población y privatiza la seguridad para asegurar la tranquilidad de quienes pueden pagársela, mientras reclama medidas cada vez más autori-tarias y expeditivas para esconder su propia incompetencia. En expresión del documento, es la política de eficacia cero, transparencia cero y responsabilidad cero, frente a las que el PSOE opone un plan muy pormenorizado con vistas a asegurar la impunidad cero.

La respuesta de la derecha ante el aumento de la inseguridad es fácil y demagógica: se debe al aumento de la población, e incluso a una población propensa a delinquir

Esta expresión, impunidad cero, es la que ha utilizado el presidente francés, Jacques Chirac, como lema de su candidatura a la reelección como jefe del Estado, en la que se enfrentará con el primer ministro, Lionel Jospin, al que acusa de la creciente inseguridad ciudadana y del incremento de la delincuencia. Chirac lo tiene más difícil que Zapatero a la hora de hacer creíble su propuesta. Sus enemigos políticos han señalado que la impunidad cero debe aplicarse ante todo al propio Chirac gracias a la impunidad de que goza el Presidente de la República. Chirac, en efecto, ha eludido a la justicia por los escándalos que afectaron a la alcaldía de París cuando él mismo era el primer responsable de la capital francesa. Tanto Jospin como otro candidato con posibilidades, el ex ministro socialista Jean-Pierre Chevènement, aseguran que les ha robado sus ideas y sus políticas. Un candidato eterno y maldito, el extremista de derechas Jean-Marie Le Pen, contempla el espectáculo con honda satisfacción. Estamos, asegura, ante una saludable 'lepenización de los espíritus', y se felicita de que la contienda electoral se desarrolle en su terreno de juego preferido.

Nuevas mafias

Hay un cambio en la seguridad indiscutible producido por la globalización. Han aparecido nuevas mafias y asociaciones internacionales de delincuentes que se aprovechan de la mayor movilidad de las personas y de los capitales. La población inmigrante, sometida a condiciones de vida difíciles, es víctima de nuevos delitos vinculados a las propias migraciones, y a su explotación como mano de obra en la economía clandestina o en la economía directamente delictiva. Y, de otra parte, se halla sometida a la presión de la necesidad que puede conducir a la delicuencia, no siempre menor. La respuesta de la derecha ante el aumento de la inseguridad es fácil y demagógica: se debe al aumento de la población, e incluso a una población propensa a delinquir. Las estadísticas de detenciones y de población carcelaria no engañan, como no lo hace en Estados Unidos respecto a la población negra. Falta un leve paso para incurrir en enunciados de claro contenido xenófobo o incluso racista en cuanto se invierte la interpretación de las estadísticas: basta con decir que hay más delincuentes inmigrantes por características intrínsecas de esta población, y no porque son más pobres, más desarraigados y más marginados. Si se asocia esta polémica con la manipulación burda de conflictos como el del velo, estamos de lleno en la 'lepenización de los espíritus'.

En el contexto de la política internacional, convertida toda ella en arena de la política de seguridad interior de Estados Unidos, esta lepenización es la cara más agria y próxima del choque de civilizaciones. Hace bien, pues, el nuevo PSOE en intentar armar una política de seguridad que marque claramente la diferencia con la política tradicional del palo y tentetieso. Y hace bien también el presidente del Gobierno, José María Aznar, al asegurar que ésta es también su política, aunque sólo sea por la voluntad de desplazar hacia el centro y hacia la moderación un debate que tiene su lugar natural en el extremismo.

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