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miércoles, 15 de septiembre de 1999
CULTURAEL CONSEJO RECTOR DECIDE LA TEMPORADA EL 17

Bancaixa anticipa la programación de Teatres de la Generalitat

La programación de la temporada 1999-2000 de Teatres de la Generalitat no es firme, en teoría, en tanto no la apruebe el Consejo Rector del organismo que ejecuta la política escénica del Consell. En la realidad, esa programación ha sido hecha pública por Bancaixa en un folleto a través de su servicio de Servientrada, con bastante antelación a la reunión del órgano decisorio al respecto, prevista para el día 17. No es el único ejemplo del desconcierto de Teatres bajo la dirección de Consuelo Ciscar.

Estos hechos han originado un notable malestar entre el personal de Teatres, ya que en vano se ven forzados a desmentir, ante quienes se interesan por la programación, una decisión ya de dominio público. Los interrogantes de esta descoordinación afectan también a la credibilidad del Consejo Rector del organismo, sobre quien recae, al menos teóricamente, la función de aprobar la programación propuesta por los responsables de Teatres. En esa reunión se tratará asimismo de la ampliación de un consejo cuya utilidad real parece en entredicho. Fuentes solventes dan como muy probable la continuidad de Juan Alfonso Gil-Albors al frente del organismo, pese a las fundadas expectativas en contra, que se daban por confirmadas incluso por el afectado y por la directora general. En medios de la profesión se considera la eventual continuidad de Gil-Albors, un cargo en el que ha sido repetidamente cuestionado, como expresión de la resistencia de otros profesionales -Joaquín Hinojosa, Vicent Vila o Inma Tomás, entre ellos- a aceptar una designación meramente ornamental, dado el peso de Ciscar en el diseño de la programación, sin desdeñar que la decisión constituya un episodio más de la pugna entre la directora general y su consejero, Manuel Tarancón. Dos óperas La programación avanzada por el servicio de entradas de Bancaixa se ciñe al último trimestre del año, y no se observan modificaciones de importancia respecto a temporadas anteriores, pese a los grandes proyectos presentados por Consuelo Ciscar en el programa electocultural de su partido, salvo, quizás, en el Principal, que acoge dos óperas de Puccini (La Bohème, en octubre, y Manon Lescaut, en noviembre), además de la resposición de Galileo, el estreno de Top dogs, con dirección de Mario Gas, y un montaje de Joaquín Hinojosa sobre una obra de Torrente Ballester con el que la sala entrará en el 2000. En el Rialto se repone El enemigo de la clase, y la ya ampliamente representada Intringulis, de Vol-Ras. El Talía abre con un montaje del Taller de Ópera de Artes y Oficios, para seguir con el último espectáculo del premiadísimo Chema Cardeña, El idiota en Versalles, además de una producción que se anuncia como del Centro Reina Sofía, Enciéndeme, y Besos, de Albena Teatre. La Moratín, acoge Laurel y Hardy van al cielo, montaje de José Marín sobre un relato de Paul Auster, Adultos, de Eduardo Zamanillo, Diwan, de José Manuel Gil, una sesión de lecturas dramatizadas y una compañía de danza por seleccionar, para acabar el año con Tres tristos traumes, de Pasqual Alapont.

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