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Tribuna:

Tuñón de Lara y la historiografía española

Nacido en Madrid, el 8 de setiembre de 1915, Manuel Tuñón de Lara hubiese cumplido hoy 82 años de no haber fallecido en Leioa (Vizcaya) el pasado 25 de enero. Coincidiendo con esta efeméride, la Universidad Internacional Menéndez Pelayo y la Asociación de Historia Contemporánea le homenajean hoy en Santander. Pese al poco tiempo transcurrido desde su fallecimiento, se han sucedido los homenajes a su figura en varias universidades españolas y alguna universidad francesa. El más importante tuvo lugar la primera semana de agosto en un curso de verano en El Escorial sobre Manuel Tuñón de Lara y la renovación de la historiografía española contemporánea, organizado por la Universidad Complutense de Madrid contando con la colaboración de la Universidad del País Vasco, de la que fue catedrático emérito. En él, prestigiosos hispanistas e historiadores españoles analizaron las aportaciones del profesor Tuñón de Lara al desarrollo de los estudios históricos sobre la España contemporánea en los últimos decenios.La Guerra Civil supuso la ruptura de la historiografía liberal española y el exilio de sus principales historiadores (Altamira, Sánchez Albornoz, Américo Castro ... ). En la posguerra, el franquismo utilizó la historia como instrumento de legitimación ideológica del Régimen. Su nacionalismo de raíz tradicionalista exaltaba la España de los Reyes Católicos y el Imperio de los Austrias y denigraba la España contemporánea, tanto el liberalismo decimonónico como, sobre todo, la República democrática de 1931-36. En esa coyuntura política era muy difícil hacer de la historia contemporánea una especialidad científica en España. El primero que lo llevó a cabo fue el gran historiador catalán Jaume Vicens Vives, quien con sus obras en la década de 1950 contribuyó a renovar el estudio del siglo XIX. Murió prematuramente en 1960, pero dejó una notable escuela en Cataluña (Nadal, Martí, Fontana ... ).

A partir de los años sesenta, la historia contemporánea se normaliza como disciplina académica en las universidades españolas y se consolida científicamente gracias a la labor de unos pocos destacados historiadores, entre los que sobresalen José María Jover, Miguel Artola y Manuel Tuñón de Lara. A pesar de vivir exiliado en Francia desde 1946, no cabe hablar de "exilio intelectual" en la obra de Tuñón, según constató hace tiempo el profesor Jover Zamora. Aun publicando en París sus primeros libros, como La España del siglo XIX (1961) y La España del siglo XX (1966), que constituyeron una bocanada de aire fresco que entraba por los Pirineos, y aun ejerciendo su magisterio en la Universidad de Pau desde 1965, Tuñón se integró plenamente en el empeño colectivo de elaborar una historia contemporánea de España sobre una base crítica y científica. Con sus valiosas obras y sus famosos Coloquios de Pau en la década de 1970, encabezó la renovación historiográfica que se produjo en España durante el tardofranquismo y la transición, pues fue el historiador que mayor influencia ejerció sobre los jóvenes historiadores y científicos sociales de entonces, muchos de los cuales son hoy autores consagrados y ocupan puestos relevantes en la universidad española.

Manuel Tuñón supo crear también escuela en Francia entre los jóvenes hispanistas que iban a dedicarse en adelante a la España contemporánea. Hasta entonces, el hispanismo francés se había centrado en la España moderna (caso de los maestros de Tuñón: Noél Salomon y Pierre Vilar), mientras los hispanistas anglosajones se especializaban en el estudio de la Guerra Civil. Tuñón de Lara consagró buena parte de su trabajo a esclarecer la guerra, el periodo histórico más decisivo que vivió y cuyas consecuencias sufrió durante mucho tiempo. Empero, al contrario de algunos autores anglosajones, no se limitó a ella, ni convirtió a la República en un mero preámbulo cuyo "fracaso" se explicaba en función de la contienda fratricida que le siguió, según criticó con acierto Santos Juliá en el X Coloquio de Pau (1979).

Manuel Tuñón hizo de la República, que le fascinó en su juventud, su principal objeto de investigación y ha sido el historiador que más ha contribuido a su conocimiento objetivo con sus artículos y libros (La II República, 1976; Tres claves de la Segunda República, 1985) y con los Coloquios que dirigió sobre ella. Pero no se redujo a la etapa republicana al analizar las causas y los. antecedentes de la tragedia de 1936, sino que se remontó a la España del siglo XIX y del primer tercio del XX, en especial la Restauración, otro periodo sobre el que arrojó mucha luz en sus aspectos políticos, culturales y sociales. Basta recordar sus libros Historia y realidad del poder (1967), Medio siglo de cultura española (1970) y Poder y sociedad en España 1900-1931 (1993). Igualmente le interesó el estudio del franquismo. Tuñón, que fue primero resistente a la Dictadura en el interior y en el exilio y después analista político de ella en numerosos artículos publicados en la prensa francesa, italiana y americana, acabó historiándola tras la muerte de Franco, sobre todo en el tomo X de su magna Historia de España (Labor), titulado España bajo la Dictadura franquista (1980).

A lo largo de cuatro decenios, desde su primer libro, Espagne (1956), hasta el último sobre Juan Negrín, el hombre necesario (1996), Tuñón de Lara pergeñó una inmensa y coherente obra historiográfica, que destaca por su amplitud cronológica y su variedad temática, por sus síntesis generales y sus monografías de investigación. No en vano ha sido uno de los escasos historiadores que han abarcado toda la España contemporánea, desde la guerra de Independencia hasta la reciente transición, y sus principales ámbitos: la economía y la sociedad, la política y la cultura, integrándolos en el marco de una historia que aspiraba a ser total o global. Realizó aportaciones fundamentales a la historia política, social y cultural de España, en particular del ciclo histórico que se abre con la Restauración de 1874-75 y se cierra con la Guerra Civil de 1936-39. Fue un conspicuo representante de una corriente ya clásica de la historia social centrada en el estudio del movimiento obrero y de la conflictividad laboral, según puso de manifiesto en su voluminoso manual El movimiento obrero en la Historia de España (1972).

Además, Tuñón de Lara ha sido uno de los historiadores españoles más preocupados por las cuestiones de método (Metodología de la historia social de España, 1973) y la precisión de los conceptos, acuñando algunos como el de bloque de poder, que aplicó con rigor a la Monarquía de la Restauración. El afán constante de su obra y de su magisterio, hasta su última clase impartida en la Universidad del País Vasco en junio de 1991, consistió en dotar de un estatuto científico a la historia, concebida como ciencia de la totalidad social, en estrecha colaboración con las restantes ciencias sociales. Esto no fue en modo alguno incompatible con su enorme interés por dar una proyección social a la historia y por divulgarla ampliamente entre el pueblo, al considerarla "vital para una colectividad que quiera ser libre de sus destinos" (Por qué la historia, 1981). De ahí sus artículos en EL PAÍS, sus frecuentes escritos en la revista Historia 16 o su asesoramiento de los programas de TVE Memoria de España y España en guerra, que en los años ochenta contribuyeron a recuperar la memoria colectiva del pueblo español sobre la II República y la Guerra Civil, tan manipulada y tergiversada por la Dictadura franquista.

Por todo ello y por su reconocida capacidad de director de obras colectivas y de creador de encuentros interdisciplinares, Manuel Tuñón de Lara ha sido el mayor impulsor del auge que ha alcanzado la historia contemporánea en España desde la década de 1960 hasta la actualidad. En adelante, su nombre, convertido ya en un clásico como bastantes de sus libros, denominará toda una época de la historiografía española de la segunda mitad del siglo XX. Tal es su valioso legado intelectual que vamos a continuar los numerosos amigos y discípulos del. gran maestro de historiadores que fue Manolo Tuñón.

José Luis de la Granja Sainz es catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad del País Vasco

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 8 de septiembre de 1997