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Editorial:

Marruecos abandona la OUA

LA REPÚBLICA Árabe Saharaui Democrática (RASD) ha ocupado un asiento en la cumbre de la Organización para la Unidad Africana (OUA) que se está celebrando en Addis Abeba, y, como respuesta, Marruecos ha anunciado su retirada de la organización. Es un acontecimiento importante, porque en tomo a esta cuestión se viene desarrollando una fuerte batalla política y diplomática, por lo menos desde hace tres años. En teoría, la RASD tenía derecho desde febrero de 1982 a ser admitida en la OUA, ya que 26 países miembros, la mayoría simple de dicha unión, le habían otorgado un reconocimiento diplomático. Sin embargo, Marruecos dio a entender que estaría dispuesto a buscar una solución negociada al problema del Sáhara occidental si no se llevaba a cabo ese ingreso de la RASD, considerado entonces por el rey Hassan como un acto inamistoso, incluso ofensivo. Efectivamente, trabajosas negociaciones permitieron llegar a un compromiso en la 1911 cumbre de la OUA, celebrada en Addis Abeba en junio de 1983; compromiso que completaba y precisaba un acuerdo previo logrado en la cumbre de Nairobi. El compromiso consistía en que se realizaría un referéndum de autodeterminación en el Sáhara occidental con un control internacional, y que se celebrarían negociaciones entre el Frente Polisario y Marruecos para precisar las condiciones del referéndum.¿Qué ha ocurrido desde, entonces para que ahora la RASD haya podido sentarse en la cumbre? En realidad, el desarrollo de los acontecimientos ha sido bastante contradictorio: desde el punto de vista militar, no parece dudoso que Marruecos haya reforzado sus posiciones, sobre todo construyendo una nueva línea de defensa que dificulta considerablemente las operaciones del Frente Polisario. A la vez, el rey Hassan ha consolidado su poder gracias al éxito que ha obtenido en las recientes elecciones parlamentarias, y sobre todo al pacto de unidad que ha firmado con Libia el pasado mes de agosto. Estos hechos dieron incluso una sensación artificial a la opinión española y europea de que el problema del Sáhara estaba a punto de extinguirse. Se llegó a anunciar que Argelia se disponía a abandonar la causa del Frente Polisario. En realidad, una serie de otros factores estaba actuando a favor de la República Árabe Saharaui Democrática: desde el compromiso de junio de 1983, Marruecos estaba en una situación incómoda, porque no quería cumplir lo acordado por la OUA, concretamente sentarse a una mesa con el Polisario. En cambio, éste ha utilizado con eficacia el argumento de su disposición a negociar con Marruecos. Ello ha tenido consecuencias concretas; en febrero de este año, Mauritania reconoció a la RASD. Es un paso significativo y que amplía las facilidades y zonas de operaciones de los combatientes saharauis. Casi al mismo tiempo, Alto Volta adoptaba la misma decisión. Los cambios de Gobierno que han tenido lugar este año en diversos países africanos han reforzado, en general, las actitudes favorables en principio al Frente Polisario. Cuando Nigeria, con su peso considerable en la política africana, decidió hace dos días reconocer a la RASD, era evidente que ésta sería aceptada como miembro de la OUA.

Por otro lado, el problema del Sáhara no es exclusivamente africano. En diversas resoluciones de las Naciones Unidas, éstas se han pronunciado asimismo, por mayorías aplastantes, en favor de un referéndum de autodeterminación. Es la posición oficial que defiende España; en el Acuerdo de Madrid de noviembre de 1975 -cuya vigencia es, por otro lado, discutible- se cedía la administración, pero España jamás ha aceptado la soberanía de Marruecos en esa zona. En términos más generales, la RASD ha sido reconocida en los últimos tiempos por numerosos países; además de los 30 Estados africanos, ha obtenido el reconocimiento de unos 20 países de otros continentes; en particular, de países latinoamericanos, como México, Venezuela y Ecuador.

Es evidente que el ingreso de la RASD en la Organización para la Unidad Africana no va a resolver, en sí, el problema del Sáhara. La retirada de Marruecos de la organización africana es un gesto bastante lógico, si se tiene en cuenta el ambiente que se ha creado. Pero no se percibe qué eficacia puede tener. Lo importante será, una vez superadas las primeras reacciones, encontrar vías efectivas, operativas, consensuadas, para preparar en serio ese referéndum que, en principio, todo el mundo acepta y preconiza. Para ello sería esencial que Marruecos se aproximase al máximo a una visión realista de las cosas. Solución puramente militar no la hay, ni de un

lado ni de otro. Sin duda, Estados Unidos y Francia facilitan armas a Marruecos, pero nunca se han empleado a fondo para apoyarlo en esta cuestión; tienen en cuenta, y respetan la actitud de Argelia. Hasta ahora es un conflicto no integrado en la confrontación de los dos bloques mundiales y son posibles las soluciones negociadas.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Martes, 13 de noviembre de 1984