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Francesc Llop

Antropólogo valenciano que escribe una tesis doctoral sobre los toques de campanas

Valencia
Francesc Llop es un antropólogo valenciano de 32 años que está investigando los toques de campanas en iglesias de Valencia y Aragón. Nadie hasta ahora mostró interés por codificar el lenguaje de las campanas antes de la electrificación de los campanarios. Aunque los datos que Francesc Llop está recogiendo se convertirán en una tesis doctoral, su labor no está exenta de empeño en que no desaparezca del recuerdo este peculiar sonido. Nostalgia que comparten otras personas, entre ellas el alcalde de Madrid, Enrique Tierno, quien recientemente ha resaltado el magnetismo de las campanas para devolver a las ciudades y pueblos la familiaridad y cotidianeidad perdidas. Pero estos gestos no parecen suficientes para evitar que los campanarios de antaño enmudezcan. El antropólogo valenciano ha ido más lejos: escribir sus ecos contra el olvido.

"Yo no pretendo que vuelvan a tocar las campanas", afirma, con realismo, Llop. "Las cosas aparecen y desaparecen, como todo en esta vida. Pero lo que no quiero es que desaparezcan sin más". Por lo menos, después de su trabajo, quedarán recopilados para la posteridad varios centenares de toques diferentes de 30 pueblos aragoneses y de la ciudad de Valencia. En esta tarea colaboran el Ministerio de Cultura, con la beca que le concedió, y el Consejo Internacional de Música de la Unesco, que en las próximas semanas, asesorado por Llop, va a grabar con mejores medios técnicos las campanas de Aragón. "Hay que explicar, sobre todo, por qué desaparecen los toques. Hoy día apenas se toca el 1 % de lo que se tocó hace treinta años, y prácticamente los campaneros han desaparecido". Francesc empezó su trabajo con la curiosidad de que en los campanarios se "hacían cosas raras" que tenían su lógica y sus variaciones, reunidas en un lenguaje preciso. "Es un lenguaje más potente que la Prensa", asegura. "Las campanas llegaban a toda la comunidad sin tener que comprar el periódico o enchufar la radio. Estaban marcando los ritmos del día. Indicaban dónde ocurrían las cosas, quién se había muerto, su edad, sexo, pertenencia social... En un pueblo pequeño había seis toques diferentes. En una ciudad como Valencia podía haber hasta 200 toques". Su tesis -porque este trabajo se trata de una tesis doctoral- rescata el testimonio de los que tocaron las campanas. Junto con su esposa, Mari Carmen Álvaro, tiene planificado el trabajo de campo. Localiza al campanero, man tiene una entrevista para que le transmita todos sus conocimientos, luego le hace subir a la torre y graba su destreza y sonido en vídeo. "Al viejo le metemos en la torre y le decimos que vuelva a tocar como lo hacía. Prolonga un poco lo que fue su vida". Pese a su preciso significado, sin embargo, el refranero popular alude al "has oído campanas y no sabes dónde" para expresar el sentido contrario de despiste. "Yo creo que este refrán", señala, "tiene el sentido de que en los lenguajes locales de campanas, si eras de fuera de ese pueblo, no sabías reconocer su significado. Al campanero le preguntas el toque de otro sitio y no lo sabe reconocer. La gente, cuando oye campanas y no son las suyas, no sabe lo que quieren decir".

La desaparición del oficio de campanero se produjo antes de que el tráfico de las ciudades y el individualismo de la vida urbana eliminaran su función social. La electrificación de las campanas en lo alto de las iglesias provocó una descarga de muerte. "Hay quien asegura que electrificación es igual a electrocución", afirma Francesc. "Ha supuesto acabar con todas las técnicas tradicionales de ritmos. El campanero era capaz de producir una música muy variada, sin salirse del mensaje, para que no fuera aburrido. Las campanas eléctricas buscan el efecto contrario: unos ciclos muy cortos y repetitivos". Este antropólogo trabaja de mecánico de mantenimiento en la Compañía Telefónica Nacional de España por la mañana. Las tardes y fines de semana los dedica a sus campanas, y cuando puede se sube a una torre de iglesia de Valencia para perpetuar con un grupo de amigos el antiguo lenguaje -de las campanas obligadas a hablar a mano.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 11 de junio de 1984