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sábado, 13 de marzo de 1982
El proceso por la rebelión militar del 23 de febrero

El comandante Cortina adiestraba en los años sesenta a un grupo de acción guerrillera de tipo castrista

  • Existen sospechas de que se tratara de su primer trabajo como infiltrado de los servicios secretos

El comandante de Infantería José Luis Cortina, actualmente procesado por el fallido golpe de Estado del 23-F, adiestraba en Madrid, a comienzos de la década de los sesenta, a un grupo de acción guerrillera de ideología aparentemente castrista. Esta actividad desconocida de Cortina, en aquellas fechas recién salido de la Academia General Militar, ha sido revelada a EL PAIS por diferentes personas que en su día formaron parte del citado grupo y que hoy militan en la izquierda política. Las entonces supuestas inquietudes de José Luis Cortina, ya militar, y su posterior evolución política, a lo que se unen sus diferentes etapas en los servicios de la inteligencia española, hacen sospechar a estas personas de que aquella actividad podría haberse tratado de uno de sus primeros trabajos como agente secreto.

Según los diferentes testimonios recogidos por este periódico, a comienzos de la década de los sesenta tanto el hoy comandante José Luis Cortina, de 43 años, como su hermano Antonio, de 47 años, mantenían aún buenos lazos de unión con el Frente de Juventudes, organización que en aquellos tiempos sufría sus primeras disgregaciones a través de grupos de jóvenes que dentro de la propia estructura falangista evolucionaron hacia posiciones antifranquistas.Estos jóvenes, Muchos de los cuales militaron años después en partidos de ideología marxista, eran captados por los hermanos Cortina con objeto de formar parte de un grupo de acción guerrillera, adornado de una idea romántica del aventurerismo y plasmado de conceptos revolucionarios de la época, como el castrismo, el propio nasserismo o el modelo Ben Bella. El lugar de instrucción era la Casa de Campo, de Madrid.

Nunca tuvieron armas

El grupo no llegaba a las doscientas personas, y aunque nunca contó con armamento, era instruido fuertemente en aspectos de preparación física y métodos de supervivencia, todo ello completado con clases teóricas sobre el sistema autogestionario, doctrina que se recopilaba de documentos yugoslavos, israelíes o argelinos. José Luis Cortina era conocido con el sobrenombre de Restarazu, y su hermano Antonio, con el de Roncal.

La organización carecía de nombre, aunque entre sus componentes a veces se le denominaba La Familia. También era conocida, esta vez mediante la firma de panfletos que sus componentes lanzaban, como Fuerza Social Revolucionaria o La Abeja. Entre las personas que colaboraban con los dos hermanos se encontraban Fernando Cadarso Preciado, familiar de Antonio y uno de los testigos citados a declarar en el sumario del 23-F a petición de la defensa del hoy comandante Cortina, y Esteban Sierra Muñiz, también testigo, y residente en aquellas fechas en la localidad francesa de Lyon.

Precisamente, sobre Esteban Sierra, algunos testimonios coinciden en afirmar que se trataba del "tercer hombre fuerte" de la organización, quien desde Francia se encargaba de reconducir los contactos del grupo con el exterior. Posteriormente se llegó a comentar que hubo relaciones con organizaciones en el exilio como la que dirigía el líder republicano Julio Alvárez del Vayo o la llamada Tercera República.

Uno de los ex miembros del grupo, consultado estos días, comentaba que el contenido ideológico resultaba ya en aquellas fechas bastante confuso, aunque el paso del tiempo y el conocimiento en profundidad de otros pensamientos le hicieron sospechar de que podría haber sido manejado con fines desconocidos. En este sentido recuerda que José Luis Cortina era ya militar (teniente de Infantería), hecho esté que le chocaba, habida cuenta de que, al estar vinculado a este tipo de acciones, corría un fuerte riesgo, sobre todo ante sus propios superiores o la policía política, infiltrada en todos los estamentos.

Otra de las personas que ha contribuido a facilitar datos y pormenores sobre las actividades de José Luis Cortina indicaba que entre 1963 y 1964 la Guardia civil detuvo en Puertollano (Ciudad Real) a varios componentes del grupo. Sin embargo, pronto fueron puestos en libertad y no ocurrió nada. Este detalle, así como otros relativos a la instrucción física (los ejercicios se hacían sobre tablas de gimnasia de los marines norteamericanos), la presencia de un tanquista del Ejército en una de las marchas o el hecho de que entre los componentes figurara un ex boina verde, años más tarde en los servicios de seguridad de Manuel Fraga, son asimismo motivos de duda. Hay que decir que Antonio Cortina estuvo durante la década de los setenta muy vinculado políticamente a Fraga, del que de hecho resultaba un contacto cara a medios liberales o de la oposición. La vinculación de Antonio Cortina con los nucleos que posteriormente dieron origen a lo que es Alianza Popular fue otro aspecto en su día tenido en cuenta por varios de los antiguos seguidores de Restarazu.

Una tercera persona consultada se preguntaba. en este sentido, como era posible una evolución de estos hombres hacia la derecha en tan pocos años.

El grupo se disolvió principalmente porque para muchos de sus miembros existían ya alternativas de lucha antifranquista más coherentes y ajustadas a los pensamientos políticos convencionales. Nunca se distribuyeron armas ni se llevaron a cabo acciones concretas. Los hermanos Cortina, siempre según lo relatado, continuaron sus actividades, esta vez centradas principalmente en la teoría política y no en la, al menos, pronto interpretada como lucha utópica contra la dictadura.

El recuerdo de aquellas fechas ha venido a la mente de algunos de los que informaron a este periódico a raíz del procesamiento de José Luis Cortina en relación con el fallido golpe de Estado del año anterior y la aparición en los medios de comunicación de personas que, citadas recientemente como testigos para su defensa, eran asiduos colaboradores suyos en la década de los sesenta.

Pero las sospechas de que las intenciones del entonces teniente Cortina pudieran haber tenido como objeto manipular a un grupo de jóvenes que rozaban los veinte años llegan principalmente cuando, también a raíz de su procesamiento, se conoce que su carrera militar ha estado prácticamente vinculada a los servicios de la inteligencia militar, de la que llegó a ser, en su actual etapa como Centro Superior de Información para la Defensa (CESID), jefe de la Agrupación de Operaciones y Misiones Especiales, uno de los puestos más importante del espionaje español. Con anterioridad perteneció al extinguido Servicio Central de Documentación (SECED), de Presidencia del Gobierno, a cuyo frente se encontraba el hoy también procesado coronel José Ignacio San Martín.

Un hombre de saltos constantes

José Luis Cortina es, sin duda, un personaje de saltos constantes en los últimos años, si partimos de sus primeras actividades al salir de la Academia General Militar (las ya descritas) y cerramos el ciclo en su procesamiento por el 23-F, tres meses después de producirse el asalto al Congreso. Perteneciente a la 14ª promoción dé este centro militar, la misma que la del rey Juan Carlos, el comandante Cortina fue el primer encargado de la defensa del capitán Antonio García Márquez, procesado por su pertenencia a la Unión Militar Democrática (UMD), defensa a la que renunció posteriormente.

También fue un activo colaborador del Gabinete de Orientación y Documentación SA (GODSA), embrión de lo que es hoy Alianza Popular, de la que su hermano Antonio, funcionario del mutualismo laboral en excedencia y ex profesor de Formación del Espíritu Nacional y de Educación Física, fue consejero y director gerente, estos últimos cargos en fechas en que Fraga ocupaba una de las vicepresidencias y el Ministerio de la Gobernación del último Gabinete de Carlos Arias Navarro.

La instrucción de un grupo de acción guerrillera en la década de los sesenta, su interés por las corrientes revolucionarias de la época, su consolidación como hombre clave de los servicios secretos españoles, su inicial decisión de defender a un capitán de la UMD, la colaboración con GODSA y su posterior procesamiento por el 23-F, aunque niega su participación en el golpe, hacen de José Luis Cortina un hombre enigmático y de confusa trayectoria, al menos en lo que se refiere a lo que se ha publicado sobre su persona.

Muy unido a su hermano Antonio, al que, en junio de 1976, la desaparecida revista Cuadernos para el Diálogo le vinculaba al staff en Madrid del desaparecido general argentino Juan Domingo Perón y de su compatriota el prófugo José López Rega, tiene a su favor el reconocimiento de algunos de aquellos hombres con los que trabó amistad en los años sesenta a los que, según sus propios testimonios, visitó y a veces ayudó Restarazu, cuando se encontraban detenidos o perseguidos por el franquismo.

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