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Fracaso del Madrid en la Copa de Europa

«Tanto va el cántaro a la fuente...», dice el refrán. El Madrid no beberá más del agua del fútbol europeo durante esta temporada. El Grasshoppers, con un arbitraje discutido, se ha clasificado para los cuartos de final de la Copa de Europa. Ha podido más su ilusión y fe ciega en el triunfo que la mayor técnica, conformismo e historia del Madrid. Los madridistas han jugado un mal partido. La desilusión se ha cebado en los españoles de estas tierras que hablan el alemán como el árbitro del encuentro.La entrada de los jugadores madridistas en los vestuarios ha sido sonora, en voces, tacos, disgusto y rabia. La derrota ha sentado mal. La puerta del vestuario madridista ha sido rota en uno de sus cristales. Sudor y lágrimas de rabia reflejaban el rostro de los jugadores. Sus nervios -a flor de piel durante todo el partido- se han desbordado cuando ha finalizado el encuentro, cuando ya no había remedio. Los madridistas regresarán a España con radiocassette regalado por el Grasshoppers -su precio, seiscientos francos suizos, unas 30.000 pesetas- y una derrota que no tiene precio. El Madrid se acordará de los millones perdidos.

El Madrid perdió la eliminatoria en su campo, cuando la confianza le jugó una mala pasada. Demostró al Grasshopers que no era un enemigo peligroso. Por eso no le tuvo miedo. Anoche le arrinconó con garra, fuerza y velocidad. Todo el equipo respondió, pero Ponte fue el motor que le dirigió. Este jugador, de origen italiano. pudo con Guerini primero y después con Del Bosque. Fecha histórica la de anoche para el Grasshopers. Su mayor triunfo.

Los suizos iniciaron el partido con una velocidad endiablada. Se mascó el peligro en la portería de Miguel Angel desde el primer minuto. A los ocho minutos, Sulser conseguía el primer gol. Comenzó el calvario madridista. Su centro del campo estaba roto: no existía. Santillana y Juanito eran unas islas olvidadas. El Madrid ha bailado al son que le han marcado.

El Grasshoppers se ha merecido el triunfo y pasar a los cuartos de final. Ha superado a un Madrid desdibujado y falto de ideas y juego. El campeón español no tuvo remate; fue indeciso y falló en las entregas. Sus rivales se anticipaban; el Madrid fue lento. No se deshizo nunca de un marcaje correoso. El Madrid se despidió de la Copa de Europa con un bagaje demasiado corto.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 2 de noviembre de 1978

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