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'Phoenix' aterriza con éxito en Marte

La nave de la NASA buscará hielo en los polos del planeta rojo e indicios químicos de vida primitiva en una misión que durará tres meses

Tras un viaje de nueve meses, la sonda estadounidense Phoenix se ha posado con éxito en Marte esta madrugada -a la 1.53 hora española- para buscar hielo en los polos del planeta rojo e indicios químicos de una potencial forma de vida primitiva. La Phoenix, que fue lanzada el 4 de agosto de 2007, es la primera nave que se posa en el ártico marciano para una misión de tres meses.

Después de recorrer 679 millones de kilómetros, la sonda ha entrado en la alta atmósfera de Marte hacia las 01.31, a una velocidad de 21.000 kilómetros por hora, para iniciar un descenso peligroso antes de aterrizar suavemente siete minutos después, ha informado la CNN en directo desde el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL), en Pasadena, California.

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"Ha tocado superficie suavemente, de acuerdo con lo previsto", han indicado los responsables de la misión entre aplausos y el júbilo del equipo del JPL al comprobar que la nave había superado los denominados "siete minutos de terror".

Phoenix desplegó sus dos antenas solares unos 20 minutos después del aterrizaje, tras dejar reposar el polvo para evitar que manche los paneles solares. La primera imagen de enviada por la nave, una en que se mostraban sus antenas solares deplegadas, ha llegado a la Tierra dos horas más tarde.

Al igual que sus predecesores, la Phoenix ha usado un escudo térmico para frenar la velocidad de entrada en la atmósfera marciana. A continuación, a diferencia de otras sondas marcianas, la nave ha encendido sus cohetes retropropulsores que le han permitido posarse con suavidad sobre sus tres pies, en la región de Vastitas Borealis, llano circumpolar que correspondería en latitud, en la Tierra, al norte de Canadá.

Misiones fallidas

Desde el comienzo de la exploración de Marte en los años 70, el 55% de las sondas enviadas al planeta no lograron posarse en él. En diciembre de 1999, el ambicioso proyecto de la Mars Polar Lander se convirtió en desastre cuando perdió el control a gran altitud y se estrelló sin remedio. Nueve años después, la nave automática Phoenix rescata de las cenizas las aspiraciones espaciales al respecto y, tras investigar los fallos de la anterior misión, en principio existen más garantías de éxito, según ha explicado el número dos del proyecto actual, David Spencer.

Ahora, la Phoenix ha contado con mayores garantías en este aspecto y en otros muchos, como en el sistema eléctrico, lo que ha permitido un "viaje muy seguro y tranquilo" desde la Tierra hasta Marte. "Hemos hecho todo lo que podíamos hacer para asegurar que el sistema es lo más robusto posible, ha afirmado Spencer, si bien reconoce que "no hay garantías" para un aterrizaje complicado que puede dar al traste con años de tiempo y dinero.

La larga marcha de 'Phoenix'

El 4 de agosto de 2007 Phoenix fue lanzada al espacio desde Cabo Cañaveral (Florida, EEUU), a bordo de un cohete Delta II, con la misión de verificar la existencia de hielo cerca de la superficie.Otro de los objetivos era analizar las propiedades del material en contacto con el agua helada, determinar si el agua se ha derretido, supervisar el clima polar y el cambio de estaciones, y buscar en el hielo de Marte señales de vida.Con 350 kilogramos de peso, la cápsula Phoenix, debe el nombre al pájaro mitológico que renace de sus cenizas, ya que utiliza la estructura del Mars Surveyor Lander cancelada en 2001, después de que en 1999 la nave Mars Polar Lander se desintegrara en la atmósfera de Marte.Con energía proporcionada por sus propios paneles solares, la nave Phoenix con un brazo robótico de 2,5 metros para recoger muestras, medirá una vez apoyada en la superficie de Marte sobre sus tres patas, 5,50 metros de un extremo a otro.La misión Phoenix tiene un coste de 420 millones de dólares y es una colaboración internacional en la que participan el JPL y la estadounidense Lockheed Nartin Space Systems en la dirección del proyecto, y la Universidad del Estado de Arizona, en colaboración con la Agencia Espacial canadiense, el Instituto alemán Max Planck, y las Universidades suizas de Neuchatel y Basilea, y de Copenhague en la dirección científica.

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