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UN TOQUE | Alemania 2006 | Italia-Australia
Columna
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¿Por qué viniste, Arrigo?

Hace dos días compré La Gazzetta dello Sport. En portada, dos entrevistas. En una, el ultimo técnico campeón: Enzo Bearzot. En la otra, el último técnico finalista: Arrigo Sacchi. El campeón decía: "Giocare bene conta poco". El finalista decía: "Giocare bene è la medicina". La misma historia. El mismo debate. Aquí y en todas partes del mundo. ¿Por qué narices tuvo que aparecer Sacchi en un sitio donde nadie le había citado? ¿No habían ganado sin él tres Mundiales? ¿No eran felices sin debate? Con esa cultura cattenaccistica, ¿por qué vino un contracultural a romper esa cultura?

Tuve la suerte de ser entrenado por Fabio Capello. Un día nos dijo que en un mundo donde nadie se atreve a tomar decisiones él las toma.Y que eso era lo que mejor sabía hacer. Y las tomaba en función de lo que sentía. De cómo entendía su fútbol. Recuerdo mis primeros días de vida con él. Los equipos italianos, en Europa esos años, no ganaban nada. Eran los españoles (Real Madrid) los que se llevaba la orejuda. Y varias veces. Pues en mis primeros días oía que el entrenador italiano repetía una y otra vez que o se dejaba de lanzar pelotazos y se empezaba a jugar como lo hacían los españoles o nunca más el país de la pizza y hoy de Moggi volvería a ganar nada. Fue en las primeras semanas. Y en las siguientes. Pero no más. ¿Hasta cuándo duró el mensaje? Hasta las primeras derrotas. El lugar donde se ponen a prueba las convicciones. No hay otro. En ese momento, Fabio Capello empezó a tomar decisiones (lo hace como nadie) y a tomarlas como él las siente. Como él siente el fútbol. A la manera que le ha convertido en el entrenador que más ha ganado en Italia. El entrenador vincente. A la italiana. A la que todos conocemos. A la de los tres Mundiales. Carletto Mazzone, mi entrenador en Brescia y mi padre italiano, un día hablando sobre el fútbol español y el italiano, hablando de miserias y maravillas de uno y otro, de repente me suelta: "Ao, Pepe, a ver si nos entendemos: ¿cuántos Mundiales tiene España? Nosotros, tres. Y vosotros? Ante tal irrefutable argumento numérico, me levanté, le abracé, le felicité y me fui a hacer no sé qué. ¿Qué quería? Ingenuo de mí. ¿Convencerle para que jugara como a mí me gusta? Ao, Pepe, dejemos que los italianos jueguen a la italiana.

Han ganado todo de esta manera. Con el "palla lunga e pedalare" (pelotazo y a correr). Así de tranquilos vivían y ganaban y ganaban y ganaban hasta que llegó Sacchi y... empezaron a discutir.

Ayer volvieron a ganar. Y ya están en cuartos. Se juntaron en su área con maravillosos defensores. Lo hicieron cuando estaban todos. Lo hicieron más cuando no estuvieron todos. Esperaron que alguien les atacara. Y Australia, un poco, lo hizo. Hasta que, llegado el momento, su jugador franquicia, ayer fue Totti (grabar vídeo para enseñar cómo se lanza un penalti con presión), ordenara el contraataque y, obedientes y ordenados, siguiendo las instrucciones, golpearon donde más duele. Esperando que el señor salga de casa para que el ladrón entre a robar. Hiriendo para acabar matando. Así viven y así ganan. Y no hay discusión. Ya no hay debate.

Hasta que un día pierden. Aunque no lo parezca. Y es allí donde Sacchi vuelve a aparecer. Le dejan. Y empieza el discurso que él siente. Y dice cosas como: "De la posible unión de las virtudes de los españoles y los italianos saldría la selección invencible". Y se lo consienten. No por generosidad. No por amistad. Solo porque Sacchi, un día, también ganó. ¡Y cómo! ¡Uf!

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