Récords, gritos y jugadores de hockey: claves del discurso sobre el estado de la Unión de Trump
La intervención del presidente de Estados Unidos estuvo marcada por su foco en la política interna y por una descripción inexacta de la marcha de la economía


Donald Trump ofreció este martes en el Capitolio el primer discurso sobre el estado de la Unión de su segunda presidencia, durante el que describió un país que “no puede dejar de ganar“, en un intento de recuperar el control del relato cuando faltan algo menos de nueve meses para las elecciones legislativas de medio mandato. En ellas se renueva la totalidad de la Cámara de Representantes y un tercio del Senado, y las encuestas no son buenas para los republicanos. A continuación, las claves de una intervención que estuvo llena de la retórica y reñida con la verdad:
Discurso enfocado en la política interna
Trump ya había avisado el día anterior de que tenía preparado un discurso extenso. Eso hizo que Washington se preparara para una noche larga, que acabó en récord. Con 108 minutos, la intervención del presidente de Estados Unidos batió la marca de Bill Clinton en el año 2000. Trump dedicó 75 de esos minutos exclusivamente a la política nacional, antes de viajar al extranjero: a Venezuela, México y América Latina, los países de la OTAN e Irán. Esto último se hizo de rogar, sobre todo teniendo en cuenta que los estadounidenses están impacientes por saber si el presidente está dispuesto a meterlos en una nueva guerra.

Una visión sesgada de la economía
No solo el presente más brillante; también, la herencia más oscura. Haciendo honor a su tendencia a la exageración, Trump alardeó de la buena marcha de la economía. El magnate neoyorquino ganó las elecciones de 2024 presentándose como el salvador de la economía tras un periodo de alta inflación y pérdida de poder adquisitivo de los hogares. Este martes dijo: “Esta es la época dorada de Estados Unidos. La última vez que hablé en esta Cámara, hace 12 meses, acababa de heredar una nación en crisis, con una economía estancada, una inflación récord…”.
En realidad, recibió de la Administración Biden una economía que crecía a un ritmo del 2,8%, seis décimas más que el primer año de su regreso a la Casa Blanca. Y recibió un mercado laboral que creó 2,1 millones de empleos, cerca de dos millones de contratos más que durante los primeros 12 meses del republicano.
También se ufanó el presidente de haber resuelto el problema de la asequibilidad, que solo citó una vez pese a que figura entre las primeras preocupaciones de los hogares estadounidenses. Trump enumeró algunos productos que se han abaratado, como los huevos, el pollo, la mantequilla, la fruta, los hoteles, los automóviles y el alquiler, e incluso la carne de res. Pero olvidó mencionar que los precios apenas se relajaron dos décimas el año pasado, hasta el 2,7%, por la tensión añadida de los aranceles.
Ataques constantes a los rivales
Trump defendió que los republicanos merecen dos años más de control del Congreso, que se juegan en las urnas en noviembre. Si durante la primera parte de su discurso, que dedicó a la economía, se dirigió sobre todo a su bancada, el punto de inflexión fue una interpelación directa a la oposición: “Esta gente está loca”, dijo sobre los legisladores demócratas, a los que afeó que votaran contra sus medidas migratorias. “Los demócratas están destruyendo este país, pero lo hemos detenido justo a tiempo”, se jactó.
El presidente apuntó repetidamente a sus rivales por ser antiamericanos y actuar supuestamente contra los intereses del país, en un viraje discursivo que confirmó el tono cada vez más partidista del discurso anual. Los demócratas permanecieron en sus asientos, irritando visiblemente a Trump, mientras que los republicanos se ponían repetidamente de pie, siguiendo a J. D. Vance y Mike Johnson, para aplaudirle.

La defensa de los demócratas
Los demócratas se dividieron entre los que optaron por una protesta a las puertas del Capitolio, en una noche con temperaturas gélidas, y los que asistieron a las palabras de Trump desde el hemiciclo. A estos, sus líderes en el Capitolio les pidieron que respondieran con silencio al discurso del presidente. No siempre cumplieron con esa intención.
Algunos demócratas, como los representantes Al Green, Ilhan Omar y Rashida Tlaib, respondieron de viva voz a Trump. Al Green fue desalojado por exhibir un cartel que ponía: “Los negros no son monos”, en alusión a la grosera caracterización que el presidente hizo, inteligencia artificial mediante, de Barack y Michelle Obama como simios.
Las legisladoras musulmanas Omar y Tlaib acabaron abandonando el hemiciclo, no sin antes refutar a gritos algunas afirmaciones de Trump, como cuando acusó a los somalíes de Minnesota de un fraude multimillonario (“¡Es mentira!”, gritó Omar, que pertenece a esa comunidad) o cuando se jactó de haber puesto fin a la guerra en Gaza (“¡Genocidio!”, le corrigió Tlaib).

Todos los invitados del presidente
Es tradición que los presidentes (y también la oposición) inviten a decenas de ciudadanos a que asistan a sus discursos sobre el estado de la Unión. A través de ellos, los inquilinos de la Casa Blanca lanzan un mensaje sobre sus prioridades. Trump no fue una excepción.
En su lote había familiares de víctimas de crímenes terribles, veteranos de lejanas guerras y militares que fueron condecorados, como Eric Slover, piloto de helicóptero que participó en la operación militar que acabó con la detención en Caracas del presidente de Venezuela Nicolás Maduro. También destacaron los miembros del equipo masculino de hockey sobre hielo de Estados Unidos, que entraron en la tribuna con sus medallas de oro conseguidas este fin de semana en los Juegos Olímpicos de Invierno. El equipo femenino había sido supuestamente invitado también por Trump, pero sus componentes declinaron asistir.
Casi todos los presentes en la sala, incluso los jueces del Tribunal Supremo y la bancada demócrata, se levantaron y aplaudieron a los deportistas, que hicieron su entrada justo cuando Trump acababa su larga lista de logros asegurando que los estadounidenses “cada vez ganan más y seguirán ganando”. Entre bromas con los olímpicos, anunció que próximamente concederá a Connor Hellebuyck, guardameta de la selección, el más alto honor civil del país: la Medalla Presidencial de la Libertad.
El órdago de los aranceles
La clave de bóveda de la política económica de Trump, la ofensiva arancelaria contra el resto de países del mundo, sufrió un revés inesperado la semana pasada por parte del Tribunal Supremo. Y el presidente, acostumbrado a negar sus derrotas, trató de restar importancia al varapalo durante su discurso del estado de la Unión, donde dobló la apuesta por su agresiva política comercial. El republicano está intentando reconstruir la muralla arancelaria que levantó en abril del año pasado, mientras crecen las dudas y el desconcierto entre sus socios comerciales.
Tras la sentencia del Supremo del pasado viernes, que declaró inconstitucional gran parte de los gravámenes, el inquilino de la Casa Blanca aprobó una tasa universal del 10%. Durante su discurso dijo que no necesitará la aprobación del Congreso, pese a que la Sección 122, la normativa que ha invocado para restituir los aranceles, obliga a pasar por el filtro del Congreso en el plazo de 150 días.
“[Los nuevos aranceles] Son un poco más complejos, pero probablemente mejores, lo que conducirá a una solución aún más sólida que la anterior”, dijo en una extraña forma de reconocer que la opción anterior no era la adecuada. Además, en un tono triunfalista, dijo que los aranceles podrán reemplazar al impuesto sobre la renta, algo muy improbable puesto que la Administración logró ingresar unos 300.000 millones con los gravámenes a la importación, casi una décima parte de los que recauda con el impuesto sobre la renta (algo más de 2,4 billones de dólares).
Irán, ¿ataque o no ataque?
El presidente estadounidense aprovechó su discurso para plantear las razones por las que podría acabar dando luz verde a un ataque militar contra Irán, pese a que numerosos expertos advierten del riesgo de una operación que podría degenerar en un conflicto prolongado y sangriento que se extendiera a otros puntos de Oriente Próximo.
Con duras palabras para Teherán, Trump acusó a ese régimen de retomar una y otra vez su programa nuclear, de haber fabricado misiles de largo alcance que ya pueden golpear a Europa y de buscar el desarrollo de proyectiles intercontinentales capaces de llegar a territorio estadounidense. “Como presidente, apostaré por la paz donde pueda; pero nunca dudaré en enfrentarme a las amenazas contra Estados Unidos donde tengamos que hacerlo”, dijo en su intervención.

Venezuela, el gran logro en América
Trump dedicó buena parte del bloque de política exterior de su discurso a la operación en la que el ejército estadounidense capturó al presidente venezolano, Nicolás Maduro, el 3 de enero, y elogió a la Venezuela poschavista:“Nuestra nueva amiga y socia”, dijo.
El republicano se refirió a Maduro como uno de los “sicarios más siniestros” y afirmó que su desaparición de la escena política ha permitido abrir una nueva etapa en la que Estados Unidos ya ha comenzado a explotar el petróleo del país sudamericano. Y en la que los presos políticos comienzan a quedar liberados: uno de los momentos más emotivos de la noche ha sido la comparecencia por sorpresa en el Capitolio del excandidato presidencial venezolano y expreso político Enrique Márquez.
El fin del narco más buscado
En un discurso en el que ha alabado la “dominación” que ejerce Estados Unidos en América Latina, Trump también se ha atribuido, al menos en parte, el mérito de la operación de las fuerzas mexicanas que mató al narcotraficante considerado el más peligroso del país: Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho. “Hemos eliminado a uno de los más siniestros líderes de los carteles, como todos vieron ayer”, ha afirmado Trump, sobre la operación que se llevó a cabo en realidad el domingo.
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