Gestión forestal para que un desierto no se llame España

Para fortalecer el sumidero natural de CO₂ y frenar la desertificación hacen falta cantidad y calidad de árboles. Más bosques, pero sobre todo mejor mantenidos, porque reforestar sin más puede ser una tarea inútil

El Mapa de Condición de la Tierra calcula en un 20% el territorio español “degradado”, es decir, precario en productividad y materia vegetal o biomasa.
El Mapa de Condición de la Tierra calcula en un 20% el territorio español “degradado”, es decir, precario en productividad y materia vegetal o biomasa.Getty Images/iStockphoto
Juan Pablo Zurdo

Cuantos más árboles plantemos, mejor. ¿Seguro? Esta afirmación no es del todo cierta porque podemos desertificarnos y reforestarnos al mismo tiempo. Veamos.

Tres cuartas partes de España son áridas, semiáridas o sub-húmedo secas, se ven pardas desde un satélite y corren el riesgo de perder su ya escasa capa fértil. Si ocurre, como con cualquier organismo vivo, no existe resurrección. El Colegio Español de Geólogos acaba de calcular una media de 3.000 toneladas de suelo perdido por erosión… cada minuto.

El Mapa de Condición de la Tierra calcula en un 20% el territorio español “degradado”, es decir, precario en productividad y materia vegetal o biomasa. Otro 14% está peor, son terrenos aún más pobres o “en estado terminal de degradación”. Y sed. Aquí menguan siete de las diez cuencas hidrográficas europeas con mayor sequía crónica.

Actividad humana

La desertificación tiende a avanzar por una colección de motivos: falta de lluvia, incendios, sobreexplotaciones agrarias e hídricas (WWF calcula en medio millón los pozos ilegales), urbanización salvaje… Y la parte del calentamiento global causada, según el consenso científico, por los gases de efecto invernadero que despide la actividad humana. Y que solo la actividad humana en la misma escala, de lo personal a lo colectivo y en sentido contrario, el sostenible, puede frenar.

La superficie forestal en España creció un 34% entre 1990 y 2019, tanto por la plantación como por el avance espontáneo del bosque sobre pastos y cultivos abandonados.

Sin embargo, mientras crecía la amenaza de desertificación, la superficie forestal aumentaba: un 34% entre 1990 y 2019, tanto por la plantación como por el avance espontáneo del bosque sobre pastos y cultivos abandonados. Nos cobija la sombra de unos 7.000 millones de árboles.

¿Por qué esta aparente contradicción? Porque la plantación indiscriminada o el avance espontáneo, cuando no reciben mantenimiento, vuelven yesca esa masa forestal densa, continua, sin cortafuegos. “Si en un año se queman 10.000 hectáreas, pierdes mucho más de lo que has plantado”, apunta Eduardo de Miguel, director gerente de Fundación Global Nature. En este caso, el bosque no deja ver los árboles.

Miguel Ángel Ortega, presidente de la Asociación Reforesta, describe de forma gráfica ese raquitismo vegetal: “Endebles tronquitos de roble que ni siquiera son árboles distintos, sino diferentes tallos de una misma cepa”.

Enfoque preventivo

Los bosques protegen el suelo, revitalizan la biodiversidad, generan trabajo y arraigo, alimentan los sistemas hídricos y absorben el 24% de las emisiones totales en el país, según la Sociedad Española de Ciencias Forestales.

Para no pagar caro el lujo de desaprovechar este potencial, según Global Nature y Reforesta, más nos vale “criterio, conocimiento, gestión”. De qué vale la siembra de un bosque entero si no se cuida y encima sirve para justificar el relajo frente a otras causas de la desertización.

Una buena gestión de los ecosistemas necesita de la cooperación público-privada.
Una buena gestión de los ecosistemas necesita de la cooperación público-privada. iStock

La buena gestión de los ecosistemas es tan necesaria como compleja. Por un lado puede aconsejar no plantar pino halepensis en estepas que son valiosas precisamente por ser estepas, como las zonas yeseras del Tajo y el Tajuña, y, por otro, exige plantar especies autóctonas más resistentes al cambio climático. “Necesitamos saber cómo va a variar la composición de especies, qué enfermedades van a atacar, si hacen falta bosques más abiertos o más cerrados, con qué tipo de pastoreo…”, añade De Miguel.

Una tarea así, de calibre nacional y global, necesita cooperación entre iniciativas públicas y privadas, lo pide a menudo la Unión Europea. Algunas multinacionales ya aplican este modelo preventivo asesoradas por especialistas forestales.

Encinas, pinos y árboles biónicos

Toledo es una de las provincias más nostálgicas del verde con solo un 24% de superficie boscosa, cuando la media nacional es el 37%. La compañía farmacéutica Novartis la ha elegido para compensar parte de sus emisiones y, junto con Reforesta, Global Nature y el Ayuntamiento de Madridejos, comenzó en noviembre de 2020 a sembrar 3.000 encinas y pinos piñoneros protegidos por vallas en la Sierra de Valdehierro. Con una visión de largo plazo: financia el mantenimiento, la gestión y la evaluación del nuevo bosque durante el periodo crítico de los tres primeros años.

Los bosques protegen el suelo, revitalizan la biodiversidad, generan trabajo y arraigo, alimentan los sistemas hídricos y absorben el 24% de las emisiones totales en el país, según la Sociedad Española de Ciencias Forestales.

“Esperamos contribuir a los millones de árboles que permitan liberar oxígeno, frenar la pérdida de biodiversidad y proteger la flora y la fauna”, destaca Begoña Gómez, directora corporativa de Comunicación y RSC del Grupo Novartis en España.

¿Si además de plantar se inventa una especie nueva? La compañía aplica su experiencia química en la investigación de árboles biónicos que no solo capturan sino que transforman el CO₂ en oxígeno a partir de las algas.

Por su parte, BBVA organiza jornadas de plantación en entornos críticos como el granadino Parque de las Canteras, donde la extracción de áridos dejó vista la roca madre, o la Reserva de los Galachos, en Zaragoza, para recuperar sotos de los meandros del Ebro arrasados por las crecidas o la roturación agrícola. Encinas, acebuches o sauces, y otras especies menos mentadas como taray, cornejo o cornicabra.

Novartis sembró 3.000 encinas y pinos piñoneros protegidos por vallas en la Sierra de Valdehierro
Novartis sembró 3.000 encinas y pinos piñoneros protegidos por vallas en la Sierra de ValdehierroiStock

“No solo elegimos los proyectos de reforestación para evitar o eliminar CO₂, también para contribuir al desarrollo de las comunidades locales y vincular a nuestra plantilla a través del voluntariado”, explica Ana Herrero Prada, responsable de Sostenibilidad de Inmuebles y Servicios del Grupo BBVA. Los voluntarios plantan, pero también riegan, mantienen y limpian.

El millón de nuevos árboles en el mundo, cada año, al que se compromete la empresa de transporte DHL incluye Navacerrada (Madrid) o el Parque Natural de Sant Llorenç del Munt i ´l´Obac (Barcelona) para afianzar su corredor ecológico. En 2019, la compañía se propuso plantar un árbol por cada entrada vendida en la gira internacional de Bryan Adams. “Los bosques nos protegen de muchas maneras, la captura de CO₂ para mitigar el calentamiento es solo uno de los muchos servicios ecosistémicos que nos proporcionan”, apunta Nuno Martins, Director Marketing & Comunicación de DHL Express España.

Más de 60.000 ejemplares plantados en Castilla-La Mancha junto con agricultores locales para mejorar la calidad del suelo y protegerlo de la erosión: es el Pur Projet, copatrocinado por Hoteles Accor. “Siembran frutales de cáscara como almendros o pistachos en cultivos ecológicos y plantan árboles y arbustos en setos, linderos y pequeños bosquetes isla. Son retazos y refugios de animales entre cultivos agrarios”, explica Rebeca Ávila, directora de RSC de la multinacional en Europa sur.

Esperamos contribuir a los millones de árboles que permitan liberar oxígeno, frenar la pérdida de biodiversidad y proteger la flora y la fauna
Begoña Gómez, directora corporativa de Comunicación y RSC del Grupo Novartis en España

Accor conecta reforestación y negocio: la financiación sale “de los ahorros generados en la lavandería gracias al uso responsable de las toallas por parte de los clientes para reforestar zonas cercanas a los hoteles”.

Un billete, un árbol

También efectúa esa conexión la aerolínea Air France-KLM en campañas como Un billete, un árbol. “La reforestación —explica el director general para España y Portugal, Boris Darceaux— desarrolla el empleo y nuestra calidad de vida, pero también fomenta vínculos sociales, tanto globales como intergeneracionales, mediante la transmisión de un patrimonio simbólico vivo y duradero. Por eso proponemos a nuestros clientes individuales y corporativos compensar sus emisiones de CO₂ de manera voluntaria en diferentes proyectos de reforestación”.

Air France-KLM propone a sus clientes compensar sus emisiones de CO₂ en proyectos de reforestación.
Air France-KLM propone a sus clientes compensar sus emisiones de CO₂ en proyectos de reforestación.iStock

¿Con qué resultado en la península? Casi 22.000 árboles de especies autóctonas en zonas castigadas de Madrid, Navarra, Palencia, Cataluña, Levante y Andalucía.

El poderío de Fundación Repsol invierte en Sylvestris, “especialista en reforestación de calidad, gestión forestal y proyectos de absorción de CO₂ que aglutina un tercio de los cerca de 60 nuevos bosques registrados en la Oficina Española de Cambio Climático”, explica la multinacional. “Hacemos seguimiento para afianzar la conservación de las especies plantadas y reponemos las marras [plantas muertas] si es necesario”, junto con otras iniciativas como la reforestación de áreas carbonizadas en Flix (Tarragona) y Muskiz (Vizcaya) o la repoblación del monte urbano de La Atalaya en Cartagena (Murcia).