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Tren interoceánico
Columna

Por el bien de todos, primero el chofer

La investigación del accidente del Tren Interoceánico que dejó 14 y casi un centenar de heridos, no ha logrado generar credibilidad, pero sí indignación

Entre lo que podríamos llamar “usos y costumbres” de las autoridades judiciales en nuestro país está la de culpar al “chofer”. Que se accidenta la pipa con gas y explota, se procede a culpar al chofer; que se descarrila el tren, es culpa del conductor. La fiscal Godoy parece sentirse cómoda con esas acusaciones que recaen en los más vulnerables de la cadena de responsabilidad; gente que, al fin y al cabo, no tendrá abogados competentes que le ayuden. Como en el juego de Clue (también conocido como “¿Quién es el culpable?”), Ernestina Godoy lanza sus primeras cartas acusando al chofer que conduce el vehículo que fuese. Así de sencillo: ¿quién chocó? Pues el que manejaba, así que rapidito para la cárcel.

La investigación del accidente del Tren Interoceánico que dejó catorce muertos y casi un centenar de heridos, no ha logrado generar credibilidad, pero sí indignación. Fue como todo en la 4T: lento y fallido. Son múltiples los señalamientos que se han hecho sobre esa obra orgullo del lópezobradorato: la compra de vagones viejos, los amigos de los hijos del presidente como proveedores de material delicado y otras denuncias de carácter técnico respecto a la puesta en marcha de ese tren incluida la participación de un hijo de López Obrador como “asesor honorífico” del proyecto ¿Qué podía salir mal? Pero claro, desde un principio la tapadera mayor optó por deslindar al señor López Beltrán como si fuera esa la encomienda principal para investigar. Una vez dada la señal de la impunidad, se procedió a la investigación que ha concluido con el señalamiento oficial sobre el chofer homicida.

Además de anomalías que van desde la carencia de equipos de emergencias como sistemas contra incendios, la falta de velocímetro —lo que supone que evitaba que el conductor pudiera saber a qué velocidad conducía—, la compra de vagones usados hace décadas y del uso de vías de carga en lugar de pasajeros, la propia investigación de la FGR menciona que tanto el maquinista como el conductor, no tenían su licencia ferroviaria vigente.

Es el colmo. Ni siquiera eso se supervisa. La responsable es ni más ni menos que la Marina Armada de México. El Secretario de Marina dio una de las declaraciones más tontas de lo que va del sexenio: dijo que las licencias vencidas “no eran la causa del descarrilamiento”. Qué tranquilidad. No cabe duda que todo se pega.

En su afán destructivo, los gobiernos de la cuarta transformación han terminado por reventar lo que medianamente funcionaba: el Ejército la hace de empresa hotelera y la Marina administra trenes. Los que no fallaban por dedicarse exclusivamente a lo suyo son ahora un amasijo de problemas. La Marina está metida desde el tráfico de huachicol hasta el descarrilamiento del Tren Interoceánico.

Tener a la fiscal que deseaba debe ser una tranquilidad para la presidenta en ocasiones, pero en otras, como esta, será un dolor de cabeza. Habrá que esperar que sigan las investigaciones para saber si Godoy mete a la cárcel al personal de limpieza y a los veladores de las bodegas del tren, que seguro algo tuvieron que ver o por lo menos conocían al conductor, lo que los hace sospechosos.

Por lo pronto, si estaba en cuestionamiento un hijo de Andrés Manuel López Obrador, los proveedores consentidos de la familia, la improvisación generalizada del gobierno anterior y al frente la Marina de México, pues había que rescatarlos con una frase: Por el bien de todos, primero el chofer. De hecho, ya está en la cárcel.

@juanizavala

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