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Citlalli Hernández: “Fui dirigente de Morena y estoy convencida de que en todos los partidos hay machismo”

La primera secretaria de las Mujeres en la historia de México habla del vertiginoso primer año de trabajo y de los retos que afrontan para el resto del sexenio

Citlalli Hernández en su oficina, en Ciudad de México, el 16 de febrero 2026.Vanessa Nieves Vazquez

De los muros de las oficinas gubernamentales de todo México cuelgan los retratos de una mujer: Claudia Sheinbaum, la primera mujer presidenta en la historia del país. Aunque ya no es novedad para nadie, mirar los cuadros, dibujos o grabados de la mandataria rompe con un relato nacional de siglos, en los que la democracia tenía siempre el rostro de un hombre. Ha pasado más de un año desde que Sheinbaum anunció la creación de la Secretaría de las Mujeres y el nombramiento de Citlalli Hernández para que la liderara.

Tras este vertiginoso periodo, Hernández hace un corte de caja en el que asoman los logros alcanzados y una larga lista de pendientes. También una reflexión sobre los casos que más influyeron en su proyección pública, como el episodio de acoso que sufrió la propia Sheinbaum en noviembre pasado, o aquel 25 de marzo, cuando el Congreso rechazó la petición de la Fiscalía para que el diputado morenista Cuauhtémoc Blanco fuera desaforado y con eso evitaba enfrentar una acusación por presunto abuso sexual.

Con más de tres décadas de carrera política, y negando rotundamente que vaya a dejar el despacho próximamente, Citlalli Hernández habla sobre estos más de 12 meses al frente de una institución a la que le ha tocado dar forma desde cero.

Pregunta: ¿Cómo califica este primer año de trabajo?

Respuesta: Diría que es el inicio. Se sentaron las bases, por un lado, de una institución nueva y, por otro, de las primeras grandes acciones que la presidenta nos encargó para este sexenio, pero que en general son políticas públicas que buscamos que trasciendan. Por ejemplo, que una institución no solo tenga en su labor el tema de garantizar la igualdad sustantiva, sino también la prevención, la atención de las violencias. Hemos hecho contacto prácticamente con todas las autoridades de los tres niveles de Gobierno. Hay varias acciones de la secretaría que comienzan a verse y se transformaron hacia una nueva etapa. Lo que buscamos es que lleguen mucho más directo y más abajo a las mujeres de a pie que más lo necesitan. Fue el inicio que nos permitió pulsar los retos más fuertes, digamos, a corto, mediano y largo plazo.

P: ¿Cuáles son esos retos?

R: El primer año trabajamos muy cerca de los gobiernos estatales, pero creemos que es necesario trabajar todavía mucho más cerca de los municipios. Involucrar con la misma fuerza a los tres niveles del Gobierno. Ya tenemos un primer ejercicio, los Centros LIBRE (Libertad, Igualdad, Bienestar, Redes y Emancipación), por ejemplo. Para nosotras es la primera política pública destinada a las mujeres, con esa colaboración. El otro reto que encontramos es lo aceitado que está el sistema patriarcal, no solo en la sociedad, sino en algunas estructuras. Por ejemplo, garantizar más y mejor procuración de justicia cuando implica la actuación de la Fiscalía o la falta de perspectiva de género de un juez, o de una jueza; las resistencias, todo el entramado que existe en algunos tribunales locales, donde lamentablemente nos encontramos decisiones equivocadas fuera de la ley. Y yo diría que el mayor reto, que es permanente, es lograr que lo que hacemos no se quede solo en la acción de Gobierno o de autoridades, es decir, que la sociedad abrace este tiempo de mujeres. Es muy doloroso mirar, escuchar, atender todos los días casos de violencia y saber que hay una urgente necesidad de cambio cultural.

P: Usted ha señalado que los hombres también tienen que hacer su parte. ¿Cómo ha sido su diálogo con los que tienen poder?

R: Afortunadamente, los últimos años de mi vida he tenido diálogos con hombres de poder que no necesariamente entienden muchas veces nuestra posición de desigualdad, de exclusión estructural que vivimos, sin victimizarnos. La imagen que existe sobre mí ya es muy clara, no siempre seré suave en lo que digo. Entonces, el diálogo con fiscales, con presidentes de tribunal, gobernadores, legisladores, siempre muy respetuoso, ha sido tratando de que entiendan la relevancia de estos temas, porque cuando hablamos de la agenda de las mujeres, en la historia, ha sido una agenda secundaria. La fuerza de la presidenta en sí misma ayuda muchísimo porque ha dejado claro que todo lo que ella dice y conduce como mandataria es un tema de interés. El diálogo es mucho más sencillo porque se sabe que esta no es una secretaría menor.

P: Sin embargo, ciertas decisiones, cuando bajan hasta quien legisla y a los hombres que lideran esas estructuras, no trascienden. O derivan en casos como el cobijo al diputado Cuauhtémoc Blanco o ante las presuntas violaciones denunciadas contra Félix Salgado Macedonio.

R: Yo pienso que hay lentes machistas en la opinión pública, estoy convencida de eso. En el caso de Félix, que además me tocó como dirigente del partido, fui una de las voces que públicamente dijo que el simple señalamiento y el ruido que se generó alrededor de una acusación tan seria de violación a Félix Salgado Macedonio nos tenía que llevar en Morena a tomar otra decisión en la candidatura. Esa fue mi opinión, la de Malú Mícher y la de varias mujeres dentro del partido. Sin embargo, en esta óptica machista que existe en la discusión pública, nuestras voces no existieron. Y entonces Morena avaló, Morena calló, por las decisiones que tomaron algunos hombres, como en ese momento el dirigente del partido, que era un hombre.

Y en el caso de Cuauhtémoc Blanco, algo similar. Yo conozco muy bien la dinámica legislativa y el ejercicio de conducción de Ricardo Monreal como coordinador, porque él fue mi coordinador en el Senado. Y como dije también públicamente, pienso que ante una acusación de violación y la necesidad de desaforarlo para atender, ahí sí, a diferencia de Félix Salgado -donde no hay ningún proceso en marcha-, el caso de una víctima, me parece que quienes fueron los vocales de ese proceso de desafuero fueron hombres: los coordinadores de los grupos parlamentarios, los presidentes de las comisiones. En esta resistencia y en este machismo, hay un disfrute cuando se le carga el costo a las mujeres. La decisión que se tomó fue en carga a la presidenta, a la secretaria de las mujeres, a las diputadas. Por eso, es importante que las mujeres en el ejercicio del poder sepamos explicar lo que hacemos y que vayamos agrupándonos cuando hay decisiones de este tipo, porque en los dos casos pareciera que no existimos, que no dijimos nada. Soy militante en la Cuarta Transformación, fui dirigente de Morena, y estoy convencida de que en todos los partidos, en los espacios donde hay hombres, hay machismo y violencias, y tenemos que combatirlas.

P: ¿Cómo le llegan esos casos de violencia y cuándo se posiciona públicamente?

R: Llegan por varias vías. Directamente a la secretaría, vía telefónica, por correo electrónico, en redes sociales, me etiquetan en TikTok, en Instagram, en X, en Facebook. Llegan a la presidenta, a Palacio Nacional, y ella nos las remite a través de su área de atención. Estamos en presencia territorial, entonces también hay mujeres que se acercan. Me llegan a mi WhatsApp. Incluso llegan antes que a las propias secretarías o institutos de las mujeres de los Estados. En el primer año nos llegaron, de todas estas vías, cerca de 4.000 casos, solo para nosotros. Y nos posicionamos públicamente cuando necesitamos mandar un mensaje a alguna autoridad estatal, de que estamos en el tema. O cuando está muy viral en redes sociales y creemos que es importante que se sepa que estamos atendiendo el caso. Realmente son muy pocos los casos en los que nos hemos posicionado públicamente.

P: ¿Sigue pensando que gran parte de la culpa de que haya procesos de violencia machista atendidos de forma incorrecta estaban en el Poder Judicial?

R: El mayor reto está en lo local. Cada que un proceso de denuncia llega a un ministerio público o a una fiscalía, se judicializa por un juez o una jueza local, sobre todo en la mayoría de los delitos del fuero común, y ahí es donde encontramos este sistema aceitado para la injusticia, no solo en el caso de las mujeres. Yo lo sostengo: el Poder Judicial es el poder que más le debe a las mujeres, porque se enfrentan a revictimización, a malas defensas, a una minimización de violencia y eso suele inhibir para que una mujer inicie su denuncia o continúe con ella. Hemos encontrado jueces y juezas muy insensibles, pero además fuera de toda lógica jurídica.

P: La propia presidenta fue acosada, ¿en qué está la estrategia nacional presentadas?

R: Nos reunimos con todos los congresos locales, tanto con las presidentas de la comisión de género e incluso les pedimos a los gobernadores y gobernadoras, que al final son quienes publican las leyes, que nos mandaran a alguien de su secretaría de gobierno o a su consejería jurídica. Todos los gobernadores y gobernadoras están al tanto y están dentro. Lo que queremos también es homologar todas las leyes de protección a las mujeres en todos los congresos porque, tristemente, no es lo mismo ser mujer en Ciudad de México, y ser una mujer en Aguascalientes.

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