El tortuoso camino de las familias que buscan solas a sus seres queridos desaparecidos en México

En el país hay 98.944 personas desaparecidas, quienes tratan de encontrarlas afrontan la revictimización e indiferencia durante el proceso

Una mujer abraza a su hijo frente a un mural con información de personas desaparecidas, en Guadalajara (México), el pasado 9 de mayo.
Una mujer abraza a su hijo frente a un mural con información de personas desaparecidas, en Guadalajara (México), el pasado 9 de mayo.Francisco Guasco (EFE)

La desaparición de un ser amado es solo el principio de una larga y tortuosa subida a cuestas. Por cada una de las más de 98.944 personas desaparecidas en México, está un núcleo familiar que en su búsqueda descubre una carrera llena de obstáculos para tener respuestas sobre el paradero de su ser querido. Lo que sucede a continuación, en la gran mayoría de los casos, es una revictimización por parte de funcionarios públicos que tratan de ligar la desaparición de las personas con la delincuencia o el crimen, o la inacción e indiferencia de los primeros servidores que reciben los casos y que los minimizan, dejando pasar las primeras horas claves para poder encontrarles. El último rostro de esta sangría de desapariciones ha culminado con el hallazgo del cadáver de Debanhi Escobar en Nuevo León, la noche de este jueves. Su familia y amigos tenían 13 días buscando desesperadamente a la joven de 18 años, quien desapareció tras acudir a una fiesta.

En la mente de Baruc Sánchez hay un sinfín de “hubieras”. Su hermana Wendy, de 33 años, desapareció hace un año y cuatro meses cuando viajaba desde el poblado de San Francisco, en el Estado de Nayarit, en el oeste del país, hacia el vecino Estado de Jalisco. Baruc Sánchez relata que él y su familia sabían que lo primero que tenían que hacer era ir a la Fiscalía, pero admite que dejaron pasar 24 horas porque era lo que creían que se tenía qué hacer. Además, lamenta no haber contado con información que ahora puede ver que era clave. “Si me hubiera mandado un mensaje, o la ubicación; si me hubiera dejado sus contraseñas, si hubiera sabido quiénes eran sus cercanos. Ese tipo de cosas que a veces obviamos porque jamás pensamos que las vamos a necesitar”, cuenta a EL PAÍS.

En la guía práctica sobre la aplicación del protocolo de homologación para la búsqueda de personas desaparecidas, hecha por IDHEAS, Litigio de Derechos humanos, se informa que no es necesario esperar 24 o 72 horas para empezar a buscar a una persona y asegura que es obligatorio que las autoridades les brinden a los familiares todas las facilidades para una búsqueda “rápida y eficaz”. En 2017, IDHEAS, junto con colectivos de familiares de personas desaparecidas, elaboraron este protocolo para que sirviera a quienes están en esa búsqueda. Apenas inicia la lectura del documento hay una advertencia contundente: “Una práctica de algunas autoridades (según hemos documentado) es tratar de ‘vincular’ a la persona desaparecida al crimen organizado. Realizando comentarios como ‘andaba en malos pasos’ o en el caso de mujeres señalar seguramente ‘se fueron con el novio’ o ‘se lo buscaron’. Lo que intentan es restarle gravedad a la desaparición y de alguna forma justificarla”.

A Socorro Gil González le preguntaron si su hijo, Jonathan Guadalupe, de 25 años, se habría relacionado sentimentalmente con una mujer casada; o si tal vez tenía una relación “con la mujer de un narcotraficante”. Habían pasado más de 15 horas desde que una amiga suya le llamó por teléfono para avisarle que a Jonathan lo estaban registrando tres policías municipales de Acapulco, Guerrero, la noche del 5 de diciembre de 2018. “Te empiezan a decir un montón de cosas que te molestan. Me daba coraje, decía: ¿van a buscar a mi hijo o van a investigarlo? Yo insistía en que a mi hijo se lo había llevado la policía. Me dijeron que no me molestara, que era un requisito que tenían que seguir”, recuerda.

Socorro Gil González, sostiene un mosaico con la foto de su hijo Jonathan Guadalupe, desaparecido desde 2018.
Socorro Gil González, sostiene un mosaico con la foto de su hijo Jonathan Guadalupe, desaparecido desde 2018.Cortesía

El protocolo de IDHEAS se actualizó en 2021 y se convirtió en la Guía ¿Qué hacer frente a la desaparición de una persona? y aunque aún no está publicada formalmente, Juan Carlos Gutiérrez Contreras, director del organismo, aclara que esperar 24 horas es innecesario. Además, señala como uno de los grandes problemas que la ley hace una diferenciación entre búsqueda e investigación, algo que dificulta en la práctica toda intención de establecer un proceso rápido. “Porque las facultades que tienen las comisiones de búsqueda no tienen atribuciones ministeriales para que, por ejemplo, se pidan las imágenes de cámaras de establecimientos o la sábana (archivo generado por una operadora telefónica que incluye llamadas, mensajes, etcétera) y que no se pierda tiempo en solicitar ese tipo de material”, ha dicho.

Ni Baruc Sánchez, ni Socorro Gil y, tampoco la gran mayoría de quienes buscan a una persona desaparecida, tenían conocimiento de esto. En ambos casos, según han contado, recibieron apoyo de otras personas que ya habían pasado por una situación similar y aprendieron con el paso de los días. También existe otra situación que comparten las familias: han sido extorsionadas por lo menos una vez. Cuando Baruc Sánchez y su familia empezaron a difundir por sus redes sociales la desaparición de Wendy, recibieron muchas llamadas en donde les pedían dinero a cambio de decirles su paradero. A Socorro Gil la extorsionaron tres veces, y en ninguna de ellas le dieron información sobre su hijo.

Gutiérrez Contreras, de IDHEAS, señala que el problema empieza a ser visible desde que la gente llega a levantar la denuncia: “Desde el portero o el policía, dicen que se debe de esperar 24 horas”, cuenta. No hay asesores jurídicos que acompañen a estas familias y que les den toda la información que necesitan.

Ante tan poca información clara al alcance de los familiares, prevalece el trabajo y las redes entre colectivos. Baruc Sánchez publicó, el pasado 11 de abril un hilo sobre todo lo que ha encontrado en el proceso de búsqueda. De entre todo lo que ha tenido que aprender rescata el tema de la tecnología: “Ahí está la parte de la prevención y entender tus dispositivos tecnológicos como la caja negra de un avión creo que es como un razonamiento al que no le hemos dado la suficiente importancia y que nos puede ayudar o salvar de una situación así”.

Socorro Gil y su familia tuvieron que salir de Acapulco, Guerrero. Son desplazadas por lo que le ocurrió a Jonathan Guadalupe. Ni ella ni su familia tenían conocimiento de la existencia del protocolo de actuación para la protección de víctimas desplazadas por desaparición. No lo va a solicitar. “Yo no creo en la justicia, ni voy a creer”, asegura.

En México existe el Centro de Denuncia y Atención Ciudadana de la Procuraduría General de la República (CEDAC) que es la instancia de Gobierno que se encarga de atender las noticias de desaparición, independientemente de la denuncia ante el Ministerio Público. Las autoridades están obligadas a brindar toda la información y asesoramiento posible para que la búsqueda sea inmediata.

Sin embargo, todavía está lejos la posibilidad de que estos recursos sean del conocimiento de la población en general. En ese sentido, Baruc Sánchez asegura que la prevención podría salvar también muchas vidas: “Podría recomendar tener siempre esta apertura de que una persona tenga acceso a todas tus contraseñas, a tus cuentas, conversaciones de la persona con la que más confianza tengas, normalmente que sea de tu familia nuclear el más cercano para que cualquier cosa que pase, sepas por dónde empezar”.

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