Las mexicanas gritan un masivo “basta ya”

Cientos de miles de mujeres protestan este martes en todo el país ante la violencia y los abusos machistas

Mujeres marchan en las calles de Ciudad de México el 8 de marzo de 2022.
Mujeres marchan en las calles de Ciudad de México el 8 de marzo de 2022.Claudia Aréchiga

Cientos de miles de razones salieron este martes a la calle en México para pedir cosas tan revolucionarias como “no me mates”, “quiero llegar a casa”, “quiero ser libre y no valiente” o “cobrar lo mismo que ellos por el mismo trabajo”. Una impresionante columna morada marchó durante horas por el centro de la capital mexicana para recordar el 8M durante una de las protestas más masivas que se recuerdan en una ciudad acostumbrada a manifestarse en la calle.

Ni siquiera fue necesario protestar por el patriarcado secular o la marginación histórica, fue suficiente con recurrir al mes pasado, al periódico de ayer. Desde que comenzó el año se han contabilizado 357 mujeres desaparecidas, más de cinco diarias, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas, y solo en enero fueron asesinadas 292 mujeres, aunque apenas 75 casos son investigados como feminicidios, según el Observatorio Nacional del Feminicidio.

Mujeres participan en la marcha frente a la Catedral Metropolitana.
Mujeres participan en la marcha frente a la Catedral Metropolitana. Claudia Aréchiga

Cientos de miles de estudiantes, empleadas públicas, funcionarias, trabajadoras del hogar, madres con sus hijas o familiares de víctimas de feminicidios elevaron durante horas la voz y detuvieron la actividad en la capital del país para pedir el fin de una violencia estructural que suma diez nuevos asesinatos de mujeres cada día. “No somos histéricas, somos históricas”, decía la pancarta que resumía la sensación que sobrevuela cada 8 de marzo cuando el morado monopoliza la conversación y pone nervioso a los poderes públicos. “Querida sociedad: el feminismo no es solo entre mujeres, es para todes”, decía otro cartel unos metros más atrás.

Generaciones muy jóvenes protestaban contra Andrés Roemer, David Monreal, Félix Salgado Macedonio, el compañero acosador o el grimoso que se arrima en el vagón del metro. Todos ellos estaban ahí. Según el Secretariado Ejecutivo del Sistema de Seguridad Pública, el año pasado fueron asesinadas 3.750 mujeres, de los cuales solo 1.000 casos se investigan como feminicidio y el resto son tratados como homicidios dolosos. También las inoperantes fiscalías hicieron acto de aparición.

La marcha transcurrió en un contexto festivo y alegre, pero algunas manifestantes golpearon parte del mobiliario público en el Metro Hidalgo y un vidrio se vino abajo dejando dos personas heridas. El video fue difundido por el secretario de Gobierno, Martí Batres. Precisamente, Batres ejerció de portavoz de la Ciudad de México y fue el encargado de ejercer la comunicación agitando el miedo como estrategia y difundiendo tuits con hechos puntuales de violencia de los que gran parte de las manifestantes ni se enteraron. “Descubrimos a mujeres con una bolsa con bombas molotov, mechas y gasolina” dijo durante un programa de radio “hay mujeres con martillos y sopletes en el metro Revolución”, insistió. Incautarse de todo este material antes de que llegara al centro de la ciudad fue, según dijo Batres después, clave para el transcurso pacífico de la protesta.

La mayoría de sus advertencias fueron lanzadas, sin embargo, muchas horas antes de que el grito de hartazgo llegara a la Avenida Reforma: “No somos una, no somos cien, pinche Gobierno, cuéntanos bien”. “Señor, señora, no sea indiferente, se matan a mujeres en la cara de la gente” o “Mujer escucha esta es tu lucha”. A todas ellas las esperaba en el zócalo un Palacio Nacional resguardado por enormes planchas de hierro y tres líneas de defensa integradas por miles de elementos mujeres de fuerzas federales y capitalinas.

La última manifestante que salió de la plaza del Ángel de la Independencia, casi a las seis de la tarde, fue Yeni López, una jubilada de 62 años que caminó por la principal avenida del país con una enorme pancarta en la mano en la que se leía “pan y rosas”. “Estoy contenta por como hemos conseguido movilizarnos y que se escuche nuestra protesta. La organización ha mejorado y poco a poco vamos logrando avances”, explicó esta veterana de la lucha feminista. Acompañada de su amiga Leticia recordó al movimiento que da nombre al 8 de marzo y que alude a las 15.000 mujeres que manifestaron en 1908 en las calles de Nueva York para pedir mejores salarios, derecho al voto y el fin del trabajo infantil. Yeni y su amiga caminaron hasta que el cansancio las pudo.

Un grupo de mujeres policías recibieron flores a lo largo de la marcha.
Un grupo de mujeres policías recibieron flores a lo largo de la marcha. Claudia Aréchiga

La protesta no se limitó a la Ciudad de México y se extendió por el resto del país en lugares tan simbólicos como Ecatepec, uno de los lugares más feminicidas del país y donde dejaron varios ataúdes frente al ayuntamiento en señal de protesta. En Chilpancingo (Guerrero) la protesta estuvo protagonizada por empleadas del Ayuntamiento que acusaron de acoso laboral a algunos de sus compañeros de trabajo. Frente a la Fiscalía de Puebla, familiares de víctimas de feminicidio exigieron justicia y que se agilice su búsqueda. En Veracruz, la policía se desplegó frente al Congreso local, la catedral o algunos comercios y en San Luis Potosí, autoridades locales colocaron protecciones de madera en puertas y ventanas de sedes de Gobierno. En Oaxaca, la organización “Grupo de Mujeres 8 de Marzo A.C” exigió a las autoridades frenar los feminicidios. Oaxaca ocupa el tercer lugar nacional con seis víctimas solo durante el mes de enero, según cifras oficiales. El grito de protesta llegó incluso a Yucatán, donde grupos de mujeres protestaron frente a un Palacio de Gobierno atrincherado.

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Sobre la firma

Jacobo García

Es periodista en México, Centroamérica y Caribe. Fue corresponsal de El Mundo y Associated Press en Colombia antes de llegar a EL PAÍS. Editor Premio Gabo’17 en Innovación y Premio Gabo’21 a la mejor cobertura. Finalista True Story Award 20/21 y colaborador en varios libros colectivos sobre periodismo y América Latina.

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