La violencia arrecia en Michoacán en medio del despliegue de tropas federales

La masacre de San José de Gracia este fin de semana revela la insuficiencia de la respuesta del Estado a la violencia

Personal de la policía estatal durante un operativo en el municipio de San José Gracia, en Michoacán, en febrero de 2022.
Personal de la policía estatal durante un operativo en el municipio de San José Gracia, en Michoacán, en febrero de 2022.SSP (EFE)

Poco han durado las buenas noticias en Michoacán, que hace unos días celebraba la reaparición del Estado de derecho en Aguililla y Tepalcatepec. Envueltos en una guerra espectral entre grupos criminales, ambos municipios ilustraban el retroceso de la legalidad en favor de las mafias, dueñas por meses del territorio. La llegada de decenas de militares a la zona y la apertura de vías y carreteras parecían cerrar un capítulo nefasto en la entidad, al menos temporalmente. Y entonces un grupo de sicarios perpetró una masacre, a plena luz del día, 200 kilómetros al norte.

Resulta difícil saber a ciencia cierta qué pasó este fin de semana en San José de Gracia, lugar del ataque. En un vídeo que ha trascendido de la masacre se ve a un grupo de hombres armados disparar contra otro de personas indefensas, junto a una pared. En otro se aprecia cómo un sicario vigila una camioneta con cuerpos apilados. Y en varias imágenes, cómo los asesinos supuestamente limpian la calle de sangre. Al parecer, las víctimas habían acudido a un funeral.

No hay hasta el momento cifra oficial de muertos, porque los atacantes se llevaron supuestamente los cuerpos de San José. Según reportes extraoficiales recogidos en la prensa regional fueron, sin embargo, entre 10 y 17 los asesinados. Tampoco hay pistas sobre los motivos del ataque, al menos de manera oficial. Solo en redes sociales han trascendido versiones, apuntando al Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG) y a un posible ajuste de cuentas por la deserción de uno de sus antiguos integrantes.

La ausencia de paz domina la conversación en Michoacán, que justo hace nueve años vio como vecinos y líderes sociales de la región de Tierra Caliente se levantaban en armas contra los grupos criminales, conocedores y hábiles intérpretes de la realidad rural de un Estado rico y diverso. En este tiempo, la situación no ha mejorado. Con el paso de los años, el movimiento de Autodefensas se desintegró y la sucesión de operativos militares apenas han contenido el fuego por un tiempo. El crimen muta y aguanta, siempre de la mano de políticos y autoridades. En lo que va de año, Michoacán cuenta más de 200 asesinatos.

A nadie extraña la aparición del CJNG en la ecuación criminal, una constante en hechos de violencia en el Estado durante los últimos años. También en regiones vecinas como Jalisco, Colima o Guanajuato. Junto al grupo mafioso Cárteles Unidos, construido sobre los restos del movimiento de Autodefensas, el Cartel Jalisco ha protagonizado la batalla por Aguililla y Tierra Caliente, cortando carreteras, sembrando de minas caminos rurales y convirtiendo enormes ranchos limoneros en redes de trincheras.

Confunde en todo el caso el lugar del ataque, ajeno en teoría a las dinámicas criminales de Tierra Caliente y la región Sierra Costa. San José es una de las comunidades del municipio de Marcos Castellanos, colindante con Jalisco, en el litoral del Lago Chapala, que comparten Jalisco y Michoacán. Si bien el eje de pueblos al norte del lago, Jocotepec, Ixtlahuacan y Ocotlán, en Jalisco, suelen aparecer en el mapa criminal local, poco se ha hablado del sur, territorio michoacano.

Toda solución al conflicto se antoja lejana y difícil. Las menciones extraoficiales al CJNG harían pensar en un tema relacionado con el tráfico de drogas, aunque si algo ha mostrado la batalla de Aguililla este año y medio es que los grupos armados, y el CJNG en particular, manejan un amplio abanico de intereses, filias y fobias cuya única constante es la violencia, la acumulación de territorio y el manejo de armamento de alto poder.

Justo hace unos días, antes del último operativo militar, el gobernador, el morenista Alfredo Ramírez, decía: “El tema no es fácil, lo hemos dicho; no es un día de campo; no es un tema tranquilo. Los grupos delictivos usan a la población para fungir como escudo humano, para presionar a la autoridad”. Ramírez se ha referido al ataque de San José este lunes: “Lo que es real es que hasta el momento no hay cuerpos, no hay evidencias más allá de algunos casquillos y algunos otros indicios de lo ocurrido, pero tenemos los videos que se están corroborando”. El Gobierno estatal ha pedido la colaboración ciudadana para tratar de hallar a los culpables.

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Sobre la firma

Pablo Ferri

Reportero en la oficina de Ciudad de México desde 2015. Cubre el área de interior, con atención a temas de violencia, seguridad, derechos humanos y justicia. También escribe de arqueología, antropología e historia. Ferri es autor de Narcoamérica (Tusquets, 2015) y La Tropa (Aguilar, 2019).

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