López Obrador anuncia un cambio al frente del Banco de México para darle una “dimensión social y moral”

La visión del presidente despierta preocupaciones en los sectores económicos. El gobernador del banco central mexicano, Alejandro Díaz de León, terminará su mandato en diciembre

El gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León.
El gobernador del Banco de México, Alejandro Díaz de León.

El presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador quiere un cambio en el Banco de México y aprovechará el término del actual gobernador en diciembre para nombrar a alguien afín a su visión del país. “Va a ser un economista con dimensión social, muy partidario de la economía moral”, adelantó el mandatario este viernes, sin ofrecer un nombre. Esta es la última señal de que quiere un cambio de enfoque de la institución, lo cual generó preocupaciones por una potencial salida de capitales extranjeros del país.

El mandato de Banxico, como se le conoce al banco, es doble: asegurarse del sano funcionamiento del sistema bancario y lograr la estabilidad de precios. Es decir, contener la inflación. A unas semanas de su victoria electoral en 2018 y antes de tomar el poder, López Obrador dijo en entrevista que el banco central, cuya autonomía está garantizada por la Constitución, debería tomar decisiones de política monetaria también para impulsar el crecimiento económico. Lo que López Obrador ha dejado ver en sus comentarios es que le gustaría que la productividad económica del país también esté a cargo del banco, como sucede con la Reserva Federal en Estados Unidos.

Después, a finales del año pasado, vino la muy controvertida iniciativa para reformar la Ley del Banco de México, propuesta por Morena, el partido del presidente, que hubiera obligado a la institución a captar los dólares en efectivo que los bancos comerciales no puedan enviar por su cuenta a EE UU. La reacción en contra fue tal que que incluso legislador de la formación la consideró “exagerada” y, aunque su votación sigue pendiente en el Congreso, su futuro es incierto.

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Ahora, López Obrador quiere un economista diferente para el banco. En respuesta a un periodista en su conferencia de prensa matutina sobre si el Ejecutivo propondría la reelección de Alejandro Díaz de León, actual gobernador del Banco de México, López Obrador dijo que no, y que sería alguien “con dimensión social, muy partidario de la economía moral”. El presidente no explicó qué implica eso exactamente.

“Ya se le vence su periodo,” dijo López Obrador. “No voy a renombrarlo. Se va a cumplir con el requisito, pero ya se termina el periodo del presidente de Banxico y de acuerdo con la ley, corresponde al titular del Ejecutivo, enviar al Senado la propuesta y lo voy a hacer”. Y continuó: “Tendrá mucho prestigio que va a cumplir con los requisitos de tener experiencia en materia económica y financiera y de haber trabajado en un área relacionada con el manejo de las finanzas”.

Este es el último intento del mandatario por intervenir en el banco central, opina Jesús Garza, profesor de la escuela de negocios del TEC de Monterrey, EGADE, y director general de la firma financiera Gamma. Si bien es al Ejecutivo a quien corresponde nombrar al gobernador en turno, sus declaraciones sobre la “dimensión social” y “economía moral” hacen entrever que las intenciones del presidente pueden intervenir en el funcionamiento del banco autónomo.

“El Banco de México hasta el momento ha sido de las instituciones que mejor han funcionado desde su autonomía en 1993, ha mantenido la inflación en menos de dos dígitos y Díaz de León y la gente más técnica han hecho una gran labor y se le ha respetado”, opina el académico. “El hecho de que se esté hablando de un gobernador con una tendencia moral o social, sin que sepamos qué significa eso exactamente, es minimizar que no hay mayor tema social que mantener una inflación baja para aumentar el poder adquisitivo de las familias”.

“Esto puede tener una repercusión adversa”, advierte Garza. “Vamos a esperar a ver cuál es el nombramiento del gobernador, pero hemos visto que si se toma a la ligera y se empieza a considerar tomar las reservas internacionales para financiar el gasto público o se empieza a imprimir dinero, puede ser un retroceso muy importante”. Esto es algo que se ha hecho en Argentina y Venezuela, lo cual detonó una fuga de capitales, hiperinflación y falta de confianza en la moneda.

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