Elecciones México

Las mil manos de Ricardo Monreal

El coordinador de Morena en el Senado, responsable de plasmar los designios de López Obrador, se mueve entre los éxitos de sus negociaciones y el desgaste de la defensa de una polémica agenda

El coordinador de senadores de Morena, Ricardo Monreal, en la Cámara alta.
El coordinador de senadores de Morena, Ricardo Monreal, en la Cámara alta.HENRY ROMERO / Reuters

La agenda política mexicana gira en torno a lo que, cada mañana, dispone Andrés Manuel López Obrador desde sus conferencias matutinas. Esa tribuna es la primera válvula de las discusiones públicas, casi siempre convertidas en ataques a los adversarios, y de las reformas que marcan la batuta de la llamada Cuarta Transformación. La segunda válvula depende del Gobierno y de los dirigentes de Morena. Pero hay una tercera, por la que pasan todos los logros, los reveses, las tensiones y las polémicas del proyecto del presidente. Y detrás de ella hay un político que debe ocuparse de trasformar en ley la palabra del jefe.

Ricardo Monreal, coordinador de Morena en el Senado, ha acumulado en el período de sesiones que concluye este viernes algunas negociaciones exitosas, pero también ha tenido que renunciar a algunas apuestas personales como la regulación de las redes sociales o aplazar el debate sobre la legalización de la marihuana. En medio se ha apuntado unos tantos, gracias a los acuerdos entre su partido, que no tiene mayoría absoluta en la Cámara alta, y sus aliados del PT y los verdes. La última iniciativa que lo puso en el centro del huracán fue, la semana pasada, la extensión por dos años del mandato de Arturo Zaldívar al frente de la Suprema Corte.

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La disposición fue agregada en el último momento en un artículo transitorio de la reforma del reglamento del Poder Judicial que ya había sido votada por senadores de la oposición (del PRI, del PAN y de Movimiento Ciudadano) y que no pudieron cambiar su voto tras conocer esa cláusula. Monreal defendió la medida al igual que López Obrador y rechazó las protestas. “El PRI y el PAN decidieron desde la época postrevolucionaria asaltar al Poder Judicial Federal. No nos vengan ahora con estas poses y actitudes que no les resultan correctas [...]. ¿Cómo pueden decirse sorprendidos quienes votaron en favor? 85 votos, ¿a los 85 los engañaron? No se llamen sorprendidos, no se llamen asaltados”, clamó el legislador.

Monreal, exgobernador de Zacatecas, ha sido parlamentario del PRI, de Movimiento Ciudadano, del PRD y del PT antes de aterrizar en Morena. El político recurre a su experiencia para moverse en los laberintos del reglamento de la Cámara y en los resortes del legislativo, pero también se escuda en su trayectoria para atacar lo que ahora considera como viejo régimen y criticar sus prácticas. ”A mí no me lo pueden contar. Lo viví”, afirmó en una de sus últimas intervenciones en el Senado.

Su trabajo consiste en plasmar los designios de López Obrador, con quien se reúne habitualmente. A pesar de ello, recientemente aseguró en una conversación con periodistas que el presidente nunca le “da línea” y la prueba de ello, en su opinión, es que a veces sus posiciones no coinciden, como en el caso de la ley para regular las redes sociales. En esa ocasión, sin embargo, como en todas las demás, acaba imponiéndose la voluntad del Palacio Nacional. El entorno del senador señala que “siempre busca que se abra un compás para la discusión y el análisis”. Y es cierto que esa labor le lleva también a negociar con los adversarios, lo que forma parte del prontuario de un hombre de aparato, pero al mismo tiempo le ha costado críticas en las mismas filas de Morena, que tiene una bancada de senadores heterogénea en la que con frecuencia cuesta mantener la disciplina.

A eso se añade otro factor, una consecuencia política evidente que ni sus colaboradores pueden negar. Esto es, el enorme desgaste que supone defender reformas e iniciativas a menudo polémicas, que no solo cuentan con el rechazo de la oposición, sino que también tienen mala acogida en la sociedad, en otros poderes públicos, en sectores productivos o incluso ante la justicia. El repaso al último mes y medio da la idea de la carrera legislativa que ha afrontado México antes del cierre de este segundo período ordinario de sesiones y con vistas a las elecciones del 6 de junio, que renovarán la Cámara de Diputados y las gobernaciones de 15 de las 32 entidades federativas del país.

Además de la judicial, el Senado ha aprobado la reforma eléctrica, que privilegia a una empresa del Estado, la Comisión Federal de Electricidad (CFE), frente a la iniciativa privada. Hoy está atascada en los tribunales. La Cámara alta también dio el visto bueno la semana pasada a la Ley de Hidrocarburos, una norma que tiene la misma filosofía, busca fortalecer a Pemex y abre la puerta a la expropiación en el sector. A este paquete de reformas marcadamente ideológicas impulsadas por el mandatario se suma, por ejemplo, la aprobación del cuestionado Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil, que incluye un registro de los datos biométricos. El mismo juez que suspendió la reforma eléctrica, Juan Gómez Fierro, aprobó esta semana un amparo de un usuario contra esa medida. Por otro lado, el Senado también aprobó la ley que pone coto al outsourcing, una iniciativa que supone un avance para los derechos de los trabajadores.

En cualquier caso, lo que sucede en el Senado, al igual que en toda la arena política mexicana, pasa a la sombra de López Obrador. El presidente siempre es el protagonista, también cuando actúan otros actores, como ha ocurrido en los últimos días con sus enfrentamientos contra el INE, el Tribunal Electoral o la Suprema Corte. “Sus creencias y opiniones personales coinciden, además, con un cálculo político específico. El primero, una estrategia en la que lleva ya tiempo metido de ir debilitando de forma cotidiana, como pequeños golpeteos de cincel, a todos sus posibles contrapesos y adversarios”, señala Santiago Rodríguez, politólogo y director de estudios de la firma SIMO Consulting. Siempre lo ha hecho, pero “en esta coyuntura específica, es su forma de meterse de lleno a las elecciones, de ser el principal protagonista aún sin estar en la boleta”, añade el politólogo.

Lo hace, personalmente, desde las mañaneras y en el Gobierno o el Congreso a través de otros engranajes. Monreal, veterano dirigente de una familia de políticos de Zacatecas -su hermano David, actual aspirante a la gubernatura, estuvo la semana pasada en centro de la polémica tras difundirse una grabación en la que se le ve tocando el trasero de una candidata-, es uno de ellos. Con todo lo que eso supone. Desde hace meses, está en las quinielas de los aspirantes presidenciales en las elecciones de 2024. Finalmente, como siempre, López Obrador tendrá la última palabra.

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