CASO ODEBRECHT

Etileno XXI, la apuesta fallida de Pemex por el etano

Los señalamientos de corrupción alrededor de Braskem-Idesa y la pugna por más de 2.813 millones de pesos en multas contra la petrolera estatal han opacado al complejo petroquímico

El complejo de Etileno XXI en el sur del Estado mexicano de Veracruz, en noviembre de 2015.
El complejo de Etileno XXI en el sur del Estado mexicano de Veracruz, en noviembre de 2015.Susana Gonzalez / Bloomberg

Etileno XXI, el complejo que aspiraba a reactivar la industria petroquímica en el país se encuentra a medio gas. Los numerosos señalamientos de corrupción y la falta de materia prima, que a su vez han derivado en penalizaciones por más de 2.813 millones de pesos contra Pemex, han empañado al complejo industrial localizado en el municipio de Nanchital, Veracruz, en el sureste del país. La factoría de Braskem, filial de Odebrecht y de la mexicana Idesa, atraviesa por uno de sus momentos más álgidos tras los señalamientos del exdirector de Pemex, Emilio Lozoya, sobre sobornos por al menos 84 millones de pesos, que supuestamente pagó la constructora brasileña al Gobierno de Peña Nieto en 2014 para garantizar la operación de la factoría.

El plan del complejo petroquímico inició durante el Gobierno panista de Vicente Fox bajo el nombre El Fénix. En ese entonces se buscaba un socio que junto a Pemex rentabilizara los excedentes de etano. Este subproducto del gas natural es la materia prima para la elaboración de polietilenos de alta y baja densidad utilizados en la fabricación de plásticos, tuberías, llantas y muchos otros productos. La iniciativa con Pemex como inversionista no prosperó, sin embargo, durante la Administración de Felipe Calderón se configuró una subasta de etano a largo plazo, bajo este esquema un privado sería el encargado de construir y operar la infraestructura mientras la petrolera mexicana abastecía el gas. El contrato de suministro por 20 años fue adjudicado al consorcio Braskem-Idesa en 2009.

“El Proyecto Etileno XXI representa la reactivación de la industria petroquímica en México, la posibilidad de agregar valor a los hidrocarburos”, indicó el consorcio tras ganar la subasta. La formalización del desarrollo Etileno XXI se hizo ante la presencia de Luiz Inácio Lula da Silva, en ese entonces presidente de Brasil, y de Felipe Calderón en febrero de 2010. El complejo arrancó operaciones en Veracruz en junio de 2016, durante el Gobierno priista de Enrique Peña Nieto, presumiendo una inversión inédita para la petroquímica mexicana de más de 5.200 millones de dólares.

Cuatro años más tarde, en medio de los señalamientos de corrupción de Odebrecht en México, el consorcio brasileño-mexicano también encara una pugna por el cobro de penalizaciones contra Pemex por el desabasto repetido de materia prima. En el contrato, firmado el 19 de febrero de 2010 y al que EL PAÍS tuvo acceso, Pemex declaró que contaba con suficientes reservas de gas natural y que había comprometido cantidades suficientes de ese producto para que la contraparte pueda cumplir con sus obligaciones. En el documento se fija una indemnización de hasta 300 millones de dólares anuales a favor de Braskem-Idesa si la petrolera incumple repetidamente con las cuotas de suministro.

Pemex se comprometió a entregar 66.000 barriles diarios de etano a Etileno XXI. Sin embargo, desde que la factoría encendió motores a la fecha la petrolera estatal no siempre ha sido capaz de abastecer al menos un 70% de esta cuota. Por este motivo, de 2016 a 2018 Pemex acumuló 2.813 millones de pesos en penalizaciones como dio a conocer la Auditoría Superior de la Federación (ASF) en su segundo informe de resultados de la cuenta pública de 2018 publicado a finales del año pasado.

La caída en la producción de gas natural ha derivado en una reducción de sus subproductos. En 2010 Pemex reportó una producción diaria de 119.500 barriles diarios de etano, una década más tarde, en julio de 2020, la producción de este gas apenas llegó a 70.000 barriles diarios. Esta disminución productiva ha obligado a la petrolera mexicana a importar etano y a recortar el suministro de sus propias plantas para evitar más penalizaciones. “Las proyecciones de Pemex Exploración y Producción (PEP) fueron demasiado optimistas y en una época en la que producíamos más de tres millones de barriles (crudo) diarios y no se veía la penuria a la que estamos sometidos tanto en crudo, pero sobre todo en gas”, comentó Fluvio Ruiz, exconsejero de Pemex.

Desde el primero año de operación de Etileno XXI, en 2016, la ASF advirtió de que la venta de etano a este consorcio no supuso un beneficio económico para Pemex. Ese año, detalla el órgano que fiscaliza los recursos públicos en el país, Pemex recibió por la venta de etano al complejo 1.188 millones de pesos mientras que el costo de ventas para la petrolera fue de 3.123 millones de pesos, lo que supuso una pérdida bruta de 1.935 millones de pesos. El presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, ha declarado que el contrato con Braskem-Idesa se tiene que cancelar por ser un acuerdo “leonino” y aseguró que su Gobierno ha decidido dejar de pagar las multas al consorcio.

Braskem-Idesa ha rechazado los señalamientos de corrupción así como que el contrato signado sea ventajoso, por el contrario, ha subrayado que en su momento la fórmula para fijar el precio de venta del etano fue avalada por el Consejo Regulador de Energía. “La fórmula de precio no tiene preferencia o ventaja. La fórmula utilizada fue propuesta por Pemex para establecer el precio del etano y es típica en contratos a largo plazo de materias primas”, ha defendido por escrito. El complejo petroquímico produjo 785.000 toneladas de polietilenos al cierre de 2019, aunque su capacidad instalada es de un millón 50 mil toneladas.

Pemex abandona sus complejos petroquímicos

En los últimos 15 años Pemex pasó de contar con un excedente de etano a importar esta materia prima para esquivar las penalizaciones con terceros. A pesar de que la petroquímica es una de las líneas de negocio más rentables para las petroleras en el mundo, en México la escasez de producción de gas natural y la falta de inversiones en infraestructura mantienen en los mínimos a la petrolera más endeudada del mundo. Si a inicios de la década de los ochenta Pemex operaba 60 plantas petroquímicas, ahora solo cuenta con seis complejos en esta rama.

De acuerdo con la ASF, en 2018 Pemex no logró operar en condiciones óptimas ninguno de sus complejos gestionados por Pemex Etileno.“La infraestructura estuvo subutilizada, se reportaron mayores costos de producción y no se alcanzaron las metas de producción de los derivados del metano, etano y propileno. Estas fallas derivaron a un quebranto en el valor de su operación en 2018 de más de 4.861 millones de pesos”, indica la ASF. Meses más tarde, en julio de 2019, esta subsidiaria fue absorbida por Pemex Transformación Industrial.

Luis Puig, exdirector de Pemex Petroquímica, lamentó que los dos crackers que tiene Pemex en su planta de Cangrejera y Morelos, con capacidad para procesar más de 600.000 toneladas de etano, estén operando al 50% de su capacidad, o incluso en menor porcentaje, debido a la falta de materia prima propia, ya que casi toda la producción interna de este gas se destina a Braskem-Idesa.

Luis Miguel Labardini, consultor energético, apuntó que la petrolera debería dejar al sector privado tanto la producción de petroquímicos como la de fertilizantes. “El negocio fundamental de Pemex es la exploración y el desarrollo de campos petroleros y de gas. Pemex no tiene los recursos de inversión, no está vinculado a cadenas internacionales y es mucho más eficiente que el sector privado sea el que invierta en ese sector”, zanjó.

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