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Bukele, el tirón del candidato antisistema en El Salvador

El favorito en las presidenciales que se celebran este domingo en El Salvador ha roto el bipartidismo salido de la guerra civil

Nayib Bukele, candidato presidencial de El Salvador.
Nayib Bukele, candidato presidencial de El Salvador. AP

“Que devuelvan lo robado, que devuelvan lo robado”, repite cansinamente la música electoral con ritmo de rap de Nayib Bukele desde un quiosco electoral en una céntrica calle de San Salvador. Con esta sencilla idea, repetida una y mil veces, el fenómeno político del momento está muy cerca de convertirse en presidente de El Salvador si aciertan las diez encuestas electorales publicadas hasta el momento. En todas ellas, el joven publicista aparece en cabeza con una diferencia sobre su competidor, el derechista Carlos Calleja, de tres a diez puntos. La duda para muchos votantes es saber si lo logrará este domingo en primera vuelta o si tendrá que esperar al 10 de marzo.

La irrupción del carismático candidato antisistema, como le gusta definirse, ha sacudido la política y su victoria supondría el fin de la hegemonía de dos partidos salidos de la guerra civil (1980-1992) y que han gobernado el país desde los acuerdos de paz de 1992. Primero, la derecha de la Alianza República Nacionalista (Arena), que gobernó entre 1989 y 2009, y después la antigua guerrilla del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN), que terminará su segundo mandato en 2019, pues las encuestas lo relegan al tercer lugar. Durante estos 30 años la alternancia bipartidista no ha logrado que El Salvador deje de ser uno de los países más desiguales y violentos del continente ni frenar la salida diaria de salvadoreños que engordan las caravanas de migrantes.

En este cansancio y hastío de la política tradicional abreva Bukele, un publicista de 37 años que ha logrado crecer como la espuma en pocos años.

Comenzó su carrera política en el FMLN, bajo cuyas siglas llegó a ser alcalde de San Salvador (2015-2018). Durante esta etapa se dio a conocer como un eficaz gestor capaz de recuperar el tenebroso centro de la capital. Posteriormente, se enfrentó con su partido, que no pensaba en él como candidato presidencial. Para materializar sus ambiciones no le importó abandonar la formación y subirse a un partido, Gran Alianza por la Unidad Nacional (GANA), señalado como corrupto pero que le proporcionó el registro electoral que necesitaba. Durante la batalla con su antiguo partido, con la derecha y con la gran prensa forjó su imagen de rebelde e idealista que ha encandilado a los jóvenes. Hasta sus enemigos reconocen "que arrasa 3 a 1 en la franja de votantes entre 18 a 30 años", confirma a EL PAÍS un estratega opositor que prefiere no dar su nombre.

Los últimos años de la política salvadoreña han estado marcados por los escándalos de corrupción, que han terminado con tres expresidentes procesados y evidenciado la putrefacción del sistema de partidos salido de la guerra.

El fenómeno Bukele ha capitalizado el desencanto con un discurso básico inspirado en el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, de quien se dice admirador, y que consiste en repetir una y otra vez: “Conmigo termina la corrupción” y “que devuelvan lo robado”. Paralelamente ha hecho un exitoso manejo de redes y de golpes mediáticos en momentos clave.

Hijo de padre musulmán originario de Belén (Cisjordania), que impulsó la construcción de algunas de las primeras mezquitas en América Latina, Bukele ha logrado, sin embargo, sortear la campaña sin necesidad de definirse religiosamente en un contexto fuertemente católico y evangélico. Sus golpes de efecto, como mostrar en Twitter la ecografía del que será su primer hijo, han logrado distraer la atención y acallar los reclamos más conservadores que exigen descendencia a alguien de 37 años.

Entre sus propuestas de gobierno figuran un plan de infraestructuras, un puerto o un tren, aunque sin detallar cómo lo financiará dado el agujero en las arcas públicas. “Es un hombre talentoso que fue capaz de levantar la empresa de publicidad que heredó quebrada de su padre y convertirla en una poderosa compañía de comunicación”, dice a EL PAÍS Fabio Castillo, una de las voces de referencia de la izquierda del FMLN, que no duda en reconocer los méritos del candidato opositor.

Sin embargo, sus contrincantes, entre ellos el candidato de la derecha, Juan Calleja, del partido Arena, le reprochan su discurso polarizado y ambiguo sobre las pandillas que desangran el país, sobre la conformación de su gabinete o la financiación de su costosa campaña electoral. 

Sobre la emigración, que expulsa diariamente a decenas de salvadoreños, Bukele responde que es el resultado de décadas de ineptitud de los dos grandes partidos.

Las consecuencias de un posible triunfo de Bukele

La posible victoria de Bukele y la derrota de la exguerrilla del FMLN tendrá también consecuencias internacionales. Bukele ha equiparado al nicaragüense Daniel Ortega con el dictador Somoza y se ha mostrado muy crítico con la deriva autoritaria de Venezuela, lo que supondría un giro en la política exterior de El Salvador; así, Nicolás Maduro podría perder uno de los pocos apoyos que le quedan en América Latina.

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