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La portada en blanco que muestra la agonía de ‘La Prensa’ de Nicaragua

El periódico decano del país centroamericano lanza un grito desesperado: si el régimen de Ortega no libera pronto el papel que mantienen decomisado, pronto dejará de imprimirse

Un ejemplar de 'La Prensa', en Managua.
Un ejemplar de 'La Prensa', en Managua.

Los repartidores de periódicos que cada mañana llegan al kilómetro cuatro de la Carretera Norte de Managua se han llevado este viernes una desagradable sorpresa: La Prensa, el diario que acostumbran a vender a diario salía con su primera página en blanco, sin titulares que vocear para atraer a los lectores. La cabecera, que durante 93 años ha sufrido el asedio de dictaduras y los desplantes de algún que otro Gobierno medianamente democrático, lanzaba de esta manera un llamado desesperado: si las autoridades de aduanas no liberan pronto el papel que mantienen decomisado desde septiembre del año pasado, el decano de la prensa nicaragüense dejará de imprimirse. Al final de la tapa en blanco, una severa llamada de atención: "¿Se ha imaginado vivir sin información?".

La dirección del periódico tomó la decisión de presentar su portada en blanco cuando se cumple la vigésima semana de secuestro, por parte de la Dirección General de Aduanas —dependiente del Gobierno de Daniel Ortega—, de los materiales básicos necesarios para su impresión: 92 toneladas de papel, repuestos para su rotativa y planchas. "El régimen pone en peligro la circulación de la versión impresa del diario. La intención es clara, que en Nicaragua dejen de circular medios impresos independientes", advierte La Prensa en su editorial de este viernes. La agonía de su edición impresa se agrava por la crisis económica que golpea al país centroamericano, una derivada más de la crisis política que estalló en abril del año pasado: han cerrado muchas empresas y las que se mantienen a flote han aplicado la tijera a su presupuesto de publicidad. El diario ya ha tomado medidas drásticas, como reducir el número de páginas para "prolongar la circulación, con la esperanza de que las autoridades de Daniel Ortega entren en razón".

La arbitrariedad de las autoridades de aduanas no solo ha afectado al longevo diario editado en Managua: es una cuestión gremial. El Nuevo Diario, el segundo periódico del país por circulación ha denunciado la retención de un cargamento de papel necesario para mantener su circulación y se ha visto obligado a circunscribir la impresión a solo cinco días a la semana. Sus directivos, además, han echado el cierre a otro periódico propiedad de la editora, Q’Hubo. Un informe de la Fundación Violeta Chamorro —dedicada a promover la libertad de prensa en Nicaragua— revela que entre abril y diciembre de 2018 se han cometido al menos 712 atropellos a la libertad de expresión, siendo el asesinato de un periodista —el reportero Ángel Gahona, en abril—, el encarcelamiento de reporteros y el cierre de medios los casos más extremos.

Alfonso Malespín, periodista y especialista en Comunicación, explica que el asedio contra la prensa independiente comenzó en Nicaragua con la llegada al poder de Ortega, en 2007, cuando su esposa, Rosario Murillo, publicó la llamada Estrategia de Comunicación del Gobierno, que mostraba su repulsa hacia los medios independientes y abogaba por la emisión de "información incontaminada" desde sus propias plataformas. "En el contexto de la rebelión que estalló en abril de 2018 se escaló a una fase en la que los medios de comunicación son parte de lo que ellos llaman el golpe de Estado fallido. En su mentalidad, ellos son un Gobierno que está en guerra contra una oposición que busca derrocarlos con ayuda de Estados Unidos. Por lo tanto, tienen que minimizar la credibilidad que puedan tener estos medios de comunicación entre la sociedad nicaragüense", afirma Malespín.

Persecución a la prensa

El régimen de Ortega ha desatado una brutal represión contra el periodismo y los periodistas independientes en Nicaragua. En diciembre la Policía controlada por Ortega asaltó y confiscó la redacción de la revista de periodismo de investigación Confidencial, obligando a su redacción a mantener viva la web desde la clandestinidad. También fue asaltada y controlada la redacción del Canal 100% Noticias, el de mayor audiencia en su género en Nicaragua. Su director, Miguel Mora, y su jefa de información, la periodista Lucía Pineda, fueron encarcelados. Pineda, con doble nacionalidad nicaragüense y costarricense, un hecho que ha tensado aún más la relación bilateral entre Managua y San José. Un total de 56 periodistas han huido del asedio y la persecución y han puesto rumbo a la propia Costa Rica, Estados Unidos, España o México.

"Todos ellos llevan escrito en el alma y en el cuerpo el gran reportaje de estos meses que la dictadura quiere borrar institucionalizando el silencio y la mentira. Las historias de estos periodistas recogen los ideales de más de 300 ciudadanos asesinados, la de más de 500 presos políticos, de los centenares de ciudadanos que se han visto obligados al exilio o están siendo allanados y perseguidos", dijo Cristiana Chamorro, directora de la fundación que lleva el nombre de su madre durante una ceremonia de entrega del premio nacional de periodismo Pedro Joaquín Chamorro, denominado así en homenaje al director de La Prensa asesinado en 1978 por la dictadura de Somoza.

Leticia Gaitán es una de las periodistas exiliadas. Tuvo que dejar Nicaragua la víspera de la pasada Nochebuena tras el asalto a la redacción de 100% Noticias, el medio en el que trabajaba. Varias patrullas policiales se desplazaron hasta la casa de su abuela, en su búsqueda, tras el encarcelamiento de Mora y Pineda, sus jefes. Gaitán era una de las reporteras más activas en la cobertura de las manifestaciones contra Ortega y la represión desatada por el ex guerrillero sandinista: documentó, con el apoyo de su cámara, los abusos de las autoridades, lo que le valió agresiones, descalificaciones y, por último, persecución. "Fue muy difícil dejar a mi familia en Nicaragua y enfrentar limitaciones como buscar dónde vivir, un trabajo y alimentación", explica, en declaraciones a EL PAÍS, desde San José. Junto con un grupo de periodistas nicaragüenses exiliados en Costa Rica, Gaitán ha desarrollado una plataforma virtual —Nicaragua investiga— para denunciar la corrupción y los desmanes del régimen de Ortega. "Hacemos periodismo con las uñas, pero estamos conscientes que debemos seguir haciéndolo para la sociedad nicaragüense", afirma.

"Uno no puede renunciar al periodismo simplemente porque le tocó irse de su país", afirma Luis Galeano, director y presentador del programa Café con Voz. La suya es otra de las voces del exilio: tuvo que dejar Nicaragua después de que la justicia —también controlada por Ortega— emitiese una orden de captura en su contra en la que se le acusaba de "incitar al odio". "Uno nunca piensa que va a estar fuera de su país por hacer su trabajo, por informar a la población con la verdad y por enfrentar a la dictadura con nuestras armas, que son nuestras palabras, nuestros pensamientos y nuestra capacidad de transmitir ideas a la gente con base en hechos", relata Galeano desde Miami (Florida, EE UU), donde mantiene vivo su programa. "Lo que está pasando en Nicaragua, en especial con nuestros colegas Mora y Pineda, nos obliga a mantenernos firmes y dignos en esta batalla. No hay que claudicar para que la libertad, la justicia y la democracia vuelvan a nuestro país".

Esa misma posición mantiene La Prensa, agobiado por la negativa de las aduanas de entregarle el papel retenido. Aunque deje de circular en papel, su dirección afirma que mantendrá vivo su periodismo a través de su portal de Internet y de las redes sociales, donde el diario cuenta con decenas de miles de seguidores. Este periódico ya había sido asediado por la dictadura de Somoza, que llegó a ordenar el bombardeo de su redacción, pero la fuerza indómita de su entonces director, Pedro Joaquín Chamorro, lo mantuvo a flote en los peores momentos de la dictadura.

Lo mismo ocurrió en los años ochenta, cuando la directora —y, a la postre, presidenta nicaragüense—, Violeta Chamorro, se enfrentó con firmeza a la propaganda y censura del régimen sandinista de la época. Décadas después La Prensa vuelve a sufrir el odio de un poder que quiere eliminar su periodismo crítico. "Si el orteguismo tiene éxito en esta tarea represiva, los medios independientes no serán más que una pantalla negra, la estática de la radio y la página en blanco de los periódicos", advirtió el diario el viernes en el conmovedor editorial publicado tras la portada en blanco. Era un grito de auxilio a sus lectores.

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