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Cinco años de la mayor matanza del narco en Ciudad de México: “Aún no sabemos qué pasó”

Las madres de los 13 jóvenes secuestrados en un céntrico bar de la capital mexicana siguen buscando respuestas

Algunas de las madres de los desaparecidos en una protesta en 2014.
Algunas de las madres de los desaparecidos en una protesta en 2014.

Alrededor de una mesa de comedor se han reunido tres mujeres. Los cigarros consumidos hasta el filtro se amontonan en el cenicero. Y en el centro, un celular al que todas apuntan. Solo una le habla, el interlocutor no sabe que está en modo altavoz: "Tenemos que esperar". "Chingue a su m...", una de ellas se muerde la lengua. Es la abogada de las familias del caso Heavens contra aquellas madres que ya han esperado demasiado. Concretamente cinco años. En mayo de 2013 Ciudad de México vivió la mayor matanza del narco que se recuerda, el secuestro y asesinato de 13 jóvenes en pleno eje financiero y urbano de la capital. Tres meses después, aparecieron mutilados en una fosa común de un bosque a las afueras. Todavía hoy sus madres siguen buscando respuestas.

Cinco años después, las familias todavía no saben por qué los mataron. Como ha ocurrido con otros casos en México —con los 43 de Ayotzinapa o con los tres estudiantes de cine de Jalisco—, con cada avance se abren más incógnitas: los chicos desaparecen, se les comienza a relacionar con el crimen organizado o con alguna actividad delictiva, nadie sabe si están vivos o muertos, encuentran una fosa, los familiares piden ayuda a unos forenses argentinos porque no se fían de las autoridades, les entregan los restos de sus hijos, los entierran. Y ahí se suele acabar la historia. Quién lo hizo y el porqué casi nunca se resuelven. El duelo se convierte eterno.

"Las mamás siguen esperando el día en que puedan exhumar aquellos restos y demostrar que esos huesos sueltos no son de sus hijos", apunta Eugenia Ponce, tía de Jerzy Ortiz, que tenía 16 años el día que lo mataron. Las sospechas se asientan en alguna razón: "En la ficha forense de Jerzy ponían que tenía dos pies derechos, uno del número 4 y otro del 6", recuerda.

Todo ocurrió el 26 de mayo de 2013. Un domingo por la mañana 13 jóvenes (con edades entre los 16 y los 34 años), la mayoría de un barrio conflictivo de la capital, Tepito, fueron secuestrados en un afterhours del centro, a 50 metros del Paseo de la Reforma, y a unas pocas calles de la sede de la policía local. El bar se llamaba Heavens. El asunto trascendió cuatro días después en los medios y las alertas estallaron. Lo que parecía que no podía suceder en la capital, el secuestro y asesinato masivo de unos jóvenes con las técnicas más brutales, había llegado al corazón de México, un rincón que se suponía libre de la barbarie de la narcoviolencia. Y de su impunidad.

"Esto no es Sinaloa, aquí no hay narcos", se creyó durante mucho tiempo. Y el asunto se trató por parte de las autoridades como un incidente aislado, un "conflicto entre narcomenudistas". Ningún señor de la droga se ha adueñado jamás de la ciudad. Una tesis que chocaba con la capacidad operativa que debieron tener para pasearse con rifles de asalto y llevarse por la fuerza a 13 personas en una de las áreas más visitadas de la capital, plagada de cámaras y policías. Tampoco cuadraba con su hipótesis la manera en la que habían sido asesinados: tortura, desmembramiento, entierro en fosa común.Y que ni siquiera en la sede de todos los poderes de la República se haya resuelto un caso como este cinco años después. Hasta el momento hay siete hombres sentenciados por secuestrar y asesinar a los jóvenes, pero ningún autor intelectual del crimen.

La ciudad en aquellos días se encontraba en medio de una guerra de narcotraficantes locales. Uno de los incidentes que disparó aquella tragedia fue el asesinato de un primo de los líderes de Unión Insurgentes, El Chaparro, en un bar de la Condesa —barrio de moda de la capital—. La sed de venganza de aquella banda por lo sucedido acabó por cobrarse la vida de unos jóvenes que no tenían nada que ver con el grupo rival al que buscaban, según concluyeron las autoridades. Hace solo un mes, el pasado 15 de abril, fue acribillado a tiros un menor de edad en ese mismo establecimiento. La lucha por la plaza parece haber regresado. Los empresarios de la noche capitalina temían que pudiera ocurrir de nuevo un Heavens. Y recientemente cuatro locales de fiesta en esa misma calle han sido clausurados.

"Nosotras lo que queremos es conocer la verdad, saber al menos cómo murieron, enterrar a nuestros hijos... Y que algo así no vuelva a suceder nunca", cuenta Ponce.

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