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Polémica excarcelación de un líder de Sendero Luminoso en Perú

“La mejor seguridad es que sigan pagando sus culpas en la cárcel”, comentó el presidente Vizcarra tras conocerse que Osmán Morote ha obtenido la prisión domiciliaria

Osmán Morote, escoltado por policías a su llegada a la vivienda donde cumplirá arresto domiciliario.
Osmán Morote, escoltado por policías a su llegada a la vivienda donde cumplirá arresto domiciliario. EFE

El grupo marxista y maoísta peruano Sendero Luminoso desató, en mayo de 1980, un conflicto que originó casi 70.000 víctimas en 20 años: pretendía destruir la democracia y hacerse con el poder. Su cabecilla principal, Abimael Guzmán, cumple cadena perpetua desde 1992, pero Osmán Morote, quien llegó a ser miembro del comité central de la agrupación hasta 1988, ha dejado este viernes la cárcel para cumplir con la prisión domiciliaria. La medida ha sido criticada por casi todos los sectores políticos y ha causado tensión entre el poder judicial y la fiscalía.

Después de haber sido detenido por la policía antiterrorista en Lima, en 1988, Morote fue condenado a 25 años de cárcel, que se cumplieron en 2013. Ese año se inició otro proceso judicial contra la cúpula de la agrupación, por la matanza de más de 120 personas en Soras, Ayacucho, en 1984, y por ello un juzgado dictó prisión preventiva contra él y contra Margot Liendo, otra dirigente de la organización que este viernes también dejó la prisión y pasó a arresto domiciliario.

Los magistrados explicaron que, conforme a ley, no podían prolongar más tiempo la prisión preventiva. Desde el martes, cuando trascendió la decisión, congresistas, líderes de opinión y políticos la han cuestionado.

El ministro de Justicia, Salvador Heresi, comentó el jueves que la medida “afecta gravemente a la seguridad nacional. Es una vergüenza que se estén dando resoluciones de personas que deberían purgar cárcel por toda su vida por las muertes que generaron”.

El propio presidente peruano, Martín Vizcarra, pidió a los jueces revisar su decisión. “Somos respetuosos con el poder judicial, pero le decimos que no estamos de acuerdo. Tenemos que extremar las medidas de seguridad de la población. La mejor seguridad, sin duda, es que sigan pagando su pena y sus culpas dentro de la cárcel”, afirmó el jueves en la selva central.

Casi todos los medios de comunicación de Lima coinciden en que los excarcelados son una amenaza. Con ese énfasis informaron sobre la liberación de la ciudadana estadounidense Lori Berenson en 2010, de Carlos Incháustegui en 2014, de Maritza Garrido Lecca en 2017, y de Martha Huatay este año. Además, otros políticos de la oposición aseguran que los “terroristas deben seguir presos”, y cuestionan al poder judicial.

El vocero del partido fujimorista Fuerza Popular, Daniel Salaverry, dijo que “indigna ver a estos miserables asesinos celebrando la liberación de la lacra de Morote”. El militar en retiro y congresista fujmorista Carlos Tubino, opinó en Twitter sobre la detención domiciliaria de Morote y Liendo: “Esos miserables terroristas debieron ser fusilados, fueron condenados cadena perpetua y después les rebajaron pena a 25 años”.

Durante el Gobierno de Alberto Fujimori (1990-2000) jueces sin rostro (tribunales anónimos) impusieron condenas a miembros de Sendero Luminoso, pero después de una resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, el Estado peruano tuvo que volver a realizar juicios de acuerdo a la Constitución y la Convención Americana de Derechos Humanos.

Los cabecillas de Sendero Luminoso –incluidos Morote y Liendo–  se enfrentan a otros dos procesos: uno por el atentado en la calle Tarata, cometido por Sendero Luminoso en 1992 en Lima, y el caso Perseo, por la supuesta financiación de actividades subversivas con fondos del narcotráfico.

Una reacción fruto de la psicosis

El sociólogo Félix Reátegui, experto en Comisiones de la Verdad en Perú, Colombia y Brasil, comentó a EL PAÍS que la reacción de querer prolongar una pena de prisión se explica porque “después de 25 años de la derrota de Sendero Luminoso ha subsistido una psicosis: existe la idea de que éste volverá a ser lo que fue en los años 80 y 90. Hay además una falta de cultura de la legalidad, esto hace que las personas busquen respuestas inmediatas opuestas al marco constitucional”.

Reátegui cuestiona a quienes un cuarto de siglo después tienen el "temor a que se reagrupen y que vayan a causar el mismo daño. Perú es seis veces más rico que en 1993. ¿Cómo la sociedad se siente afectada por la liberación de dos terroristas?”, añadió.

El experto planteó que esa prosperidad no se ha invertido en fortalecer la escuela ni a los partidos políticos, para una derrota ideológica” de las ideas violentistas. Además, indicó que los sectores políticos, ante la carencia de propuestas, encuentran una forma de legitimarse ante los ciudadanos “en el rechazo a Sendero Luminoso”.

A mediodía del viernes, los periodistas perseguían los vehículos de la policía en los que los excarcelados dejaron la prisión de Piedras Gordas, al norte de Lima. Reategui añade que la prensa peruana, “en su propia dinámica de generar escándalo, genera ondas concéntricas de terror” sobre el tema.