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Así funciona la tala sustentable en el Nevado de Toluca

El Gobierno mexicano muestra las bondades de su plan en una mínima porción del bosque. Se mantiene la incertidumbre sobre su funcionamiento a gran escala

El Ejido El Capulín, en Amanalco, Estado de México.
El Ejido El Capulín, en Amanalco, Estado de México.

La secretaría de Medio Ambiente mexicana desplazó este lunes a medio centenar de reporteros a un bosque a dos horas de la capital. Quería mostrarles de qué va la tala sustentable. Qué significa en la práctica. El Gobierno trataba de zanjar así la polémica surgida hace unos días respecto al destino que aguarda al Nevado de Toluca. No habrá tala comercial: será sustentable.

El Nevado es el gran parque de recreo de la región más poblada del país, el Estado de México. Sucede además que este estado rodea en gran parte a la capital. La montaña y sus bosques le surten de agua y se alimentan del carbono que produce.

La semana pasada trascendía que el Gobierno permitiría la tala en un tercio de la superficie arbolada del Nevado, 17.785 hectáreas de casi 54.000. En el plan de manejo, publicado el 21 de octubre, se autorizaba el “aprovechamiento forestal maderable” y se eliminaba la prohibición expresa de construir infraestructura turística: hoteles, campos de golf, etcétera.

¿Qué significa aprovechamiento forestal? Ayer, en el Ejido El Capulín, en Amanalco, la plana mayor de Medio Ambiente insistió en que aprovechamiento forestal significa sacar una mínima cantidad de árboles por hectárea, los ejemplares enfermos, muy grandes, viejos, víctimas de plagas. Es decir, limpiar el monte y obtener algo de dinero para la comunidad.

El Ejido El Capulín depende de algo más de 100 ejidatarios. En la práctica, los ejidatarios son algo así como socios vitalicios. El Capulín es un área boscosa de 726 hectáreas, una pequeña muestra de las 17.785 en discusión. De acuerdo a la nueva normativa, los socios de El Capulín contrataron a unos técnicos forestales. A lo largo de cuatro meses, los técnicos dividieron su bosque en 10 sectores y determinaron que cada año el ejido explotaría uno de ellos. Gabino García, técnico encargado, explicaba ayer que eso significa talar de ocho a 10 árboles por hectárea, de un total de 600. García también dijo que depende del lugar, habrá hectáreas de bosque más o menos aprovechables. De algunas podrán sacar más árboles, de otras menos.

En el mundo ideal del Ejido El Capulín, los vecinos sacan algo de dinero con la tala sustentable de grandes parcelas de arbolado, completan su salario en sus campos de cultivo y mantienen vivo y sano el gran parque natural del Nevado. Además, tienen para pescar trucha, pueden recoger setas en temporada… El problema es qué pasa con el resto, con las 17.059 hectáreas restantes.

Probosques, la dependencia de Medio Ambiente encargada de dar permisos para el aprovechamiento sustentable, ha emitido de momento dos, el de El Capulín y otro, en total menos de mil hectáreas. Ahora, el resto de ejidos y comunidades deberán contratar a sus técnicos, hacer sus estudios, presentarlos a Probosques y esperar. En teoría, Medio Ambiente dispone de un fondo de 200.000 dólares para ayudar a los ejidos con los estudios. Además, Probosques maneja un equipo de 200 supervisores para controlar que los vecinos del Nevado que tengan permiso no abusen de él. O, peor, que otros lo hagan, que el crimen organizado encuentre huecos para talar los montes a su antojo.

Como parece evidente que 200 técnicos no pueden cuidar 17.785 hectáreas, ni siquiera con la ayuda de los guardabosques, la idea es que los propios ejidatarios cuiden de sus sectores. Así lo explicaba Raúl Benet, del Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible. “Tienen que ser ellos los que vigilen”, decía. Su organización, Greenpeace y otras tantas de todo el país firmaron un comunicado en apoyo al plan de manejo del Nevado. “Es fundamental que la sociedad se mantenga atenta y activa para impedir que el sentido del programa se distorsione”.

En cuanto a la construcción de infraestructura, el secretario de Medio Ambiente, Rafael Pacchiano, insistió en que el plan prohibe levantar cualquier tipo de complejo, público o privado. "Aquí", dijo, "se trata de retirar los árboles indeseables". Nada más.

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