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“La gran herencia maldita de Rousseff es la destrucción de las cuentas públicas”

El fundador de la consultoría Inter-B confía en el nuevo presidente interino, Michel Temer, aunque cree que tendrá como obstáculos una posible crisis social

El economista Claudio Frischtak, en Río de Janeiro.
El economista Claudio Frischtak, en Río de Janeiro. DIVULGACIÓN

Claudio Frischtak (Río de Janeiro, 1949) es un economista de prestigio y un solicitado conferenciante en encuentros de empresarios e inversores en Brasil y el extranjero. El fundador de la consultoría Inter-B confía en el nuevo presidente interino, Michel Temer, aunque cree que tendrá como obstáculos una posible crisis social provocada por el alto desempleo, además del avance de la investigación del caso Petrobras, que afecta directamente a la cúpula del actual Gobierno.

Pregunta. El nuevo ministro de Hacienda de Brasil, Henrique Meirelles, ya ha señalado algunas medidas, como el aumento de la edad de jubilación, la exención fiscal a algunas empresas, el recorte y control de los gastos públicos. ¿Qué opina?

Respuesta. El primer acto del ministro Meirelles es establecer la dimensión del problema fiscal, que nadie conoce realmente. ¿Cuál es el tamaño del agujero que debe taparse para estabilizar el crecimiento de la deuda con relación al PIB? Calculamos que 300.000 millones de reales [85.500 millones de dólares], pero es aproximado. La principal herencia maldita de Rousseff es la destrucción de las cuentas públicas y la situación de emergencia fiscal. La salida es una combinación de reducción de gastos, incentivos fiscales y transferencias, y quizás subir los impuestos. ¿La luz al final del túnel? Una recuperación cíclica debida a que estamos tocando fondo, la inflación empieza a ceder y los tipos de interés también.

P. Usted es muy crítico con la administración económica de Rousseff. ¿Cuáles han sido sus errores?

R. La madre de todos los errores del Gobierno Rousseff ha sido la irresponsabilidad fiscal. El Estado está en una situación crítica y ella fue destituida por su actuación irresponsable. No es poca cosa, como ella dice, es algo enorme, y si todavía no lo entiende es porque no aprende nada, ni olvida nada. Representa una mezcla de falta de comprensión de cómo funciona la economía, determinación extrema —en el sentido de “lo hago porque puedo”— y oportunismo electoral. Pero más allá de la irresponsabilidad fiscal, hay un segundo conjunto de errores, también muy importante, que yo llamo “populismo tarifario”. Eso significa establecer precios y tarifas insostenibles, pero que se utilizan para obtener popularidad y ganar las elecciones. Muchos Gobiernos lo hacen, pero ha conllevado, entre otras cosas, la caída de [la estatal petrolera] Petrobras. La empresa está fragilizada por tres factores, en este orden: control artificial de los precios de los combustibles, decisiones de inversión completamente irresponsables por motivos políticos, y corrupción. La combinación ha sido mortal para la economía.

P. ¿Cómo ven los inversores el impeachment y el cambio de Gobierno?

R. El Gobierno de Rousseff consiguió poner prácticamente a todos en su contra. Eso obviamente ha contado mucho en su destitución. Los empresarios están esperanzados. Pero, como me comentó un diputado, “estamos cambiando lo cierto por lo dudoso”. Lo cierto es el desastre que es Rousseff, lo dudoso es que tal vez el Gobierno de Temer funcione, no de forma brillante, pero lo suficiente para la transición hasta 2019, cuando asumirá un nuevo Gobierno.

P. Algunos indicadores ya anuncian el inicio de una recuperación. ¿De qué manera Temer puede beneficiarse de una recuperación iniciada, en realidad, por Rousseff?

R. Temer no va a encontrar un panorama fácil. La situación fiscal es dramática, pero algunos elementos indican que se está produciendo una recuperación. 2015 no fue un año perdido. El equipo dirigido por Levy [Joaquim; anterior ministro de Hacienda] realizó un ajuste enorme y durísimo de los precios y las tarifas que resolvió muchos problemas. Hubo un ajuste del cambio muy relevante. Se realizó también un esfuerzo enorme para crear mejores condiciones para que se invirtiera en infraestructura, como el inicio de privatización de los aeropuertos. También existe la posibilidad de reducir los tipos de interés, porque el Banco Central, durante el último año, ha actuado correctamente y ha conseguido crear la expectativa de que la inflación empezará a bajar. La herencia de Temer no es únicamente maldita.

P. ¿Qué le ha llamado más la atención de las nuevas medidas y nombramientos?

R. Temer ha realizado un movimiento brillante para la economía. Ha nombrado a un ministro de Hacienda [Meirelles] con bastante credibilidad y razonablemente conservador desde el punto de vista fiscal. Lo ha combinado con el nombramiento de José Serra [ministro de Relaciones Exteriores, que incluye también el Departamento de Comercio Exterior], una persona muy proactiva con una personalidad muy fuerte. La posición de Serra desde el punto de vista fiscal también es muy conservadora, pero desde el punto de vista monetario, tiene una posición diferente de la de Meirelles. Creo que la conjunción de ambos ha sido deliberada y puede funcionar. Hay que tener una política fiscal restrictiva para que pueda haber una política monetaria más flexible, necesaria para que se devalúe el real, que, a su vez, es el instrumento para aumentar las exportaciones.

P. ¿Cuál es el principal obstáculo que enfrentará Temer?

R. Desde el punto de vista macroeconómico, la cuestión fiscal es crítica. El ajuste que calculamos que tenemos que hacer para estabilizar la deuda es de 300.000 millones de reales [85.500 millones de dólares], ¡es mucho dinero! Pero desde el punto de vista social, nos encontramos en la antesala de una crisis. En marzo, el paro alcanzó el 10,9% (11,1 millones de personas), un aumento del 39,8% con relación al año anterior. En ese período, también se perdieron 1,8 millones de puestos de trabajo formales, según el Registro General de Empleados y Desempleados. Según nuestros cálculos, tras el despido, el FGTS [Fondo de Garantía por Tiempo de Servicio], la indemnización y el paro pueden garantizar a las familias un colchón de seis a nueve meses. Pero, ¿y después?Los despidos empezaron en el último trimestre del año pasado. Si echamos cuentas, en el segundo semestre de este año nos encontraremos con familias que habrán agotado sus recursos y no podrán mantenerse. Es muy grave y el próximo Gobierno tendrá que tener un programa de empleo de emergencia, porque las personas en paro se van a desesperar.

P. ¿Cómo se traduciría en la calle la crisis social que prevé? ¿Y cuál debería ser la respuesta del Gobierno?

R. Gente en la calle protestando, caceroladas y una presión creciente sobre el Gobierno. Creo que hay dos tipos de solución, y no dudo que estén pensando en ellas en este momento. Una es eliminar obstáculos para retomar el crecimiento en sectores que emplean mucha mano de obra, como la construcción civil y sectores destinados a la exportación. Pero el Gobierno también tiene que pensar en extender el subsidio de desempleo, o sea, reforzar el colchón que garantiza la supervivencia de las familias. El Gobierno va a tener muchas dificultades para crear un programa de empleo de emergencia, porque su capacidad de ejecución a la hora de hacer inversiones de emergencia es muy limitada.

P. ¿Cómo ve la futura oposición del nuevo Gobierno?

R. Creo que se van a deshinchar rápidamente, a menos que el desempleo se dispare y el Gobierno no haga nada. Eso sí podría incentivar protestas. Pero si el Gobierno empieza a mostrar algunos resultados en el segundo semestre, creo que la travesía no será tan difícil.

P. Cabe la posibilidad de que el Gobierno de Temer no llegue a 2018...

R. El Gobierno de Temer hará frente a todos los problemas que ya conocemos, y además está el caso Petrobras, que arroja inseguridad al implicar a altos cargos del nuevo Gobierno. Además, hay un proceso en el Tribunal Superior Electoral contra la coalición Rousseff-Temer. Lo más probable es que Temer termine su mandato, pero también existe la posibilidad —y no pequeña— de que no lo termine y que vuelva a haber un escenario grave de estrés.

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