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Kuczynski, una vida entre el dinero y la política

El rival de Fujimori fue inversor en EEUU y tiene fama de lobista pero ahora puede cumplir su sueño de ser presidente

Pedro Pablo Kuczynski habla a sus seguidores durante el domingo-
Pedro Pablo Kuczynski habla a sus seguidores durante el domingo- EFE

La vida de Pedro Pablo Kuczynski es aún más larga de lo que corresponde a sus 77 años. El candidato que con toda probabilidad se enfrentará a Keiko Fujimori en la segunda vuelta puede culminar con la presidencia del Perú un largo recorrido que le ha llevado por medio planeta siempre entre la élite mundial, desde sus colegios en Lima y Reino Unido, para pasar después al conservatorio en Suiza –es músico de alto nivel y en sus mítines toca la flauta travesera para deleitar a sus incondicionales- más tarde a la universidad en Oxford (Reino Unido) y después en Stanford (EEUU).

Su vida ya había empezado de forma particular. Su padre, Maxime Kuczynski, era un médico alemán de origen polaco especializado en enfermedades tropicales que decidió viajar a la selva peruana a estudiar in situ sus métodos. Allí fue el director del Leprosario de San Pablo, cerca de Iquitos, donde pasó su primera infancia el candidato. Ese centro que trataba indígenas enfermos aparece en los diarios del Che Guevara, que se encontró con el padre de Kuczynski en su viaje iniciático por Latinoamérica, cuando tenía 24 años y decidió hacerse guerrillero. Ese médico alemán aparece también en la película inspirada en esos diarios.

El padre se llevó a esa aventura a su mujer, Madeleine Godard, una maestra franco-suiza. El candidato es primo del cineasta Jean-Luc Godard. Pero Kuczynski siguió un camino ideológico muy diferente al del Che Guevara que se cruzó con su familia o al de su primo Godard. El candidato dedicó su vida a los mercados y es un liberal de centro-derecha con el que se completaría el giro del continente.

Kuczynski recorrió el mundo y pasó media vida en EEUU, entre Washington, Nueva York y finalmente Miami. Y se dedicó sobre todo al mundo del dinero, donde conoció a su actual esposa, Nancy Lange, analista financiera y prima de la actriz Jessica Lange. Como banquero de inversión y asesor de millonarios que querían invertir en Latinoamérica, fraguó una buena fama en los mercados y una fortuna importante. Su casa en el barrio exclusivo de San Isidro en Lima da cuenta de ella.

Llegó a participar incluso de las reuniones del club Bildeberg, y ha sido muy criticado en su país porque le acusan de favorecer a empresas a las que pasaba después cuando dejaba la política. Su punto más polémico es su participación en una de las compañías que se hicieron con el yacimiento de gas Camisea, de los más importantes, justo en un pequeño intervalo en el que salió del Gobierno que había decidido la concesión. Es un representante claro de la llamada puerta giratoria.

Aunque vivió mucho fuera, y de ahí conserva un acento híbrido que muchos le critican en Perú, Kuczynski no se desconectó nunca de su país de origen. Volvió en 1966 para ser un cuadro importante del Gobierno de Belaunde, y se tuvo que exiliar con la dictadura. Regresó otra vez en 1980 para ser ministro de Minas, pero sus rivales le critican que su gestión ayudó a las compañías extranjeras que explotan buena parte de las minas peruanas. Esa fama de lobista le persigue. De nuevo regresó a EEUU y pasó allí la etapa fujimorista, dedicado a sus inversiones en Latinoamérica, pero volvió otra vez para ser la mano derecha, primero como ministro de Economía y después como presidente del Consejo de Ministros, de Alejandro Toledo. Ahí demostró una vez más su apuesta liberal.

Pero le quedaba la presidencia. En 2011 lo intentó y fracasó. Ahora parecía que no se animaría a sus 77 años. Hace solo dos meses no tenía ninguna opción, según las encuestas. Pero las carambolas de la política peruana, con la eliminación de dos candidatos clave por la junta electoral, y el miedo a que ganara la izquierdista Verónika Mendoza le han colocado en la segunda vuelta. Ahora tiene que movilizar a todo el antifujimorismo para ganar y cumplir con su sueño. Sus rivales dicen que está demasiado mayor y se difunden rumores sobre su salud. “Estoy muy bien, mis tías vivieron 98 años, me quedan 21. ¡No voy a estar 21 de presidente, no se preocupen!” bromea él, eufórico con esta oportunidad que le dio la historia para completar una vida de película y éxito.

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