Por favor
La sanidad española está llena de agujeros. Nuestra joya de la corona de la justicia social se hunde poco a poco
El pasado 7 de abril se celebró el Día Mundial de la Salud, y con este motivo Médicos del Mundo hizo una campaña a través de diversos medios en pro de la sanidad pública. Consistía en recordarte que probablemente has ido unas cuantas veces a urgencias y te han atendido y medicado sin pedirte antes una tarjeta de crédito; o que quizá recibiste un día un diagnóstico difícil y pudiste concentrar todas tus energías en asumir el reto sin tener que pensar agónicamente en cómo podrías pagarte el tratamiento. En España estamos muy mal (o, mejor dicho, muy bien) acostumbrados, porque ...
El pasado 7 de abril se celebró el Día Mundial de la Salud, y con este motivo Médicos del Mundo hizo una campaña a través de diversos medios en pro de la sanidad pública. Consistía en recordarte que probablemente has ido unas cuantas veces a urgencias y te han atendido y medicado sin pedirte antes una tarjeta de crédito; o que quizá recibiste un día un diagnóstico difícil y pudiste concentrar todas tus energías en asumir el reto sin tener que pensar agónicamente en cómo podrías pagarte el tratamiento. En España estamos muy mal (o, mejor dicho, muy bien) acostumbrados, porque llevamos décadas disfrutando de un servicio de salud público extraordinario, y cuando digo extraordinario no me refiero solo a la calidad (de la que hablaré luego), sino al hecho de que la mayoría de los países no disponen de algo semejante. Resulta difícil de creer, porque consideramos que el derecho a la salud es algo indiscutible y desde luego lo es, pero hay naciones tan ricas y poderosas como EE UU en donde tu hijo pequeño puede enfermar de cáncer, por ejemplo, y si no tienes con qué pagar las medicinas (o un seguro médico que te sale carísimo, inalcanzable para la mayoría), ese niño se quedará sin tratar y sin hospitalizar y acabará muriendo ante tus ojos en total abandono terapéutico. En verdad no me cabe en la cabeza cómo una sociedad puede aceptar un horror semejante; cómo no revienta el sistema desde abajo (aunque me parece que mucha de toda esa desesperación está en el voto a Trump, que desde luego es una manera de reventar el país). La genial serie Breaking Bad (volviéndote malo), que trata de un profesor de Química que se mete a cocinar droga para pagarse la quimioterapia, explica a la perfección esa injusticia flagrante.
Pues bien, nosotros vamos pasito a pasito hacia un futuro semejante. Hacia esa aberración sin paliativos. La derecha lleva años bombardeando la sanidad pública, destruyendo el sistema, potenciando una sanidad privada que puede coexistir perfectamente con la pública y hasta ser provechosa, pero no si se la hace crecer a costa de nuestro sistema de salud y además con trucos indecentes. Tomemos el ejemplo del reciente escándalo destapado por EL PAÍS en el hospital de Torrejón. El centro es público pero está gestionado por el poderoso grupo Ribera, de medicina privada; y se descubrió que rechazaban pacientes de su demarcación para tratar a enfermos de fuera, porque la comunidad les pagaba más dinero por ellos.
El pasado mes de enero se publicó un informe de Funcas realizado por prestigiosos economistas de la salud en el que se desmentían diversos bulos sobre el sistema sanitario. Por ejemplo, el tópico de que la sanidad privada es más eficiente que la pública. Al parecer no hay nada que demuestre esto (tampoco que la pública sea inevitablemente mejor); la evidencia internacional tiende a priorizar los sistemas públicos, que obtendrían mejores resultados en salud con menos gasto agregado, pero al parecer lo decisivo no es la propiedad del centro, sino su regulación y modo de gestión. La sanidad pública española sigue siendo muy buena; si nos fijamos en el dato más fiable de clasificación, la mortalidad innecesariamente prematura y sanitariamente evitable, España estaría en el noveno puesto mundial, por detrás de Suiza, Suecia, Noruega, Canadá, Holanda, Australia, Islandia e Irlanda. Por desgracia, según uno de los expertos de Funcas, el profesor Vicente Ortún, nuestro sistema tiene “un mal pronóstico” (ver reportaje de Pablo Linde en EL PAÍS).
Sí, por desgracia la sanidad española está llena de agujeros. Nuestra joya de la corona de la justicia social se hunde poco a poco. Mucho aplaudir a los sanitarios en la pandemia y ahora estamos dejando que el viejo y magnífico transatlántico naufrague. Ahí están los médicos luchando en las calles por mejorar su estatuto, con peticiones tan sensatas como tener guardias de tan sólo 17 horas seguidas, en vez de las aniquilantes 24 de ahora. ¿Cómo podemos permanecer indiferentes ante este destrozo, que nos achicará la vida y la salud, que hará de nuestra sociedad un lugar mucho más injusto y miserable? Tengo un querido amigo médico que lleva toda la vida luchando por la sanidad pública; el otro día me dijo que lo dejaba, que no aguantaba más el deterioro de todo. Me encogió el corazón. Por eso me dirijo a las nuevas generaciones: sé que la solución no es fácil, pero no podéis rendiros. Por favor.