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La vida en el estadio de la Rosaleda

Andrés Perales, chófer y conserje del Málaga CF, se ha ganado el derecho a vivir en la casa desde la que tantas veces custodió el pabellón del club. Aunque retirado, el cariño de la afición y el reconocimiento con el que cuenta por parte del equipo le permitirán seguir habitando el campo.

  • Mientras algunas de las entradas al estadio de la Rosaleda llevan el nombre de grandes futbolistas del Málaga, una de ellas homenajea a quien fuera su conserje durante casi 30 años y conductor del equipo durante otras dos décadas. La puerta 19, en el ala oeste del campo, recibió esta denominación coincidiendo con la jubilación de Perales. Al jienense también se le regaló la insignia de oro del club durante un partido contra el Real Madrid.
    1Mientras algunas de las entradas al estadio de la Rosaleda llevan el nombre de grandes futbolistas del Málaga, una de ellas homenajea a quien fuera su conserje durante casi 30 años y conductor del equipo durante otras dos décadas. La puerta 19, en el ala oeste del campo, recibió esta denominación coincidiendo con la jubilación de Perales. Al jienense también se le regaló la insignia de oro del club durante un partido contra el Real Madrid.
  • Las vistas desde el porche de Perales son, quizá, las que soñaría cualquier hincha del Málaga. Según cuenta, ni siquiera le merece la pena asomarse a la grada durante los partidos que se juegan en la Rosaleda. Echado en el sofá de su casa, los goles se escuchan de forma certera cada vez que grita la afición.
    2Las vistas desde el porche de Perales son, quizá, las que soñaría cualquier hincha del Málaga. Según cuenta, ni siquiera le merece la pena asomarse a la grada durante los partidos que se juegan en la Rosaleda. Echado en el sofá de su casa, los goles se escuchan de forma certera cada vez que grita la afición.
  • El estadio de la Rosaleda se terminó en 1941, aunque su aspecto actual llega después de dos amplias reformas —una con motivo del Mundial de 1982 y otra que coincidió con el cambio de siglo—. Puede acoger a 30.044 espectadores.
    3El estadio de la Rosaleda se terminó en 1941, aunque su aspecto actual llega después de dos amplias reformas —una con motivo del Mundial de 1982 y otra que coincidió con el cambio de siglo—. Puede acoger a 30.044 espectadores.
  • Justo enfrente de la vivienda de Andrés Perales descansa el Flecha Azul, el autocar en el que, a partir de 1963, él estuvo llevando al Málaga y al Malagueño —el segundo equipo del club—. "Se tardaban 10 horas en llegar a Madrid y 20 en llegar hasta Barcelona", recuerda el chófer. En las cuestas, a veces, tocaba bajarse del autobús y empujarlo, algo en lo que también ayudaban los jugadores. "Dile tú a un futbolista de los de hoy que haga eso", ríe otro trabajador de la Rosaleda. Quizá por lo valioso de aquellos recuerdos, Perales no duda en referirse a aquella época como la preferida de su carrera.
    4Justo enfrente de la vivienda de Andrés Perales descansa el Flecha Azul, el autocar en el que, a partir de 1963, él estuvo llevando al Málaga y al Malagueño —el segundo equipo del club—. "Se tardaban 10 horas en llegar a Madrid y 20 en llegar hasta Barcelona", recuerda el chófer. En las cuestas, a veces, tocaba bajarse del autobús y empujarlo, algo en lo que también ayudaban los jugadores. "Dile tú a un futbolista de los de hoy que haga eso", ríe otro trabajador de la Rosaleda. Quizá por lo valioso de aquellos recuerdos, Perales no duda en referirse a aquella época como la preferida de su carrera.
  • Cada vez que Andrés Perales entra o sale de su casa, los guardas, subcontratados a otra empresa, le abren las verjas del estadio. Durante casi tres décadas cuidar del campo fue su trabajo, aunque él lo hacía solo con su bicicleta y tres grandes canes. Retirado y con 79 años a sus espaldas, conserva la casa que le correspondía como conserje. En ella disfruta de las visitas de sus siete hijos, así como de sus nuevas mascotas: dos pájaros, un gato y un perro de compañía.
    5Cada vez que Andrés Perales entra o sale de su casa, los guardas, subcontratados a otra empresa, le abren las verjas del estadio. Durante casi tres décadas cuidar del campo fue su trabajo, aunque él lo hacía solo con su bicicleta y tres grandes canes. Retirado y con 79 años a sus espaldas, conserva la casa que le correspondía como conserje. En ella disfruta de las visitas de sus siete hijos, así como de sus nuevas mascotas: dos pájaros, un gato y un perro de compañía.