¿Por qué muchos inversores están volviendo a confiar en Japón?

Es uno de los países más admirados a nivel mundial, especialmente por su tecnología y su civismo. Pero, a la vez, destaca por estar ‘blindado’ al exterior. El comercio, la inversión o el porcentaje de población extranjera son buenas pruebas de ello. Quizás esto explique que la economía de Japón se haya quedado atrás en las últimas décadas. Pero el escenario podría cambiar en pocos años

Que Japón sea uno de los países que más fascinación colectiva genera en todo el mundo no es noticia. Menos aún en plena disputa de un evento deportivo como es el Mundial de fútbol, cita en las que los hinchas, turistas y deportistas nipones acaparan siempre los elogios del resto de naciones por su civismo. Las imágenes de sus vestuarios impolutos o de los aficionados limpiando las gradas tras los partidos circulan por las redes sociales y los medios de comunicación como ejemplo a seguir por el resto. Pero toda esta admiración que despierta Japón por su cultura, sus tradiciones y su avanzada tecnología contrasta con otra realidad quizás más difícil de adivinar: Japón es uno de los países más cerrados del planeta.

Puede que resulte tan sorprendente porque existe una impresión generalizada de que, al menos en el terreno económico, Japón es un país muy abierto al mundo. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Por ejemplo, es uno de los países desarrollados en el que menos peso económico tienen las exportaciones. Estas suponen únicamente en torno al 15% del Producto Interior Bruto (PIB), mientras que en otros, como Alemania, llegan casi al 45%. En España representaron el 28% en 2021.

Pero no se trata solo del comercio. Japón también es uno de los países con menos Inversión Extranjera Directa de todo el mundo. De hecho, supone poco más del 4% de su PIB, una onceava parte de la media de los países desarrollados. Y si echamos un vistazo a la inmigración y a los profesionales extranjeros, sucede lo mismo. Solamente el 2,3% de su población ha nacido fuera del archipiélago.

Del crecimiento al socavón de 1990

Esta especie de aislamiento internacional resulta particularmente sorprendente en un país que lleva perdiendo población desde el año 2011 y que, desde comienzos de la década de los 90, vive sumido en una especie de estancamiento crónico. Fue precisamente en 1990 cuando estalló el globo de un país que parecía estar listo para comerse el mundo. Su crecimiento era espectacular. Durante casi dos décadas, entre 1955 y 1973, el país asiático creció a un ritmo anual del 9%. Y en los siguientes 17 años continuó haciéndolo por el 4%. Así llegó a 1989, convertido en uno de los países más ricos del mundo: su industria tecnológica marcaba tendencia a nivel global, sus ciudadanos tenían cada vez más poder adquisitivo y su mercado inmobiliario funcionaba como un reloj suizo.

Pero en 1990 todo se vino abajo. Japón se sumió en una crisis total de la que ya nunca logró escapar del todo. Tanto, que pasó de ser uno de los países con mayor potencial económico del mundo a ocupar la plaza 35 en términos de PIB per cápita, según los datos del Banco Mundial. A pesar de todo ello, muchos analistas aún defienden que el país puede ser una gran oportunidad para los inversores de todo el mundo.

Así que las preguntas que se hacen los analistas son: ¿Por qué Japón se ha quedado rezagado respecto al resto de los países desarrollados en las últimas tres décadas? ¿Qué lecciones se pueden asimilar del caso de Japón? Y quizás la cuestión más importante de todas: ¿Por qué cada vez más inversores consideran que la bolsa japonesa puede dar muchas alegrías en los próximos años? En el último vídeo de Si lo Hubiera Sabido te contamos todos los detalles.

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