La formación digital requiere medios y actitud

Es a la vez especializada y masiva, tecnológica pero también humana, porque despierta una mentalidad abierta al cambio personal y profesional. La educación digital merece la pena, será la que forme el talento capaz de transformar el modelo productivo de todo un país

En España, casi la mitad de los nuevos empleos generados este año tendrán relación con el entorno digital.
En España, casi la mitad de los nuevos empleos generados este año tendrán relación con el entorno digital.Getty Images
Juan Pablo Zurdo

Un flamante edificio de Barcelona tiene un problema analógico y una solución digital: las dobles ventanas exteriores filtran agua cuando llueve, y el remedio es una junta especial para un sellado estanco.

En la industria tradicional esas piezas se hubieran inyectado en un molde carísimo, solo rentable para tiradas masivas. Pero la impresión aditiva de IMES 3D, la startup proveedora, ha entregado una cantidad mucho menor, solo las que necesita el edificio, por mucho menos de lo que hubiese costado el molde.

Con esa capacidad competitiva, normal que no les falten clientes llamando a la puerta. ¿Qué les falta entonces? “Talento digital en la cantidad y con el nivel de formación que pide el mercado”, explica David Mestres, uno de los dos jóvenes fundadores.

El contraste es casi incomprensible: por un lado, paro estructural, especialmente juvenil, y, por otro, un enorme caladero de trabajo tecnológico de calidad, de ese que permite reenfocar o planificar una vida.

Educación bajo demanda

La conexión entre ambos extremos está inventada pero no del todo aplicada: educación a la carta, diversa, desde las ingenierías superiores a la antes menospreciada formación profesional o la actualización (reskilling) que periódicamente nos emplaza a todos. Otro contraste: el sector más evolutivo, más mutante, el tecnológico, es al mismo tiempo el más estable.

La Comisión Europea calculó de 500.000 a 750.000 los puestos tecnológicos vacantes en el continente en el año 2019

En España, casi la mitad de los nuevos empleos generados este año tendrán relación con el entorno digital, unos 200.000, dice la Unión Europea. Pero según Fundación Telefónica, solo el 31% de la fuerza laboral sabe lo que hay que saber para trabajar en ese entorno. Y en 2019 la Comisión Europea calculó de 500.000 a 750.000 los puestos tecnológicos vacantes en el continente.

El esfuerzo formativo también avanza. Por ejemplo, “en Barcelona la oferta de profesionales tecnológicos creció un 23% entre 2017 y 2019, el problema es que la economía digital y la demanda corren más”, apunta Jordi Arrufí, director de Talento Digital del Mobile World Capital Barcelona.

El factor humano

En cierto modo la tecnología es víctima de su propia naturaleza, la de la aceleración exponencial. La economía digital, explica Arrufí, se basa en dos pilares hoy distantes pero íntimamente conectados: una tecnología más potente y a la vez barata (“producir una unidad adicional de software cuesta cero”) y las personas con capacitación para entender y apurar esa enorme oportunidad de negocio.

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A más de un año de la pandemia, “ya sabemos que la recuperación no será en U ni en V, sino en K”, apunta el experto. La pata ascendente de la K son los sectores estimulados, digitales, y la pata descendente, los que se quedan obsoletos. Conclusión: el primer grupo necesita formación digital especializada para alimentarse, y el segundo necesita formación digital especializada para reciclarse o trasvasar su empleo sobrante hacia el primero.

La dimensión psicológica de la formación se refleja en las recetas contra la brecha digital, según Arrufí, como la obligación de despertar vocaciones en disciplinas STEM (ciencia, tecnología, ingeniería, matemáticas). “Solo con lograrlo entre las mujeres ya podríamos reducirla un 80%”, apunta. “Formar los nuevos perfiles profesionales 4.0 es la ocasión de que las mujeres consigamos una mayor representación en los sectores industrial y logístico”, tercia Blanca Sorigué, directora general del Consorci de la Zona Franca de Barcelona.

Otra receta que entra de lleno en el factor humano: la motivación para el reciclaje profesional de sectores en transformación acelerada, casi todos, “que verán más cambios en 15 años que en un siglo”, aclara Arrufí.

Formar los nuevos perfiles profesionales 4.0 es la ocasión de que las mujeres consigamos una mayor representación en los sectores industrial y logístico
Blanca Sorigué, directora general del Consorci de la Zona Franca de Barcelona

La Unión Europea insiste: que salgan del mundo laboral cientos de miles de profesionales con conocimientos sectoriales insustituibles no es una opción. Se trata de añadir una capa digital a esa experiencia para reengancharlos. Abogado, pero con habilidades digitales; cirujano, pero con habilidades digitales; periodista, arquitecto, instalador, diseñador, cocinero, pero con capacitación digital.

Facilidad de aprender

Iván Rey, el otro joven cofundador de IMES 3D, explica que la formación en su sector avanza, ya existe un máster de fabricación aditiva en Barcelona, “pero ahora necesitaríamos tres, uno por cada técnica especializada de impresión”. “Si no abunda el talento especialista que necesitamos, priorizamos la actitud personal, la curiosidad, la capacidad de aprender rápido porque la tecnología evoluciona siempre, tienes que integrar nuevo conocimiento cada día”.

Para Rodrigo Miranda, director general de la escuela internacional de negocios ISDI y asesor para el hub del Plan Nacional de Capacidades Digitales (PNCD), “la buena noticia es la vocación firme con el cambio del modelo productivo, existen hubs de apoyo y gestión, e independientemente del palo político de cada cual, el PNCD consulta a los diferentes actores tanto empresariales como educativos. El objetivo es mirar atrás en 10 o 15 años y ver un PIB mucho más digitalizado, para tener un alcance más global y competitivo sobre todo en Europa y Latam”.

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Miranda habla de actitud en sentido amplio, de salir de la zona de confort, como personas, como empresas y como país. “Lo primero que pregunto a los alumnos es qué han aprendido para su desarrollo profesional durante el confinamiento?”. Para que arraigue la formación hay que arrasar prejuicios y concienciar. ¿No se ha hecho hasta ahora? “No lo suficiente”.

Responsabilidad individual

Ha primado la tendencia a la comodidad de una sociedad desarrollada. “En esto debemos ser políticamente incorrectos, reconocer que somos las personas los primeros responsables de nuestra formación. Yo puedo ayudarle generando entornos y programas de aprendizaje, con un cheque formativo, pero la actitud de educación continua depende de ti”, apunta Miranda, y amplía: “Cuando despertamos esa hambre, la formación se vuelve fácil”.

El objetivo es mirar atrás en 10 o 15 años y ver un PIB mucho más digitalizado, para tener un alcance más global y competitivo sobre todo en Europa y Latam
Rodrigo Miranda, director de ISDI y asesor para el hub del PNCD

Además: revertir clichés falsos y tozudos, como que la tecnología es solo para los listos, devolver la dignidad a la formación profesional estigmatizada desde los años ochenta, comunicar que la variedad de contenidos tecnológicos es tal que cualquiera, “repito, cualquiera”, insiste Miranda, puede optar a formarse digitalmente, además de formación práctica como la digitalización real de una empresa o la creación de un e-commerce con financiación, facturación y clientes de verdad.

Y dos actitudes más, según el profesor: espíritu optimista a la par que realista, porque se basa en la certeza del casi pleno empleo digital. Y espíritu de manada: que esa visión individual de la propia responsabilidad se proyecte en lo colectivo, en el todos a una. “Es imprescindible la colaboración entre empresas, administraciones y educadores para crear ecosistemas, lanzaderas y hubs de ayuda mutua. Nada sobra, todo suma”.