La escuela que dará luz a un barrio

El colegio San Viator de Madrid estrena placas fotovoltaicas para convertirse en el centro de una comunidad solar, un nuevo modelo que se apoya en la generación distribuida para abastecer a los ciudadanos de energía 100% sostenible producida en tejados de edificios que cuenten con superficie disponible

Placas solares del Colegio San Viator de Madrid.
Placas solares del Colegio San Viator de Madrid.Victor Sainz

En el colegio San Viator tienen un proyecto tan ambicioso como el de formar a sus alumnos: quieren hacer más sostenible la vida en el distrito de Usera, al sur de Madrid. Entre sus planes de futuro están la construcción de un aparcamiento de bicicletas y la búsqueda de actividades para inculcar valores verdes a sus más de 1.400 estudiantes. Pero su iniciativa más innovadora ya está aquí. Recientemente han terminado la instalación de placas fotovoltaicas en su azotea que no solo abastecerán a este centro escolar de electricidad producida sin emisiones, sino que también darán luz a hogares cercanos del barrio.

El colegio es uno de los primeros en sumarse a un modelo que aspira a transformar el sector energético, la generación distribuida. En lugar de la producción tradicional centralizada, este sistema traslada la generación de electricidad a diversos puntos en el corazón de las ciudades. Un objetivo que se consigue instalando paneles solares en estaciones de servicio, empresas, centros médicos, comunidades de vecinos, o colegios, como en este caso, entre otros edificios, y conectándolos con hogares cercanos que, por primera vez, tendrán acceso a una energía renovable, local y sostenible. Es el nacimiento de las llamadas comunidades solares.

Francisco Javier Pizarro, de 55 años, es uno de los impulsores de la iniciativa que se ha puesto en marcha en el centro de enseñanza madrileño. Su vida entera está ligada a una institución de la que fue alumno y a la que regresó poco después como profesor tras licenciarse en Ciencias Físicas. Desde hace cinco años forma parte del equipo directivo. “Nos preguntamos qué podíamos hacer para ser más sostenibles y surgieron varias propuestas, pero nos convenció la opción de Repsol porque no nos suponía un coste y tenía también un impacto positivo en nuestro entorno”, explica el docente.

San Viator forma parte de una de las 63 comunidades solares impulsadas por el proyecto Repsol Solmatch, una iniciativa que se puso en marcha en abril de este año y que va ganando adeptos cada día. Este nuevo modelo lo integran roofers (del inglés roof, tejado) y matchers (del inglés match, pareja, emparejar). Los primeros instalan placas solares en los tejados de sus edificios, cuya tramitación, montaje y mantenimiento corre a cargo de la empresa, para disponer de electricidad 100% sostenible. Los segundos, situados en un radio de 500 metros, una distancia regulada por ley, se nutren de esa fuente de energía renovable, de la que ya disfrutan más de 5.100 hogares, según indica Repsol.

“Este nuevo modelo energético de futuro está al alza, entre otros factores, por la supresión en 2018 del llamado impuesto al sol, que gravaba el autoconsumo de la energía que se produce desde los paneles solares, y la aprobación en 2019 del real decreto 244 que reguló el autoconsumo colectivo, permitiendo compartir la energía generada por paneles fotovoltaicos entre varios vecinos que se pongan de acuerdo”, asegura Julieta Maresca, gerente de Generación Distribuida de Repsol.

“En España tenemos 2.600 horas de luz solar al año, el nivel más elevado de radiación media de la Unión Europea, y aproximadamente un 66% de la población vive en bloques de viviendas. Al colocar las placas fotovoltaicas en los tejados de comunidades solares damos una opción de tener acceso a energía solar que de otra forma mucha gente no podría tener. Vivimos en una sociedad donde todo se comparte, también la energía”, explica Maresca, que ha participado en la creación de este nuevo proyecto de Repsol. La compañía entró en 2018 en el sector eléctrico y en las renovables, uno de los segmentos con mayor previsión de crecimiento futuro y ya cuenta con más de 1.100.000 clientes a los que ofrece todos los servicios alrededor de la energía y la movilidad, con múltiples soluciones para satisfacer las necesidades de cada usuario y con el compromiso de luchar contra el cambio climático y fomentar el desarrollo sostenible.

Marta García, abogada de 33 años y afincada en Madrid junto a su pareja, es una de las usuarias que ha optado por probar este innovador sistema. “Además de cuidar del medio ambiente a través de una pequeña acción, cuando me llamaron para informarme hice cuentas y llegué a la conclusión que me iba a resultar más rentable que mi contrato anterior”, afirma. Tan convencida quedó que persuadió a sus padres, que viven a unas pocas calles en el mismo barrio de Chamberí, de que también se hicieran matchers.

Fuera de las ciudades más pobladas, el autoconsumo y la generación distribuida también han llegado. Jesús Ruiz, funcionario del ayuntamiento de Ciudad Real de 58 años, se enteró de que podía disponer de energía verde en casa al ir a repostar a una estación de servicio. “Todo el proceso de instalación ha sido muy sencillo. Estoy muy contento. De lo que se trata es de dejar un planeta mejor para los que vienen detrás”, cuenta por teléfono. Cada año, según cálculos de Repsol, la energía generada por cada comunidad evitará la emisión de más de 20.000 Kg de CO₂ de media.

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