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Joaquín Almunia: “Europa está seriamente amenazada”

El antiguo vicepresidente de la Comisión Europea, que ocupó las carteras de Economía y Competencia en el Ejecutivo comunitario, cree que la UE debe acelerar con la defensa y reclama más integración

Joaquín Almunia, el pasado jueves en su casa de Madrid.Álvaro García

Los cielos enjuagados de Madrid se cuelan por una ventana que da al Palacio de Oriente en el despacho de Joaquín Almunia (Bilbao, 77 años), atiborrado de libros. Almunia ofrece una entrevista sobre Europa que tira del hilo de una serie de conversaciones que se sucedían en Bruselas hace ya más de 10 años, cuando era vicepresidente de la Comisión Europea. Almunia está más relajado que entonces. Habla más claro que entonces. Y a la vez se le ve más preocupado q...

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Los cielos enjuagados de Madrid se cuelan por una ventana que da al Palacio de Oriente en el despacho de Joaquín Almunia (Bilbao, 77 años), atiborrado de libros. Almunia ofrece una entrevista sobre Europa que tira del hilo de una serie de conversaciones que se sucedían en Bruselas hace ya más de 10 años, cuando era vicepresidente de la Comisión Europea. Almunia está más relajado que entonces. Habla más claro que entonces. Y a la vez se le ve más preocupado que entonces, y estamos hablando de los años de ese dolor de muelas que fue la crisis del euro.

Pregunta. Estados Unidos ha dinamitado el orden global. ¿Cómo calificaría la respuesta europea a ese desafío?

Respuesta. En esta geopolítica de la ley del más fuerte, Europa está seriamente amenazada por el flanco de Ucrania y por la doctrina Trump: América para los americanos, y eso incluye a Groenlandia. El trumpismo nos ve como un adversario. Y el compromiso de Estados Unidos en la OTAN se desvanece: el paraguas nuclear es lo único que sigue en pie. Los problemas de seguridad europeos los tenemos que resolver los europeos.

P. Hablamos de uno de los grandes tabúes de Europa.

R. Pero ese tabú está volando por los aires. Ojalá pase el trumpismo y Estados Unidos vuelva a ser un aliado; lo dudo. Si eso no sucede, la UE tiene que organizar el pilar europeo dentro de la OTAN, o asegurar su autonomía incluyendo en la defensa común a Reino Unido, a Canadá. La nueva era exige una defensa común empezando por Ucrania, a cuyo destino estamos atados. El debate sobre el pilar europeo de la OTAN está ahí desde que Javier Solana era secretario general.

P. Ahora lo es Mark Rutte, que llama papi a Trump.

R. Rutte cree que su papel es dorarle la píldora a Trump para que no nos abandone. Es una estrategia poco presentable. Y los hechos no le dan la razón.

P. Von der Leyen también optó por el apaciguamiento.

R. Son casos distintos: Von der Leyen es una cristianodemócrata alemana con firmes valores europeos.

P. Le vimos excesos en Gaza. Y un atlantismo desaforado.

R. Los europeos hemos sido atlantistas hasta Groenlandia. Von der Leyen sacó adelante su segundo mandato con los votos del centroderecha, socialdemócratas y liberales, pero esa mayoría no basta por la subida de la ultraderecha. Ha intentado salvar los muebles a través de Meloni. Pero ese equilibrio inestable no puede durar: necesita a Francia y Alemania.

P. ¿Es efectiva esa política del apaciguamiento?

R. Se ha demostrado que no. Necesitamos nuevos aliados.

P. ¿Quiénes?

R. Hay que modificar la naturaleza de la relación con China. Con prudencia: no hay que olvidar quiénes son los chinos y las condiciones que nos quieren imponer. Pero no podemos seguir definiendo a China como rival, competidor y socio: hay que mirar con pragmatismo hacia China. Y hacia Canadá, Reino Unido, Brasil, Japón y otros países.

P. ¿Esa prudencia incluye tomar medidas defensivas?

R. Pero no como norma, sino como instrumento extraordinario.

P. ¿Le convence el federalismo pragmático de Draghi?

R. Esa idea está ahí desde Monet. La olvidamos con dos espejismos: cuando nos creímos que la protección de Estados Unidos era para siempre y en la fase álgida de la globalización, empujados por los alemanes.

P. Alemania impuso austeridad y reformas en la Gran Crisis, pero no se reformó a sí misma: su modelo hace aguas.

R. Pero Alemania volverá a ser competitiva. Ha cometido errores: abandonar la energía nuclear, por ejemplo.

P. Ahora su obsesión es desregular.

R. Hasta ahora eso es más retórico que efectivo. Ir a la desregulación al estilo de los neoliberales es un error: hay sectores como el digital en los que es imprescindible regular. Pero fiarlo todo a la regulación también es un error.

P. ¿La unanimidad es una camisa de fuerza para la integración?

R. Hay que acabar con ella e ir a cooperaciones reforzadas, y en algunos casos a coaliciones de voluntarios.

P. ¿Ese paso adelante que pide es posible con los agujeros del mercado único?

R. No: es imprescindible completarlo, como dice Enrico Letta, si queremos financiar la inversión para elevar la productividad y cerrar la brecha tecnológica, los 800.000 millones de Draghi. Y para gastar en defensa. Nos hemos quedado atrás de manera irresponsable en digitalización. No hay una política europea en asuntos digitales digna de ese nombre. No podemos depender de las plataformas tecnológicas de Estados Unidos, que son un aliado político de Trump. Hay que completar la unión de mercados de capitales. Y sería básico tener eurobonos. No hay trabas legales para nada de eso: son trabas mentales y políticas.

P. Usted fue vicepresidente de la Comisión en plena crisis; después fue crítico con la austeridad.

R. Los países que estaban peor durante la crisis están ahora mejor que economías que en ese momento estaban boyantes y a las que les costó ejercer la solidaridad. Hoy el récord de paro lo tiene Finlandia; Suecia es segunda. Y España tercera: no es para tirar cohetes, pero hemos liderado esa clasificación durante décadas. Esa evolución llega gracias a la inmigración. En esa agenda, y en todas, hay que encontrar cauces para llegar a compromisos Norte-Sur, Este-Oeste. Dinamarca, que era casi tan euroescéptica como Reino Unido, ahora está a la cabeza de los discursos favorables a la integración.

P. Por Groenlandia.

R. Ese episodio ha espabilado a toda Europa; la excepción son los aliados ultras de Trump.

P. ¿La negativa de España a gastar un 5% del PIB en defensa está justificada?

R. Lo que hizo España es lógico desde la perspectiva española; otros países consideran que no hemos sido solidarios. Ese es un debate viciado, con un alto grado de hipocresía: no hay datos para concluir si ese 5% es un capricho o algo que de veras necesitamos. Los europeos le dieron a Trump lo que quería para evitar el lío. Muchos países pensaban como España, pero callaron.

P. En migración, Sánchez también se desmarca: incluso de la socialdemocracia.

R. El mensaje de daneses y británicos con respecto a los centros de reclusión de inmigrantes fuera de nuestras fronteras suena a Meloni. La presión de la inmigración es muy fuerte en Europa. España tiene la suerte de que es capaz de integrar con más facilidad a los latinoamericanos. Esa es una inmensa ventaja: el discurso xenófobo en España es ideología barata.

P. Con ese discurso la extrema derecha está en el 20%. En Francia, que ha aplicado cordones sanitarios, está cerca del 40%. ¿Es partidario del cordón?

R. Los cordones sanitarios rigurosos no están dando resultados. En países donde han sido más porosos, los ultras han perdido empuje.

P. La excepción española no se limita a migración ni al 5% en defensa: se extiende a las críticas a Trump y sus plataformas digitales, a Gaza y a la relación con China. Pero a Sánchez se le ve solo.

R. En todas esas áreas su posición estaba en minoría, pero con el consenso ha ido hacia ahí. La política exterior española está siendo más una guía que un estorbo.

P. El ruido interno es ensordecedor.

R. Ese ruido es negativo, nos quita fuerza. Hay otro elemento que perjudica a España: el peso de la socialdemocracia europea ha disminuido de forma considerable en poco tiempo.

P. A ese ruido contribuyen figuras del PSOE, como Felipe González. ¿Comparte sus críticas?

R. Con las políticas de los Gobiernos de Felipe González estoy completamente alineado. Con algunas frases sueltas de Felipe, no.

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