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El Milan denuncia el tratamiento con plasma sanguíneo de Adriano

La AMA pide un informe a los doctores españoles Sánchez y Anitua, que enseñaron sus métodos de centrifugado de sangre a un médico del Inter

La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) ha pedido a los doctores Eduardo Anitua y Mikel Sánchez un informe sobre el tratamiento de lesiones con plasma del propio paciente obtenido tras un proceso de centrifugado de la sangre, según dijeron ayer a EL PAÍS ambos facultativos vitorianos. El interés de la AMA llega tras la denuncia del Milan contra el Inter ante la agencia italiana tras el partido de los cuartos de final de la Liga de Campeones del 13 de abril. El Milan acusa a su rival de haber acelerado la recuperación de su estrella brasileña Adriano por medios irregulares.

Mikel Sánchez, jefe de la unidad de traumatología y medicina deportiva de la Clínica USP La Esperanza, de Vitoria, explica la recuperación del jugador y lamenta que "por ignorancia" se relacione el caso con el dopaje. El médico del Inter viajó a Vitoria en marzo para aprender de Sánchez el tratamiento con plasma que desde hace más de cuatro años ha aplicado con éxito su equipo para la recuperación más rápida de más de 5.000 lesionados. De vuelta a Milán, se aplicó el tratamiento a Adriano y se aceleró su recuperación y puesta a punto para el crucial partido de la Champions.

Según Sánchez, ya se han beneficiado de esta técnica Donato, Beloki y Bennett, entre otros

"Esto no mejora el rendimiento deportivo, sólo ayuda a curar una lesión", sostiene Anitua

"El tratamiento no mejora el rendimiento deportivo, que es el objetivo del dopaje. Sólo ayuda a curar la lesión", advierte el descubridor de esta técnica, el estomatólogo alavés Eduardo Anitua, que la empezó a desarrollar en 1995 y obtuvo los primeros resultados preliminares en 1997.

En 2001, ya de la mano de Sánchez, empezó a utilizarse esta técnica en lesiones de deportistas y de otros ciudadanos. Entre los que se beneficiaron de esos métodos figuran Donato, ex futbolista del Deportivo, el ciclista Joseba Beloki o el jugador de baloncesto Elmer Bennett en su época en el Tau.

"Es una tratamiento muy común en el deporte profesional y ya se usa en prácticamente todos los equipos de fútbol del mundo", puntualiza Anitua.

Los dos médicos, que trabajan junto a la bioquímica Isabel Antía, presentaron el tratamiento en el Congreso Europeo de Medicina del Deporte de Helsinki (Finlandia) hace dos años y precisamente ayer hacían lo propio en Leizpig (Alemania) en el Congreso Mundial de Terapia Regenerativa. "Sería un desastre científico que se echara todo este progreso atrás por pura ignorancia", avisa Sánchez.

La terapia, que empezó utilizándose en la boca, no sólo se aplica a la traumatología, sino que ya se ha trasladado a otro tipo de cirugías. "El miedo de la AMA es que este tratamiento se use de tapadera para otras cosas", comenta Anitua para asegurar a continuación que es fácilmente constatable cualquier desvío del procedimiento adecuado.

Además del caso italiano, hace tres días se conoció la investigación de la agencia británica al Chelsea (ver EL PAÍS del 19 de mayo) por la recomendación de tratamiento a sus jugadores con un sistema de centrifugado de sangre.

Anitua señala que, pese a los riesgos de que su terapia se mezcle con el dopaje, el tratamiento puede salir finalmente reforzado.

La terapia del equipo de investigadores vitorianos tiene establecida un protocolo de actuación, reconocido ya internacionalmente y por las autoridades sanitarias, y es completamente "autólogo" (del propio paciente), sin la incorporación de sustancias extrañas.

Básicamente los medicos sacan unas muestras de sangre, la centrifugan y aíslan una concentración terapéutica de proteínas autólogas (señales celulares o factores de crecimiento). El resto lo desechan. Este plasma rico en señales celulares lo aplican a las lesiones y aceleran la recuperación. "Si algún desaprensivo añadiera sustancias externas, sería constatable en un control antidopaje", indica Sánchez. "No se produce ningún cambio en el organismo que pudiera implicar un aumento del rendimiento. El efecto es exclusivamente local", aclara Anitua.

El tratamiento está indicado para la recuperación más rápida de lesiones de tejido óseo, muscular, tendinoso, piel y cartílago. "Nunca hemos sufrido un efecto indeseable y nadie corre más que antes tras la recuperación", dice Anitua.

Al equipo médico pionero en la utilización de este tratamiento le preocupa que se empiece a mezclar esta terapia con otras historias, como ya se ha hecho en el caso británico, en el que se confunde con el centrifugado de sangre que puso en marcha en 1998 el doctor estadounidense Robert Marx. Lo que éste hace es una extracción mayor de sangre y le añade trombina bovina, un elemento que hace que las plaquetas se coagulen para formar un gel similar a un trombo de sangre. Esta práctica está prohibida en la Unión Europea por el uso de un componente bovino, señala Anitua, quien insiste: "No se pueden confundir los tratamientos con factores de crecimiento autólogos con los factores de crecimiento obtenidos en el laboratorio por ingeniería genética".

La investigación sobre este tratamiento con plasma la han desarrollado los médicos españoles íntegramente con medios propios y ya hace dos años explicaron al Comité Olímpico Internacional (COI) en qué consiste. El doctor Anitua lamenta que esta institución no se pronunciara entonces en torno al revolucionario tratamiento.

La AMA, por su parte, no cuestiona el método en sí, sino que la sangre sea manipulada durante el proceso de centrifugado, según Frédéric Donzé, portavoz de la agencia. "Lo que nos preocupa es que a la muestra de sangre extraída se le añadan factores de crecimiento", explicó. "Por eso el doctor Olivier Rabin [Director científico de la AMA] ha pedido al equipo del doctor Sánchez y a otros expertos en la técnica de blood spinning [centrifugado de sangre], que nos expliquen cómo funciona. Estudiamos sus informes a finales de abril, para saber si debe ser incluída en la lista de productos y técnicas dopantes, pero todavía no se ha tomado ninguna decisión", continuó. "La cuestión no es el método, sino que, si se manipula la sangre, sí sería dopaje".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 21 de mayo de 2005