Una voz que clama en el desierto
Uno de los documentos más incisivos y polémicos sobre Arte y Estética entre los que se han publicado en nuestro país durante los últimos 40 años, el Quosque tandem ... !, del escultor vasco Jorge Oteiza, ha alcanzado ya esa proyección mítica que le convierte en algo más que en un libro. Para quien no esté informado he de aclarar que esta obra fue publicada por primera vez en 1963, siendo objeto, posteriormente, de sucesivas reediciones, la cuarta y última de las cuales apareció recientemente (Ed. Hórdago, Zarauz).A pesar de ser Oteiza un creador plástico de tan notable envergadura, aquí...
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Uno de los documentos más incisivos y polémicos sobre Arte y Estética entre los que se han publicado en nuestro país durante los últimos 40 años, el Quosque tandem ... !, del escultor vasco Jorge Oteiza, ha alcanzado ya esa proyección mítica que le convierte en algo más que en un libro. Para quien no esté informado he de aclarar que esta obra fue publicada por primera vez en 1963, siendo objeto, posteriormente, de sucesivas reediciones, la cuarta y última de las cuales apareció recientemente (Ed. Hórdago, Zarauz).A pesar de ser Oteiza un creador plástico de tan notable envergadura, aquí lo traemos a colación básicamente por sus reflexiones teóricas, que han supuesto un auténtico aldabonazo crítico sobre el problema de las raíces antropológicas de la identidad estética contemporánea, asunto éste que es tratado por él desde la perspectiva específica de la peculiar cultura vasca. Dicho lo cual, no es necesario ser un especialista en la cuestión para imaginarse de inmediato los conflictos y polémicas de toda índole que esta indagación le acarreó, empezando por los de carácter más político. En cualquier caso, 20 años después de la primera edición del Quosque tandem ... ! y tras haber pasado nueve desde que realizara la última muestra individual de su trabajo, a lo cual, desde entonces, ha renunciado de forma por el momento tajante, el pensamiento de Oteiza sigue creando la misma inquietud y tensiones.
Hay que preguntarse cómo un artista de vanguardia, como lo ha sido siempre Oteiza, lleva su pensamiento al campo de las raíces antropológicas que definen una tradición cultural, cuando el espíritu moderno parece haberse definido por una oposición indiscriminada frente al pasado. Al comienzo de la primera parte del Quosque tandem ... !, Oteiza afirma lo siguiente: "Escribo hacia atrás. Miro adelante, pero voy retrocediendo, caminando hacia atrás". Pues bien, bajo esta paradoja aparente, la de relacionar el acelerado vértigo temporal de la vanguardia, siempre cambiante por tener que ir continuamente en pos de la novedad, con algo tan decididamente intemporal como es una identidad cultural arquetípica, Oteiza acertó a plantear la cuestión quizá más acuciante y grave del artista contemporáneo: su razón de ser. Antes incluso de haberse elevado a un plano de la consciencia, encontramos este mismo anhelo de avanzar retrocediendo en los principales maestros de la vanguardia histórica, cuya ruptura abismal con el pasado en pro de formas de expresión inéditas les lleva a identificarse con el hombre primitivo, a auscultar el eco interior no contaminado por siglos de civilización histórica.
Resulta un hecho incuestionable la pertinencia de esa intuición estética que Oteiza define como avanzar retrocediendo, la forma última y más lúcida de la consciencia crítica de vanguardia. A la postre precisamente el tiempo va a confirmar, en toda su plenitud, la hipótesis de este genial creador vasco. Por de pronto, entre 1962 y 1964; esto es, simultáneamente a la fecha de la primera edición del Quosque tandem ... !, el gran teórico del movimiento moderno Sigfried Giedion publica la monumental obra titulada El presente eterno: los comienzos del arte, en cuya introducción su autor nos confiesa la pretensión de estudiar "la formación del hombre moderno" y, de manera especial, de hallar "esa síntesis oculta", reveladora de "una real afinidad interior... entre los anhelos del hombre de hoy y los anhelos del hombre primitivo". En realidad, este sorprendente salto atrás, este salto fuera de la historia -a la prehistoria- era la consecuencia del drama histórico de identidad que escenifica lo moderno, condenado por naturaleza a una ruptura con el pasado, con la historia. De esta manera, Ote iza y Giedion, con su reflexión sobre la prehistoria, no sólo trataban de explicarse el por qué de la atracción del vanguardista hacia el hombre primitivo, sino también hallar el modelo de esa sensibilidad natural que enterró el curso degenerativo de la historia; en definitiva: la eternidad del presente.
Por lo demás, los recientísimos trabajos de Suzi Gablik -Progress in art (1977) y otro sobre las relaciones entre prehistoria y arte de nuestro siglo- confirman de plano las mencionadas hipótesis. Pero, ¿qué más se puede querer si precisamente el arte de los ochenta está poniendo todo el énfasis en el estímulo creativo de las diversas identidades nacionales?
Resentimientos
No puedo aquí desarrollar las mil cuestiones puntuales que Oteiza plantea, con agudeza y sentido poético, sobre las específicas formas culturales de lo que él denomina "el alma vasca", las cuales, dicho sea de paso, jamás dejan de ser analizadas al margen de los principales interrogantes filosóficos, científicos y artísticos del hombre de hoy. En su defecto, quiero rescatar la dimensión política. Es algo que no puede soslayarse porque, como reza su título, el Quosque tandem ... ! fue y es una auténtica catilinaria, un grito de protesta airado que pretende sacudir las conciencias.
Por si hubiera alguna duda al respecto, el propio Oteiza se encarga de explicarlo en esa nota con resentimientos que adjunta en la presente edición de su ensayo. ¿Resentimientos contra qué y contra, quiénes? Contra los responsables del Gobierno vasco, que no han atendido el programa de recuperación cultural por él propuesto. "Digo", cito, "que no he podido, me encuentro sin ganas, espiritualmente abatido, sin ilusión por el país, he estado equivocado sobre nuestra inteligencia y capacidad política de recuperación cultural. Atraso, incapacidad, incompetencia, por individuos, por grupos, ideologías, partidos, finalmente por la voluntad cero, la inteligencia cero, en la política O cultural de este Gobierno vasco. O de cualquier otro, que hubiera sido igual, porque hay inocencia, no se encuentra mala voluntad en los responsables, es que no pueden entender".
¿Tan difícil es hacerlo? Al margen de la mayor o menor competencia de los políticos y de la buena fe de los mismos, pienso personalmente que sí. Voy a tratar de explicarlo de forma quizá en exceso simplificadora: los encargados de normalizar culturalmente el País Vasco pretenden crear situaciones funcionales, institucionalizar -estatalizar- las formas de expresión y el modo de ser de una cultura milenaria, cuya madurez fue alcanzada, según insiste Oteiza, en el Neolítico; en una palabra: lleva a la ciudad lo que es radicalmente extraño a ella. Veámoslo con el ejemplo de la lengua, cuyo uso se trata ahora de regularizar, pero despojándola de la riqueza y complejidad que la caracteriza; separándola, en última instancia, del hombre. En este sentido, ya el Oteiza de hace 20 años fue diáfano: "Coinciden todos entre nosotros que todo esfuerzo de salvación debe concentrarse en el idioma para devolverlo al hombre. Pero ¿este idioma ya está? Y ¿este hombre dónde está? Los que afirman que el idioma es todo, no están bien informados o hablan precipitadamente o por comodidad. Cuando hemos dejado todo es muy cómodo y muy fácil de aparentar: el idioma es todo. Mi teoría es contraria, se invierte la relación: el problema no es devolver primero el idioma al hombre, sino al idioma (al que nos queda) el hombre (no el que nos queda, si nos queda algo, sino el hombre entero que teníamos dentro del idioma antes). La recuperación del hombre es, pues, a nuestro juicio, la cuestión previá a la recuperación del idioma. Este hombre que se recupera a sí mismo sabrá cómo recuperar su idioma. Pero este hombre que previamente hay que recuperar es el hombre activo en la cultura, el de nuestro estilo cultural".
¿Cómo sacar una rentabilidad política inmediata de esta propuesta? No es extraño que la mayoría opte por sendas más acomodaticias, que no son, sin embargo, las mejores. En cualquier caso, Oteiza tiene el arrojo de decir lo que tiene que decir, sin sustraerse al compromiso fundamental que le corresponde. Es ésta una situación, no lo olvidemos, en la que tienen que hablar, sobre todo, los poetas, los creadores, pues, como ya advirtiera Hamann, "los más antiguos progenitores hablaban mediante sentimientos y pasiones y no entendían otro lenguaje que el de las imágenes. Y de las imágenes se compone todo el tesoro del conocimiento y de la felicidad humana". El testimonio profético de Oteiza sigue vigente, fustigante e intranquilizador. Taparse los oídos ante él puede resultar fatal a la larga.