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Mourinho da vida a Solskjaer

El regreso del portugués a Old Trafford eleva el juego del United, que prolonga el crédito de su entrenador venciendo 2-1 a un desfigurado Tottenham gracias a dos goles de Rashford

Mourinho observa a Rashford, Aurier y Sissoko, desde la banda. Ampliar foto
Mourinho observa a Rashford, Aurier y Sissoko, desde la banda. AP

José Mourinho —Jose para los amigos— es como la cuarta dimensión. Su existencia —¿es real o es un reflejo catódico?— lo explica todo. Al menos así fue en Old Trafford en la jornada que se celebró este miércoles a última hora. Gracias a Mourinho el Tottenham entró al campo desentendiéndose del balón y gracias al técnico portugués el United recuperó niveles de posesión de otra época y acabó haciéndose con el partido. Los dos goles de Rashford le sirven para situarse en la sexta posición de la tabla tras una tortuosa escalada. Más arriba volvió a ganar el Leicester (2-0 al Wolves), se impuso el Chelsea (2-1 al Aston Villa) y goleó el Liverpool con los suplentes (5-2 al Everton) en el derbi del Mersey.

M. United
MNU
2
-
1
TOT
Tottenham
M. United
De Gea, Ashley Young, Harry Maguire, Wan-Bissaka, Nilsson-Lindelöf, Jesse Lingard (Shaw, min. 86), Fred, Daniel James, Rashford, Scott McTominay y Mason Greenwood (Andreas Pereira, min. 79).
Tottenham
Gazzaniga, Davinson Sánchez, Alderweireld, Aurier, Vertonghen, Dele Alli, Harry Winks (Tanguy NDombele Alvaro, min. 69), Lucas Moura (Eriksen, min. 63), Heung-Min Son, Sissoko (Giovani Lo Celso, min. 84) y Kane.
Goles
1-0 min. 5: Rashford . 1-1 min. 38: Dele Alli . 2-1 min. 48: Rashford (p).
Árbitro
Paul Tierney
Harry Winks (min. 12).
Estadio:Old Trafford

Mourinho regresó a la que fue su casa durante dos temporadas y media. La indiferencia general de hinchas y futbolistas precedió el acontecimiento. La recepción fue tan destemplada que el abrazo de su sufrido sucesor, Ole Gunnar Solskjaer, resultó el gesto más cálido que le dedicaron los anfitriones. Respecto a sus jugadores, el espectáculo que ofrecieron debió alarmarle. En su cuarto partido como entrenador del Tottenham, su nuevo equipo da síntomas de metabolizar mal los cambios.

De entrada alineó a Vertonghen, un central, como lateral izquierdo, en una banda en la que no deja de experimentar sin dar con la tecla. En el mediocampo situó a Sissoko en lugar de Dier, elección que refleja dudas en la composición de la línea más sensible de todas. Las dudas las sufre Sissoko, un aplicado interior que se comporta como si algo le atormentase. Suele ocurrir cuando los jugadores sospechan que el jefe no confía en ellos.

De alguna forma, Sissoko se encontró en medio de las jugadas que precipitaron los dos goles locales. La primera, en el minuto seis, reveló la confusión que experimenta el Tottenham a la hora de presionar. Difuminados los automatismos de Pochettino, los jugadores buscan referencias nuevas y no las encuentran. Ante la incógnita, repliegan o saltan a destiempo, y esto hace que el campo se llene de espacios vacíos por donde los rivales pueden moverse con segundos de ventaja. Eso hizo Fred aprovechando la pasividad de Sissoko, que no llegó a interceptar su entrega. El balón cayó en Lingard, que aguantó a Sánchez y dejó solo a Rashford en el área. El tiro seco al primer palo hizo que el balón patinara y burlara a Gazzaniga: 1-0.

El Tottenham maniobró como si la consigna de su entrenador indicase que a los velocistas del United se los neutraliza negándoles pista de despegue. El bloque bajo pretendió achicar espacios para que allí nadie pudiese correr. Pero entre el plan y su ejecución medió un largo trecho. Incapaz de defender con orden y demasiado descolocado para escalonar los pases, el Tottenham se vio dominado por un rival que acumuló hasta un 70% de posesión en la primera hora. Solo una combinación heroica de Son y Kane desajustó al United metiéndolo en su área y exponiéndolo a un accidente. Eso fue el gol de Dele Alli: el control majestuoso, el giro y el disparo de una pelota que le cayó encima por casualidad: 1-1.

Al descanso, el Tottenham estaba desarbolado a todas luces. Aitor Karanka, exayudante de Mourinho y ahora comentarista de DAZN, hizo su profecía con aire lúgubre: “Estoy seguro de que Jose tras el descanso saldrá más reforzado”.

Puede que Mourinho regresara fortalecido. El Tottenham, por contra, no se alteró ni un ápice. En el minuto 49 Rashford sentenció tras tirarle un caño a Aurier y avanzar hacia la portería en una carrera que solo detuvo Sissoko con un pisotón. El árbitro señaló penalti: 2-1.

Mourinho procuró corregir la desconexión de Alli y Kane introduciendo al mejor mediapunta de su plantilla. Así entró Eriksen por Moura en el minuto 64. Con resultados poco evidentes, al margen de unas posesiones más prolongadas e ingeniosas en zonas alejadas del área rival. Por momento, los avances del Tottenham dieron la impresión de desarrollarse con una lentitud fantástica, como si en lugar de hierba nivelada los jugadores corrieran sobre una turbera y la pelota fuese una bola de caucho macizo. Entre una cosa y otra, Maguire y Lindelof gozaron de una noche relativamente tranquila tras la trepidante visita a Sheffield.

Ironías del mercado del fútbol, Ole Gunnar Solskjaer, que tras suceder a Mourinho hace un año vive amenazado con el despido, recuperó algo de crédito del modo más insospechado.

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