Premios Goya: toros, fe, bisontes y el nuevo folclore del cine español
La 40 edición de los galardones pone sobre la mesa diferentes formas de revisionismo cultural en un gala de premios repartidos en la que Sirât merecía más
Es curioso que al agradecer el premio a la mejor película para Los domingos, largometraje que este fin de semana obtuvo los premios más relevantes en la última gala de los Goya, una de sus productoras, Sandra Hermida, hablase de “lo íntimo como político”. Es curioso porque el concepto de “intimidad” también lo había empleado en su discurso por el Goya al mejor documental Albert Serra en el arranque de los 40 años de los premios de la industria del cine español.
Serra logró su primer Goya por...
Es curioso que al agradecer el premio a la mejor película para Los domingos, largometraje que este fin de semana obtuvo los premios más relevantes en la última gala de los Goya, una de sus productoras, Sandra Hermida, hablase de “lo íntimo como político”. Es curioso porque el concepto de “intimidad” también lo había empleado en su discurso por el Goya al mejor documental Albert Serra en el arranque de los 40 años de los premios de la industria del cine español.
Serra logró su primer Goya por la excepcional Tardes de soledad y dijo: “Hoy aquí se habla de muchos temas políticos y esta película, de forma modesta, trata de cómo lo político y lo ideológico chocan con la intimidad…[Tardes de soledad] habla de cómo se vive desde la intimidad un tema controvertido que a no todo el mundo le gusta”. Sin pronunciar la palabra, el director hablaba del rito del toreo. Sin pronunciar tampoco la palabra, las creadoras de Los domingos se referían a otro tipo de liturgia nacional, la de la fe católica.
Esa exploración de la intimidad en Tardes de soledad explica el punto de vista de la película pero plantea algunas dudas en el caso de la visión de Alauda Ruiz de Azúa sobre una adolescente que decide meterse a monja de clausura. El matiz entre lo íntimo (siempre secreto y enigmático) y lo personal o privado (más cerca de lo doméstico y familiar) en este caso importa. Ambas películas, ganadoras en años consecutivos de la Concha de Oro en el festival de San Sebastián, se mueven alrededor de conceptos religiosos y rituales, pero mientras Serra logra acercarnos desde su observación minuciosa al misterio antagónico y brutal de los toros, el del animal y el del torero, Los domingos resulta narrativamente confusa y problemática con el enigma espiritual que rodea a su protagonista. Es el principal talón de Aquiles de la triunfadora de unos Goya (mejor película; dirección; guion original; actriz, Patricia López Arnaiz; y de reparto, Nagore Aramburu) que replicaron casi al dedillo las quinielas que daban como ganadora a Los domingos frente a su principal rival, Sirât, de Oliver Laxe.
En una gala que sirvió de altavoz para diferentes causas sociales y políticas, celebrada en la misma jornada en la que Estados Unidos se precipitaba a un nuevo conflicto bélico en Oriente Próximo, la película que mejor representa y confronta este presente desbocado se quedó sin ninguno de los premios principales. Sirât obtuvo más goyas, seis —mejor sonido, montaje, banda sonora, dirección de producción, fotografía y dirección de arte—, pero pese a su extraordinaria carrera internacional y su elección para representar a España en los próximos Oscar, los 3.000 miembros de la Academia dejaron a Laxe, director y coguionista, fuera del palmarés. La contradicción no es nueva y, con todo, Sirât tuvo su reconocimiento. Sus premiados usaron las palabras “viaje” y “aventura” para explicar la experiencia de esta formidable película, y su músico, Kangding Ray, entonó su dedicatoria a todos los raveros del mundo: “porque bailamos juntos y resistimos juntos”.
La cosecha del cine español de 2025, como la internacional, merece un aplauso. Han quedado fuera películas que pedían más recorrido, como La buena letra, de Celia Rico, o Romería, de Carla Simón, pero había mucho donde elegir y es difícil rebatir el lugar que ocupó una ópera prima tan delicada como Sorda, que recibió tres goyas: al mejor actor secundario para Álvaro Cervantes, a la mejor actriz revelación para Miriam Garlo, y a la mejor dirección novel para Eva Libertad. La conmovedora Maspalomas se llevó el premio para su actor principal, Jose Ramon Soroiz, como no podía ser menos. Su reparto funciona como un reloj. Tanto Sorda como Maspalomas nos acercan a realidades invisibles. Manuel Gómez Pereira y Joaquín Oristrell lograron el Goya al mejor guion adaptado por la divertida La Cena y denunciaron otro tipo de invisibilidad, la de la comedia.
Flores para Antonio era candidata al mejor documental pero los académicos, con mucho tino, eligieron a Serra y le dieron a Alba Flores y Sílvia Pérez Cruz el galardón a mejor canción. Su discurso brilló con luz propia. Fue uno de los momentos más emotivos de la gala. De la mano sabia de Pérez Cruz, la hija de Antonio Flores ha descubierto su propia voz y para lograrlo se ha enfrentado al duelo por la muerte de su padre, a su orfandad e incluso a la figura todopoderosa de su abuela, otro icono de nuestra cultura revisado desde una verdad íntima.
Los Goya premiaron obras alrededor de pilares identitarios españoles como los toros, la iglesia o incluso la familia Flores, pero quedó en el aire el siempre cuestionado lugar del propio cine español en nuestra cultura. El presidente de la Academia, Fernando Méndez-Leite, se despidió del cargo aceptando con resignación que hoy se hable más de “pelis” que de “películas”. Y el premiado de honor, Gonzalo Suárez, defendió la vigencia de este arte pese a las embestidas del paso del tiempo: “El cine es el último reducto para soñar despiertos. Y esto me remite a ese primer bisonte que los ancestros pintaron en las cavernas. Yo estoy orgulloso de que el cine haya sobrevivido a las redes y a las cavernas, aunque ahora el bisonte soy yo”.