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Maielis González se adentra en la realidad cubana a través de la ciencia ficción: “Mi generación creció con el cadáver de una utopía”

La escritora rescata en ‘Nuclear’ la historia de la fallida central nuclear de Juraguá y expone la corrosiva crisis de Cuba

La escritora cubana Maielis González en la Librería de Mujeres de Madrid. INMA FLORES

La escritora Maielis González nació en La Habana el mismo año en que cayó el Muro de Berlín y el imperio soviético empezó a tambalearse. Era 1989. A esas alturas, ya habían pasado siete años desde que se inauguró el plan de construcción de una central nuclear en Cuba, impulsado por Moscú para que el régimen de Fidel Castro tuviera una cierta autonomía energética y menor dependencia del petróleo; y aún faltaban tres para que en 1992 esa ...

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La escritora Maielis González nació en La Habana el mismo año en que cayó el Muro de Berlín y el imperio soviético empezó a tambalearse. Era 1989. A esas alturas, ya habían pasado siete años desde que se inauguró el plan de construcción de una central nuclear en Cuba, impulsado por Moscú para que el régimen de Fidel Castro tuviera una cierta autonomía energética y menor dependencia del petróleo; y aún faltaban tres para que en 1992 esa magna obra en Juraguá fuera suspendida. “Quedó una central nuclear a medio construir y una ciudad sin terminar”, recuerda Benicio uno de los dos protagonistas de la novela Nuclear (Yegua de Troya) escrita por Maelis González. Ese treintañero se siente cada vez más solo en Cuba, ante el éxodo masivo de sus compatriotas y compañeros de generación, pero, a pesar de todo, resiste y quiere dedicarse al cine, por eso viaja a las ruinas de la vieja e inacabada central, porque planea rodar allí.

El encuentro de Benicio con misteriosos personajes en la ciudad y la central abandonadas de Juraguá y el viaje en paralelo de su expareja a Argentina, a una residencia artística en el delta del Tigre, mueve la novela Nuclear hacia la ciencia ficción. “La literatura especulativa es un terreno muy fértil que han trabajado autores cubanos como Erick J. Mota en Habana Underguater. Y esas ruinas de la central no las he visitado, porque en Cuba es difícil viajar, pero son un mito, y conozco toda la epopeya de aquel plan, que inspiró la película La gran obra del siglo”, explica González en Madrid, la ciudad donde vive, y subraya que, a pesar del aislamiento de Cuba, sus escritores han participado en las nuevas corrientes de literatura de género. En su novela hace un guiño explícito al clásico El lugar de Mario Levrero, a la película Stalker de Tarkovski y a Picnic extraterrestre de los Strugatski. Sentada en un café cerca de la plaza Mayor de Madrid, menciona a Fernanda Trías, Liliana Colanzi y Luis Carlos Barragán como autores que siguen esa senda que la interesa. Y subraya: “Yo he querido en Nuclear hablar del presente de Cuba”.

No es esta la primera incursión de González en la ciencia ficción, ésta ha sido la corriente dominante en su obra. Nuclear es el noveno libro que edita, aunque la mayor parte de sus títulos anteriores aparecieron en sellos pequeños. Junto a Sofía Baker puso en marcha el podcast Las Escritoras de Urra sobre autoras contemporáneas de género fantástico. Y el pasado noviembre publicó una larga novela, Palenque (Cuatro lunas) en la que a través del género fantástico volvía al pasado esclavista de Cuba. Nuclear es, sin embargo, la primera obra que, dice, ha dedicado a su generación “descreída y cínica”. Con ellos a diferencia de sus padres “no funciona la nostalgia de la revolución”, asegura.

Los nacidos en las últimas décadas del siglo XX en Cuba, afirma González, han convivido con las ruinas de un sueño: “Mi generación creció con el cadáver de una utopía. Estamos marcados por la diáspora”. Las dos voces de su novela, Claudia y Benicio, representan esas dos caras de esa historia, los que se van y los que se quedan, el “exilio y el insilio”, que, como apunta la escritora, han sido estudiadas con detalle en la teoría literaria cubana. “El personaje de Claudia no siente que encaja en esa residencia de escritores en Argentina. Benicio sufre el aislamiento cuando el resto de su generación se marcha. Los dos están tratando de narrarse”.

En Argentina el personaje de Claudia manifiesta la rabia que le produce enfrentarse a los estereotipos que se tienen de Cuba fuera de la isla, y se muestra sarcástica ante debates actuales como la apropiación cultural. “Me miraron con cara de ‘Amiga, date cuenta’. Me faltaba deconstrucción. Leer más a Judith Butler”, ironiza la narradora en Nuclear. Como ese personaje, también Maielis González se fue de Cuba. No ha regresado. En 2017, tras unos meses en Argentina, acabó en España. Cuenta que pasó cerca de cinco años indocumentada. Hoy trabaja en la Librería de Mujeres del centro de Madrid e imparte clases en la Escuela de Escritores. “En este libro incluyo perspectivas y procesos que atravesé yo misma en mi diáspora, y lo que está ocurriendo en la Cuba contemporánea. Porque quienes marchamos nunca acabamos de irnos, siempre estamos alerta de lo que ocurre en el país”.

Sobre la situación actual, la asfixia radical del régimen por falta de petróleo, afirma: “Cuba está suspendida con respiración artificial y estamos a la espera de ver qué pasa con ella”. Lamenta que tras el ataque a Venezuela por parte de Estados Unidos y la detención de Nicolás Maduro, “todavía no se hable desde las izquierdas de dictadura en Cuba”. Esa falla que separa la realidad de los cubanos de la percepción que desde los sectores progresistas exteriores se tiene del régimen es uno de los temas que laten bajo la historia de su novela. “He querido conducir al lector por una realidad ajena al estereotipo de que o bien somos comunistas o super de derechas. Existen muchos matices y, aunque en Cuba no hemos podido funcionar como democracia, estamos aprendiendo a construir nuestra voz y a construirnos también como ciudadanos”.

Nuclear se adentra en la realidad de la isla y sus habitantes: desde las clases sociales (que sus narradores afirman que sí existen en la Cuba castrista) hasta el feminismo (un ideal que también se subraya en la novela está lejos de haberse logrado en la isla), pasando por el reparto, esa variante del regatón con tintes afrocubanos que surgió en los barrios marginados y contradice el discurso oficial de que esos arrabales no existen. Las remesas que llegan de fuera o las dificultades que enfrentan quienes quieren dedicarse al “artistaje” también asoman en esta historia. “Es muy complicado ser artista en Cuba, y los cineastas como Benicio son de los más perseguidos. El cine es muy precario y necesitas permisos para filmar y esto te lleva a una cierta culpabilidad, a preguntarte qué hago dedicándome a lo artístico en un mundo que se está desmoronando”, explica la autora.

González dice disfrutar de su papel de mediadora de lecturas y no solo del de autora que describe una realidad aislada. Su personaje Benicio al visitar las ruinas de Juraguá se pregunta si su misterioso guía es “stalker” o “coyote”, si rescata y mercadea con objetos de otro mundo para hacerlos visibles o ayuda a cruzar fronteras. Dice González que esas son las dos actitudes que mantiene ante la escritura: sacar retazos de otro universo y hacerlos visibles y ayudar a cruzar fronteras a través de la ficción. Porque como escribe en su novela “entre cada uno de esos mundos hay un espacio, un intersticio diminuto de indeterminación”.

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