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Madrid se rinde a la música de Francisco Coll

El Teatro Real estrena con éxito su ópera ‘Enemigo del pueblo’, mientras la Fundación March le dedica un amplio monográfico que se abre con el estreno mundial de ‘Sefarad’ y culmina con su magistral ‘Cuarteto de cuerda’

Vista general del escenario durante el primer acto de ‘Enemigo del pueblo’ de Coll, el 12 de febrero en el Teatro Real.del Real fotografia

“Hoy en día, o eres ecléctico o no eres nada”, le espetó a Richard Taruskin un estudiante de Princeton a propósito de la composición contemporánea. El musicólogo estadounidense evocaba esa frase en 1999, al inicio de un artículo en The New York Times, para explicar su admiración por el compositor británico ...

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“Hoy en día, o eres ecléctico o no eres nada”, le espetó a Richard Taruskin un estudiante de Princeton a propósito de la composición contemporánea. El musicólogo estadounidense evocaba esa frase en 1999, al inicio de un artículo en The New York Times, para explicar su admiración por el compositor británico Thomas Adès, quien, con apenas 28 años —según sostenía—, había acudido “al rescate del modernismo” con su primera ópera, Powder Her Face, y con la obra orquestal Asyla.

Taruskinlo definía como “surrealista”, una etiqueta destinada a situarlo tanto fuera del academicismo posvanguardista como al margen de cualquier tentación neoconservadora. Se trata de un compositor que trabaja con materiales sonoros reconocibles, que deforma desde dentro y vuelve extraños sin romper del todo su identidad. El resultado es una música de impacto inmediato, capaz de seducir en la primera escucha y, al mismo tiempo, de revelar una sofisticación técnica minuciosa.

Esos comentarios servirían hoy para retratar a su único discípulo, el español Francisco Coll (Valencia, 41 años). Lo hemos comprobado los días 11 y 12 de febrero con el primer monográfico dedicado a su música, incluido por la Fundación Juan March en su consolidada serie Aula de (Re)estrenos, y con la primera representación en el Teatro Real de su ópera Enemigo del pueblo, cuya première mundial tuvo lugar en el Palau de Les Arts de Valencia en noviembre.

Si el monográfico de la March se abrió con el estreno absoluto de Sefarad, una suite para guitarra en la que deforma varias melodías sefardíes desde su atractivo universo sonoro, la ópera arranca con un pasodoble taurino en compás asimétrico y una orquesta chillona que parece a punto de tropezar. Su música, tan atractiva como compleja —como sucede con la pintura de Anselm Kiefer—, no solo se escucha: se experimenta en el plano físico y emocional.

La comparación con Kiefer no es gratuita. Coll también pinta y reconoce al gran neoexpresionista alemán entre sus referentes. El compositor valenciano utiliza la creación pictórica como complemento de sus partituras y realiza un cuadro para cada una de ellas, lo que le permite encarnar de manera singular el fenómeno interartístico asociado al modernismo, tal como lo definió en varias monografías el estudioso Daniel Albright.

Ahí reside, de hecho, su principal diferencia con Adès. En Coll, la deformación del material responde más a una intensidad expresiva de raíz mediterránea: algo más visceral y menos irónica que en el compositor inglés. Su manera de volver inquietante lo cotidiano desemboca en un vértigo sensorial, con profusión de melodías sincopadas y gestos explosivos densamente instrumentados que contrastan con oasis líricos donde parece detenerse el tiempo.

Esa capacidad para articular con voz propia vanguardia y tradición sin renunciar a la conexión con el público le ha valido el último Premio Nacional de Música en la modalidad de composición. El galardón ha reconocido también la amplia difusión internacional de su obra, en ámbitos a los que, por desgracia, no accede en este momento ningún otro compositor español contemporáneo. Así, su Concierto para piano será estrenado el mes que viene en Múnich por Kirill Gerstein con la Sinfónica de la Radio de Baviera, bajo la dirección de Simon Rattle.

Coll no ha podido estar presente en este doble escaparate madrileño por un problema de salud que le obliga a guardar reposo. En enero anunció que debía retirarse de la dirección musical de su ópera en el Teatro Real y ceder el testigo al director sueco Christian Karlsen, firme defensor de su música y especializado en repertorio contemporáneo.

Karlsen aseguró una notable fluidez en los 80 minutos sin pausa de la ópera, extremó los contrastes y encontró un equilibrio eficaz entre orquesta y voces. No logró, sin embargo, trasladar del todo la calidez que el propio compositor imprimió en Valencia a los pasajes más líricos. El pasodoble asimétrico que abre la ópera sonó en Madrid a mayor velocidad y sin ese aire turbador de charanga festiva que tenía en su estreno, aunque quedó bien integrado como principal leitmotiv de la ópera, que retrata la corrupción moral y política.

El libreto de Àlex Rigola, basado en la obra teatral de Henrik Ibsen, donde un doctor es repudiado por denunciar la contaminación del próspero balneario de su localidad, comprime la trama original prácticamente sin renunciar a ninguno de sus elementos. El resultado deriva en simplificaciones y esquematismos poco compatibles con una ópera que apenas concede espacios a la expansión lírica. La acción se centra en cinco personajes —el Doctor, su hermano el Alcalde, su hija Petra, el director del periódico Mario y la empresaria Marta— sin una ubicación espacial ni temporal precisa. Especialmente problemático resulta el arco dramático del Doctor, cuyo tránsito del idealismo al autoritarismo carece de una evolución convincente.

Rigola firma también la dirección de escena, trasladada a la actualidad y ambientada en una playa soleada, con escenografía y vestuario de Patricia Albizu, vídeo de Álvaro Luna e iluminación de Carlos Marquerie, que evoluciona hacia tonalidades cada vez más grises, rojizas y oscuras a medida que avanza la acción.

Lo más sólido de la ópera es la partitura de Coll, que alterna breves interludios orquestales de gran refinamiento con una escritura vocal que combina un recitativo tenso y variado con puntuales vetas líricas. En Madrid se mantuvo el reparto del estreno valenciano, aunque el conjunto sonó más asentado. Destacó de nuevo la soprano estadounidense Brenda Rae como Petra, con coloraturas de gran potencia y especial musicalidad en el arioso Amar es vida, placer y dolor. El barítono murciano José Antonio López encontró mayor calidez como Doctor, pese a la exigente escritura en el registro agudo.

El tenor granadino Moisés Marín se mostró más seguro como Alcalde y resolvió con solvencia una tesitura que alcanza el fa natural sobreagudo. También ofrecieron prestaciones más consistentes la mezzosoprano hispanobritánica Marta Fontanals-Simmons como Marta y el barítono aragonés Isaac Galán como Mario. El conjunto brilló, junto al Coro Titular del Teatro Real, en la escena de la asamblea ciudadana del segundo acto, resuelta con desbordante imaginación musical.

Los aplausos finales en el Real tuvieron un eco similar la víspera en la Fundación Juan March. Allí se presentó un programa monográfico de unos 90 minutos sin pausa, integrado por ocho composiciones escritas entre 2014 y 2025. El itinerario se inició con el estreno absoluto de Sefarad, interpretado por el guitarrista sueco Jacob Kellermann, que subrayó el intimismo expresivo, la tensión flamenca y el perfume oriental de la obra. La partitura incluye cambios de afinación (scordatura) y, en la última sección titulada Hija, el uso de un slide o dedal en el cuarto dedo, que introduce sutiles deslizamientos o glissandi.

Prosiguió Cuatro miniaturas ibéricas para violín y piano, donde el violinista ucraniano Roman Kholmatov —concertino asociado de la Orquesta de la Comunidad Valenciana— exploró el componente grotesco y racial de una escritura que deforma lo español sin hacerlo irreconocible. Kholmatov destacó también en solitario en Hyperlude IV, donde la inspiración bachiana se transforma a través de la hipermodernidad de Gilles Lipovetsky. El trasfondo filosófico reaparece en Rizoma, diálogo sin jerarquías entre violín y violonchelo, compartido con la violonchelista catalana Sara Chordà.

El pianista valenciano Hilario Segovia asumió las piezas para teclado, además de su participación en Cuatro miniaturas ibéricas. Sobresalió en Madre, evocación sonora del cuadro homónimo de Joaquín Sorolla, escrita en 2022 dentro de una serie dedicada a pintores españoles, a la que también pertenece Ball de Carn, homenaje a Miquel Barceló. Segovia inició su intervención como solista con Tres piezas basadas en “Turia” (2020), donde el antiguo cauce del río valenciano se convierte en paisaje sonoro con jardines, fuentes y hasta un teatro de ópera.

El cierre correspondió al Cuarteto de cuerda “Códices” (2022), interpretado por 4Sonora. La obra alterna lo folclórico y lo místico: se abre con un movimiento inspirado en un tango ucraniano e incluye otro que evoca el quejío del cante jondo. Destacan especialmente los dos movimientos titulados Canto y, sobre todo, el último.

Este arranca con el acorde final de los Cinco movimientos para cuarteto de cuerda, op. 5, de Anton Webern, transformado en un coral expresivo que desemboca en una melodía ugarítica datada hacia 1400 a. C., considerada la más antigua anotada por la humanidad. La música se diluye progresivamente en el silencio mientras el violonchelo destensa su cuarta cuerda y golpea el cordal sin sonido audible. Un final de extrema tensión concentrada que resume, con elocuencia, el impacto físico y emocional que provoca su música.

Enemigo del pueblo

Música de Francisco Coll. Libreto de Àlex Rigola, basado en En folkefiende (1882) de Henrik Ibsen.

José Antonio López, barítono (Doctor); Moisés Marín, tenor (Alcalde); Brenda Rae, soprano (Petra); Isaac Galán, barítono (Mario); Marta Fontanals-Simmons, mezzosoprano (Marta); Juan Goberna, actor (Morten).

Coro y Orquesta Titulares del Teatro Real.

Director del coro: José Luis Basso.

Dirección musical: Christian Karlsen.

Dirección de escena: Àlex Rigola.

Teatro Real, 12 de febrero. Hasta el 18 de enero.

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Aula de (Re)estrenos 131: Carta blanca a Francisco Coll

Obras de Francisco Coll.

Jacob Kellermann, guitarra; Roman Kholmatov, violín; Sara Chordà, violonchelo; Hilario Segovia, piano; 4Sonora, cuarteto de cuerda.

Fundación Juan March, 11 de noviembre.


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