La eterna crisis del CNIO: cinco lustros de ciencia puntera y un puñado de escándalos
Los científicos del mayor organismo de investigación del cáncer de España intentan pasar página abrumados por los indicios de contratos amañados y corrupción
Puede parecer una anécdota, y tal vez lo sea, pero estos días el hecho se interpreta como un símbolo de los tiempos que corren en el mayor centro de investigación del cáncer del país: la copa de Navidad se ha cancelado. “Y alguna gente se ha quejado, porque había ganas de celebrar”, asegura una investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). El organismo afronta la peor crisis de su historia con una investigación abierta por la Fiscalía Anticorrupción por supuestos contra...
Puede parecer una anécdota, y tal vez lo sea, pero estos días el hecho se interpreta como un símbolo de los tiempos que corren en el mayor centro de investigación del cáncer del país: la copa de Navidad se ha cancelado. “Y alguna gente se ha quejado, porque había ganas de celebrar”, asegura una investigadora del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO). El organismo afronta la peor crisis de su historia con una investigación abierta por la Fiscalía Anticorrupción por supuestos contratos amañados, inflados y otorgados a empresas amigas por sumas millonarias. Las ganas de celebrar vendrían porque por fin se ha señalado a los presuntos responsables de esa trama, y ahora se trata de empezar una nueva etapa.
“Nadie ha tenido la valentía hasta hoy de poner financiación sobre la mesa”, decía en 1998 el bioquímico Mariano Barbacid, recién regresado de Estados Unidos para hacerse cargo de la dirección del CNIO, durante el Gobierno de José María Aznar. En ese momento no tenía ni edificio, y le acompañaban solo 10 trabajadores, pero existía la promesa de dotarlo con una financiación sin precedentes y, lo que era mucho más importante, una gran flexibilidad para contratar, despedir y operar que no tenían otros centros de investigación más vetustos, como el CSIC.
El centro fue inaugurado oficialmente en 2003 y, para entonces, ya estaba sumido en su primer gran conflicto. Uno de sus mejores fichajes internacionales decidió renunciar a su nuevo cargo en el centro —siguiendo el camino de otros dos vicedirectores—, por desavenencias con Barbacid, al que acusaba de “abusos de autoridad”, “arbitrariedad” y falta de evaluación externa por científicos internacionales. “Es cierto que tengo una personalidad fuerte, y este centro ha habido que hacerlo desde cero, incluidos su modelo de gestión y su política de contratación. En otros institutos científicos, los directores van rotando por turnos porque nadie quiere ocupar ese cargo. El CNIO es distinto: aquí mando yo”, declaró Barbacid, según informó EL PAÍS.
Desde entonces, la institución ha estado siempre en el punto de mira, reconoce una actual jefa científica que pide figurar sin nombre por miedo a represalias como la mayoría de las personas consultadas para esta información: “Éramos la envidia por haber montado algo novedoso, más dinámico que la investigación pública convencional; nos llamaban ‘los listos’”. “Ahora la sensación es la de estar hartos, el ambiente es de absoluto bajón y preocupación por lo que pueda pasar”, resume.
Barbacid dimitió como director en 2009, pero ejerció de manera interina hasta que fue sustituido en 2011. Entonces, para sorpresa de muchos, el Ministerio de Ciencia dirigido por Cristina Garmendia, ya con el Gobierno socialista de Zapatero, seleccionó como nueva directora a la bióloga alicantina María Blasco. Para entonces era la única que quedaba ya en la lista de cuatro favoritos. El resto habían huido.
En ese momento, el CNIO tiene ya las dimensiones actuales, con un presupuesto de más de 40 millones de euros y unos 200 trabajadores centrados tanto en la investigación básica de las causas del cáncer como en el desarrollo de nuevas moléculas para tratarlo en colaboración con varios hospitales. Pero lo que Blasco encuentra también son problemas financieros y presupuestarios heredados de la etapa anterior, que el nuevo Gobierno de Mariano Rajoy intenta solventar.
Pero las cosas no mejoran en los años siguientes: decenas de despidos por la crisis económica, y la marcha de algunos de sus investigadores más destacados, que a veces se van con becas millonarias por supuestas desavenencias con su directora. La legendaria flexibilidad de la entidad se convierte en parálisis: los científicos de élite no pueden comprar ni sillas, en principio por las trabas burocráticas, pero también por el enfrentamiento irreconciliable de su directora científica, María Blasco, y su director gerente, Juan Arroyo, que ni siquiera hablan entre ellos. En estos años el personal del centro queda cada vez más atrapado por el miedo a la directora —con el poder de aupar o hundir carreras— hasta el punto de que nadie tiene el valor de criticarla públicamente. El CNIO ya es más famoso por los científicos fuera de serie que van espantados que por los que llegan.
“Si me llego a ir al CNIO, me corto las venas”, reconoce un veterano investigador, que estuvo a punto de desembarcar en el organismo. “Me da mucha pena la situación actual. El CNIO se ha ido yendo para abajo, cada vez con una plantilla más local, y al final da una mala imagen a todos los centros de investigación del país”, añade.
En realidad es casi heroico que este organismo haya conseguido mantenerse como el mejor de España y uno de los mejores de Europa en su campo, según los datos que maneja el Ministerio de Ciencia. Si lo ha hecho ha sido por el trabajo de sus investigadores, que ahora quieren defender su honorabilidad. De sus laboratorios han salido investigaciones de calado como duplicar la esperanza de vida de animales envejecidos, el mayor mapa para entender las el lenguaje genético de los tumores más agresivos, o la producción de anticuerpos relacionados con el premio Nobel de Medicina de este año que reportan cuantiosas ganancias al centro, sin que los científicos responsables se lleven ni un euro de comisión.
“A nosotros nos fiscalizan cada céntimo que gastamos”, explica un jefe del CNIO. “Lo que no controlábamos eran los gastos de mantenimiento, luz, agua; y a saber lo que se ha hecho con eso. Es una decepción estar haciendo bien tu trabajo y que ahora salga todo esto. No nos caben más chanchullos”, lamenta.
Otro destacado investigador añade: “Los tejemanejes desde gerencia eran un runrún conocido desde hace años”. “Pero todo era de oídas. Dicho esto, dudo que haya ningún sorprendido por las noticias”, añade. Aunque altos cargos del Ministerio de Ciencia de los Gobiernos de Pedro Sánchez fueron alertados de supuestas irregularidades, nunca llegaron a tomar medidas drásticas, hasta este año.
Este martes, durante una reunión más larga de lo habitual, los patronos del CNIO, máximo órgano rector del centro cuya presidenta es la directora general de Investigación, Eva Ortega Paíno, acordaron por unanimidad una decisión sin precedentes: reorganizar la cúpula directiva para eliminar tres altos cargos: el de Juan Arroyo y el de dos personas muy cercanas a él.
Una denuncia ante la Fiscalía Anticorrupción presentada en junio, pero conocida en los últimos días, interpuesta por un exdirectivo despedido del CNIO con un expediente disciplinario, destapa una presunta red de contratos amañados que pudo sustraer unos 20 millones de euros durante 10 años a las arcas del centro. El denunciante anónimo definió la supuesta trama como “una organización mafiosa” en declaraciones a EL PAÍS. El nuevo director gerente, que asumió su cargo en septiembre y ha estado analizando las cuentas con lupa, entregó su propio informe en Fiscalía la semana pasada. El ministerio público acaba de confirmar que ha abierto investigaciones sobre este caso de supuesta corrupción.
Los primeros indicios de presuntos contratos irregulares afloraron en 2018, cuando una investigadora del centro, Ana Isabel Hernández, inició un análisis de los contratos, según ella buscando fondos para evitar los despidos de científicos que se cernían sobre el centro. Hernández explica que vio cosas irregulares, asegura que lo denunció al Ministerio de Ciencia, entonces comandado por el astronauta Pedro Duque, y a todos los partidos políticos. Solo le hizo caso el partido ultra Vox, sostiene, que puso una querella criminal en 2020 contra Juan Arroyo por presunta prevaricación. En 2024 se archivó el caso de forma provisional por falta de pruebas. Algunas de las empresas señaladas son las mismas que constan en la nueva denuncia.
Hernández fue presidenta del comité de empresa del CNIO por el sindicato CSIF. Este órgano laboral también está dividido en dos facciones afines a la exdirectora y al exgerente. Uno de los sindicalistas adversarios de Hernández desmiente cualquier irregularidad y lamenta que, al contrario de lo que pasó con el denunciante despedido con un expediente disciplinario y otra compañera, nadie ha defendido la presunción de inocencia de Arroyo y sus adláteres.
Por primera vez en su historia, el futuro del CNIO está marcado no por sus fichajes estrella, por su presupuesto o por las investigaciones que salen de sus unidades científicas, sino de lo que pueda esclarecer la Fiscalía Anticorrupción en un proceso que puede ser largo, pues habría que demostrar que los presuntos malversadores se llevaron mordidas. Además, el próximo año se dirimirán dos juicios por despido improcedente, el del denunciante y el de su compañera, que podrían ser readmitidos. Y esta crisis llega menos de un año después que la anterior: en la que el patronato destituyó a la directora científica María Blasco, sobre la que pesaban acusaciones de acoso laboral, y a Arroyo como gerente, como adelantó EL PAÍS.
El miércoles, buena parte de la plantilla del CNIO se concentró en la entrada, unidos por un manifiesto promovido por los jefes de investigación bajo el escueto lema “Por la ciencia”. Allí estaba Ana Isabel Hernández. También María Blasco, a quien achacan que en los años previos a su destitución estuvo más interesada en promocionar programas de arte dentro del CNIO que en resolver las importantes carencias tecnológicas del centro. Y también estaban muchos otros trabajadores que mostraban su apoyo a la nueva dirección, encarnada por el nuevo director gerente, José Manuel Bernabé, que por ahora no habla con la prensa. “Trabaja todos los días, es muy prudente, habla inglés, y baja a los laboratorios, que es algo que nunca le vimos al anterior gerente ni a la directora”, dice uno de los jefes científicos del CNIO. “Estamos mejor que hace un año porque ahora hay esperanza”, añade.